Ese Kaos necesario

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Hubo en nuestro viejo Leedor dos notas que fueron de las más leídas seguramente. Pertenecían a esta sección y eran las que dedicamos a las dos temporadas de Kaos en la ciudad. Una de ellas se llamaba: “Cómo ser cool y desprejuiciado sin morir en el intento”. Un título que jugaba con ciertas palabras y que hoy resulta un poco macabro.Releer hoy las dos notas que le dedicamos en el viejo Leedor a ese programa diferente que era Kaos en la ciudad, y que se convirtió en una necesidad de los argentinos resulta ser un perfecto registro de la estética que se llevó a uno de los conductores periodistas emblemáticos de la TV argentina. Decíamos aquella vez que habrá que ver “si el caos le gana a Castro o Castro logra dominar el Kaos que el mismo ideó”. El final ya lo sabemos.

Acá están nuestras notas:

Temporada 1

COMO SER COOL Y DESPREJUICIADO SIN MORIR EN EL INTENTO

Por Juan Dimilta

Kaos en la ciudad
Conducido por Juan Castro
Con la colaboración de Ronnie Arias, Carla Czudnowsky, Martín Jáuregui y Martín Ciccioli.
Jueves a las 23 por Canal 13

Después de probar suerte como anfitrión de la versión vernácula de La isla de la tentación, aquí bautizada Confianza ciega, Juan Castro vuelve con Kaos en la ciudad a lo que mejor sabe hacer: periodismo moderno, irónico, al ritmo de la edición más exaltada, que ya le rindió sus frutos con los tres años de Zoo y en menor medida con Unidos y dominados. Castro se mudó de canal (de América a Canal 13) pero no de tónica, mordaz y cool, aunque en este caso quizá un poco más frívolo y con más humor que en los ciclos anteriores.

Kaos en la ciudad tiene influencias directas de CQC y El rayo (que ya comienzan a convertirse en una bisagra de la televisión nacional). Esto es: edición vertiginosa que se nota en las entrevistas de no más de diez preguntas y no más de cinco respuestas lúcidas, cero en profundización, diez en velocidad e impacto instantáneo, a cargo de Carla Czudnowsky y por la que pasaron Alfredo Casero y Mario Pergolini en las dos primeras entregas y noteros punzantes y osados (algo que también se va banalizando) función que cumple Martín Ciccioli encargado de los temas políticos.

El programa de Castro que cuenta además con las colaboraciones de Martín Jáuregui y Ronnie Arias, se encuentra actualmente en una especie de tormenta de secciones como testeando que es lo que, dependiendo de la mayor o menor aceptación, pasará a mejor vida o se convertirá en sección fija. Con está política hubo de todo y para todos los gustos: notas centrales con un estilo Telenoche Investiga fashion (sección que Castro protagoniza en exteriores) y que con el título de “Cuando cae la noche” se adentró en la primera entrega en la noche porteña con travestis (detención policíaca incluida), los taxy boys y la demás fauna sexual rica en historias y en la segunda, en las villas para ver como llegaron allí nuevos excluidos del sistema y como los jóvenes se preparan para salir a robar como única alternativa. A este eje se le sumó una especie de casting trucho (a cargo de Arias) que se burló de patéticos aspirantes a bailanteros y más tarde de madres desaforadas por ver a sus pequeños en televisión; informes históricos-farándulesco en los que Jáuregui se ocupó de contar por que Belgrano tenía la voz finita y se ganó el mote de “el bomberito de la patria” o el truculento periplo del cadáver de Eva Perón; incursiones en curiosidades sexuales como citas vía chat, intercambio de parejas y el mercado de las películas pornográficas en la argentina y muchas pero muchas cosas más.

