Caiga quien Caiga

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Era un 14 de abril de 1995, el reloj marcaba las 22.00 horas en la Argentina, la pantalla estaba sintonizada en América 2, el clima era una mezcla rara de reelección menemista y efecto Tequila (algo que nos parecía lejano, extraño), los políticos se habían quedado sin ideas (una vez más) y la única que les quedaba era vender una imagen, sobreexponerse Por Juan José Dimilta

Caiga quien caiga
Jueves a las 23 por Canal 13
Conducido por Mario Pergolini, Eduardo de la Puente y Juan Di Natale.

Era un 14 de abril de 1995, el reloj marcaba las 22.00 horas en la Argentina, la pantalla estaba sintonizada en América 2, el clima era una mezcla rara de reelección menemista y efecto Tequila (algo que nos parecía lejano, extraño), los políticos se habían quedado sin ideas (una vez más) y la única que les quedaba era vender una imagen, sobreexponerse aún a costa del ridículo, después de todo al que ocupaba el (castigado) sillón de Rivadavia le había ido bien con eso del carisma. El comienzo de una larga penuria económica ya apremiaba a los canales de televisión, comenzaron a surgir las productoras independientes: Poliladron germen de Pol-Ka fue una de las puntas de lanza, la otra pata se asomaba como un informativo ácido, con humor inteligente con dignos seis puntos de rating y se llamaba Caiga Quien Caiga.

Veinte de diciembre de 2000, 22.00 horas, Teatro Opera, Argentina. El programa de Mario Pergolini, Juan Di Natale y Eduardo de La Puente, daba fin a un ciclo de seis exitosas temporadas con un envío grabado en vivo en una sala colmada. Era hora de retirarse, terminaba una era política, Carlos Menem después de más de diez años de pizza con champán daba lugar a una propuesta de perfil más bajo, que prometía combatir la corrupción, que prometía discreción, que prometía. Ya no había mucho motivo para hablar del show político.

CQC había llegado a donde ningún programa televisivo: La productora Cuatro Cabezas se había posicionado como la más prometedora del mercado, había logrado éxitos paralelos como El rayo, comenzaba a ganar terreno en la producción de cine, en el mercado informático. Como programa en sí mismo, había transformado la forma de hacer televisión: después de Guebel la edición no sería la misma, después de Andy los noteros no serían lo mismo. Dos premio Martín Fierro en el rubro Mejor Periodístico, una nominación al Premio Grammy, la venta de su formato a Estados Unidos, Inglaterra, España, Israel y sigue la lista. Ya había pasado un histórico reportaje a Fidel Castro, Andy Kusnetzoff había hecho estragos en la entrega de los Premios Oscar, una agresión brutal al notero Daniel Tognetti en una marcha Justicialista era parte del pasado, los políticos le había tomado la mano y el gustito a esto de hacerse los payasos en cámara. Era hora de retirarse y así, sabiamente lo hicieron Pergolini y compañía.

Diciembre de 2002, Argentina, cacerolazos, muertos, represión, furia, saqueos. La promesa de discreción y seriedad salía huyendo en un helicóptero. Pocos días después volvía CQC. Sólo para un par de especiales de Canal 13 y después de analizar una y otra vez la magnitud del momento con amagues de cancelación incluidos. El adelanto de una vuelta que ya se veía venir tuvo lugar en un Teatro Gran Rex colmado. La forma elegida fue una especie de CQC del futuro con el trío de conductores arrugados por el paso de los años.

Finalmente el esperado regreso tuvo lugar el pasado lunes 8 de abril de 2002 por la pantalla de Canal 13. Debían volver y muchos eran los motivos. En el interludio sin CQC cada uno de los integrantes del exitoso programa había probado suerte por separado y en la mayoría de los casos con magros resultados: Juan Di Natale intentó una especie de road-movie/reportaje con Trip, salieron algunas entrevistas jugosas pero nada más; Andy Kusnetzoff buscó su lugar los lunes a la noche con una magazine bautizado Maldito Lunes, tampoco anduvo, después paseó su figura por El bar, digno reality show que tuvo éxito en medio de la fiebre de realitys pero no mucho más; Daniel Tognetti fue quizá quién mejor encontró su espacio con el periodístico Punto Doc/2; Pergolini ni se asomó a la tv; Eduardo de la Puente se probó como conductor de un programa de preguntas y respuestas llamado Codicia y no lo hizo mal pero un cambio de nombre y de horario de emisión atentó contra el producto y Nacho Goano pasó con pena y sin gloría con un efímero producto deportivo llamado Palo y Palo. En fin, si querían probar el éxito televisivo nuevamente, tenían que volver a juntarse. La otra causal de la vuelta era más del tipo afectivo, se los necesitaba, la fiesta política seguía igual o peor que antes y el programa que la periodista Claudia Acuña de la revista Rolling Stone definió magistralmente como “el Sucesos Argentinos de la década del noventa” debía estar presente.

La vuelta no trajo mayores novedades. La presentación, con los tres protagonistas azotados por la crisis económica, con la participación de Enrique Pinti y Julio Bocca y una espléndida Silvia Suller con la banda presidencial, más persecuciones a lo Contacto en Francia (chivo automotor mediante) mostró una vez más la cuidada calidad del producto de Cuatro Cabezas. La renovación se vio por el lado de los noteros: se incorporó al staff Guillermo López que se ocupó de hacer pisar el palito a los políticos en un falso programa de cable bautizado Imagen y política y Clemente Cancela que se encargó de atosigar a Shuberoff en su salida de la UBA. En exteriores se vio además a Diego Della Sala en el River- San Lorenzo, a Gonzalo Rodríguez (con el que intentan cubrir el lugar farandulero y franelero que dejó vacante Kusnetzoff) en la grabación de 099 Central y a Daniel Malnatti como el notero estrella que jugó a colarse en el Congreso. En estudios la fórmula es la misma: Pergolini, Di Natale, De la Puente y Goano, comentarios sobre cables extraños, los cinco mejores momentos de la semana en televisión y las notas con efectos especiales de piñas, cornetitas y rayos. Prometen sí para la próxima semana una sección titulada Cucarachas que apenas dejó ver una bonitas animaciones computadas de los insectos paseándose por la Casa Rosada. El ambiente que los recibe es otro, de políticos medidos, temerosos. La idea es la misma, pero a esta altura lo importante es que estén de vuelta.

Nota publicada el 12-04-02