Cerca del paraíso

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Raúl Manrupe dirigió en el Teatro Colón la puesta del concierto que Jazz Ensemble dio a beneficio de la Secretaría de Educación, y nos cuenta su experiencia.Por Raúl Manrupe

“El maestro Benito Kuschevatzky tuvo la idea. Se trataba de repetir el éxito de los dos conciertos que en 2003 Jazz Ensemble dio en el Teatro Colón, con el título “Algo para recordar”.
En esta edición la propuesta fue recrear Una historia del jazz Contemporáneo, poniendo foco en las luces y las sombras del jazz en cuanto a fenómeno cultural y social.
Axel Kuschevatzky, uno de los hijos de Benito, me convocó.
El había producido y conducido la edición 2003 y al no poder hacerse cargo este año, me honró con la distinción de hacerme cargo del evento que combinar música y solidaridad. Axel me pasó la posta con un punto de partida: el hilo conductor sería una evocación de loa años 50 en la radio.
El primer punto, que terminó siendo determinanate a la hora de plantear el espectáculo fue congeniar las tres partes que lo integrarían: música, actuación en vivo y material a proyectar.
Desde un principio decidimos que tanto el libreto a leer por los locutores/actores (Susana Mammola y Sergio Di Tullio) como los siete cortometrajes que produciríamos especialmente, deberían reflejar ese espíritu evocactivo, a la vez de transmitir una idea acerca de lo que el jazz significó y significa, desde un punto de vista actual.
Un tema insoslayable lo fue el hecho de que el Colón se encontraba en plena preparación de la temporada 2004 lo que de antemano supuso una serie de condicionamientos -o mejor dicho condiciones- a las que hubo que adaptar la preparación y ensayo del evento: por obras no se podría actuar con el telón levantado, ni tampoco disponer del lugar con anticipación para coordinar las acciones de la Orquesta, la proyección del material filmado y la ubicación de los atriles para los locutores. Esto implicó manejarse con un diseño de la producción basado más en lo táctico que en lo estratégico; esto es, abierto y sensible a posibles cambios y contramarchas. De esta manera, con mi socio y encargado de producción Paki Montes intentamos encarar el espectáculo de una forma modular: la música, los videos y la participación de los actores deberían guardar la menor sincronicidad posible en sus respectivas entradas: hacerlo de la manera contraria hubiera equivalido a una trampa complicada, de difícil camino sin retorno. Como contrapartida, sí nos preocupamos por hacer que esa “independencia de las partes” fuera lo menos traumática posible, sin que afectara al resultado final. Así, los actores participaron como oyentes en los ensayos del Jazz Ensemble y el Coral de la Luz, un acierto que les permitió familiarizarse con el entorno, los temas y la cantidad de gente con la que compartirían el escenario. Con una marcación especial, se los entrenó especialmente para manejarse por separado, en una “caja de vidrio” que les permitiera sobrevivir aún si su ubicación frente al público cambiara de un lateral (como se planteó y como finalmente fue) al centro o incluso en la situación crítica de que el espectáculo se desarrollara en un sitio totalmente diferente al Colón. Para la redacción del libreto se rescataron o recrearon antiguos comerciales radiales que sumaron humor al texto didáctico y con guiños para quienes vivieron esa época o conocedores del tema.
Para la producción de los cortometrajes fue vital el conocimiento del repertorio que la Orquesta interpretó, y el concepto que el maestro Kuschevatzky planteó, guardando un estilo informativo. A tales efectos, se estuvo en contacto permanente con Los Angeles, con el autor de los arreglos Erik Kuschevatzky.
Cada corto, de una duración entre dos y tres minutos se planteó con un estilo propio y se realizaron mudos, para funcionar como complemento del texto leído por los actores más la presencia de un fondo musical en vivo a cargo de piano, bajo y batería.
En lo visual, cada segmento tuvo su identidad. Así, se combinaron carteles de clubes de jazz de EE.U.U. y Argentina con tomas color de neones porteños de los años 40 y 50. Para mostrar cómo se vestía la gente que escuchaba jazz, se hizo una edición combinando fragmentos de películas como Si muero antes de despertar o Bésame mortalmente. Las mujeres del jazz tuvieron su homenaje en un defile circular permanente por íconos de la ilustración porteña como Divito o Raúl Manteola para terminar en retratos de las grandes cantantes. El segmento referido a los niños, mostró un recorrido por una gran mesa poblada de objetos referidos a la niñez de todas las epocas: juguetes, útiles, cuadernos, lapiceras, fotos…dándole una imagen afin a la Secretaría de Educación.
O una recorrida por fotos de grandes maestros de la fotografía como Sebastiao Salgado o Wee Gee nos permitió marcar un drámatico contraste entre luces y sombras.
De los siete cortos, Paki Montes dirigió dos quedando a cargo de Andrés Schmisser el de los títulos de presentación. La gente de Materia Gris se encargó de la postproducción y la edición. El vestuario de los actores, así como los peinados y el maquillaje fue tratado con precisión en sus recreación, utilizándose vestido y traje de época, así como los zapatos y la bijouterie. Para el maquillaje y los peinados se utilizaron referencias originales de época, como revistas Vogue de 1950 y fotos de Blumenfeld. La búsqueda de material gráfico, el scanneo de cientos de imágenes fue una tarea de paciencia y dedicación invalorable, como la asistencia de Silvana Velasco.
Dos días antes del concierto del 19 de febrero, todos los involucrados no teníamos dudas en que por separado contábamos con un buen material. La orquesta, las actuaciones, los videos.

Ya por entonces las entradas estaban agotadas y la ansiedad crecía. A las seis de la tarde de ese jueves (el concierto comenzó a las ocho) las casi cincuenta personas que entre músicos, coro, actores y director tomaron contacto con el escenario por primera vez todos juntos, mientras se montaba la pantalla de cinco metros por tres y se instalaba la cabina de proyección. A las siete y media se dió sala. A las ocho comenzó el concierto. A las nueve y cuarto, la gente aplaudía de pie. Desde la cabina se veía el paraíso lleno de gente. En ese vértigo doy fe que, como todos con quienes encaramos esta aventura, me sentí cerca de ese cielo. Días después, charlando con el maestro Kuschevatzky ya imaginábamos cómo aprovechar esa experiencia y volver a intentarlo .”

Referencia Imágenes.

Foto 1: Susana Mámmola y Sergio Di Tullio “en el aire”.

Foto 2: Fotograma del corto “Luz y sombra” (dir: Paki Montes).

Foto 3: El maestro Benito Kuschevatzky en el Colón quince días antes
del concierto.

Publicado el 11-4-2004

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