Kaos, por el momento, tiene algunos buenos momentos periodísticos (algo que en Castro no es nada nuevo) pero en el intento de abarcar mucho todavía hace honor a su título. Con el criterio de querer meter todo en un programa de cuarenta minutos se dejan poco explotadas notas a las que podían sacárseles más jugo y forman parte de la grilla algunas secciones innecesarias por anacrónicas como las que hablaron del cacerolazo o de los años de la fiesta menemista; otras poco efectivas como las pequeñas producciones de humor (las neuronas de Saá y el traje contra escarches) y otras imposibles de remozar como “Lo dijo sin ponerse colorado” que es la décima versión de “pasando revista”. Otro punto negativo se da cuando alguno de los integrantes llevado por la velocidad se pone a opinar de cualquier temática cayendo en conclusiones peligrosas como el “hay que agarrar a los jubilados, meterle bomba, meterlos adentro de los bancos y que explote todo a la mierda” del verborrágico Ronnie Arias. Además Castro a su afán de modernidad le suma una imperiosa necesidad de mostrarse desprejuiciado, incurriendo en la repetición de la temática sexual-fetichista (algo que I Sat hace bastante mejor). Estos factores dan como resultado un producto final con aciertos y errores pero ante todo aún en un evidente momento de organización. Habrá que ver con el paso de los programas (si es que no son sólo cuatro especiales como se barajó en un principio) si el caos le gana a Castro o Castro logra dominar el Kaos que el mismo ideó.

Publicado el 4-04-2002

Temporada 2

Kaos en la ciudad: cada día mejor

Por Alejandra Portela

Kaos en la ciudad
Conducido por Juan Castro
Con la colaboración de Ronnie Arias, Carla Czudnowsky, María Julia Olivan
Jueves a las 23 por Canal 13

¿Hubo alguna vez un caos mayor que el que dominó la Argentina entre diciembre del 2001 y fines del 2002?. Todos coinciden que no. Seguimos sobreviviendo a ese desbarajuste. Un programa de Tv hizo que ese caos, fuera por lo menos, digerible. De producto fashion y cool, como decía Dimilta hace un año cuando en Leedor Kaos en la ciudad se convirtió en un ejercicio necesario en esta Argentina devaluada desde tantos costados. El informe central, una de las secciones que se mantienen, es modelo de trabajo periodístico documental: en ella la interactividad entre Juan Castro y el objeto a mostrar es imprescindible. Dolorosas existencias de una ciudad que en los últimos meses fue ampliándose al país y que las cámaras muestran con todos los pellejos al aire. La realidad es un lugar de denuncia, sin extrañezas estéticas o virtuosistas: las cárceles, la prostitución por dos pesos, el feudalismo sexual, la marginalidad, las luchas sociales, la desnutrición, la inundación. Kaos eligió que esa realidad acusatoria por sí misma fagocitara la frivolidad que prometían aquellos lejanos primeros programas. Y está bien. Hubo un tiempo para El rayo, y ya pasó. La Argentina aumentó de volumen a los golpes, estuvo al borde del abismo, y la Tv, como nosotros, tuvimos que comprometernos con algo.

La brisa para tanta compulsión la trae Ronnie Arias, el primer cronista explícitamente gay de la TV argentina. Cada vez más asentado, mostrando que también en ese caos, está la risa, la parodia, el chiste, y la tolerancia. Lo mejor: las postales fotográficas con la motosierra de los que cortan árboles en la ciudad de Buenos Aires, las instantáneas en la peluquería, pero también su sensibilidad en el viaje al Tren de las nubes. Arias siempre provoca una sonrisa. Y eso, también está bien. María Julia Olivan cubre el espacio de cobertura estrictamente periodística que dejó vacante Martín Ciccioli y Carla Czudnowsky toca los temas sexualmente calientes del programa.

Lo que fue dejado de lado con el correr de los programas fue la sección histórica que tenía a cargo Martín Jáuregui y que aportaba un costado en blanco y negro, buena oportunidad para acercar temas relegados a un público fundamentalmente joven.
Probablemente haya un motivo para no tenerla, pero lo que le anda faltando a Kaos por estos tiempos es una página de internet que pueda complementar y facilitar la comunicación con un público que lo sigue a rajatabla.

En la nota anterior de Leedor Dimilta cerraba: “Habrá que ver con el paso de los programas, si el caos le gana a Castro, o Castro logra dominar el Kaos que el mismo ideó.” Durante este año y medio pasó claramente lo segundo y Kaos en la ciudad es seguramente el producto más cerrado, maduro e inteligente de un periodista de última generación.

Publicado el 25-7-2003

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