Productividad cultural

0
10

La reproducción en serie de los productos de la creación artística, su resguardo y conservación, difusión, distribución, comercialización y consumo, son distintos aspectos de un sector de la producción nacional cuyo análisis resta incompleto, tanto desde el punto de vista económico como desde la perspectiva de sus implicancias sociales.Industrias culturales: el desafío es la productividad
por Hector Schargorodsky*

Es muy probable que, de persistir, esta carencia informativa conduzca en definitiva a desaprovechar oportunidades para mejorar la calidad de vida de la población. Estudios realizados en otros países demuestran que las llamadas industrias culturales son fuertemente generadoras de empleo calificado (en la mayoría de los emprendimientos resulta difícil, y a veces es directamente desaconsejable, reemplazar el trabajo humano por capital o tecnología) y de movimiento económico a través del consumo masivo de sus productos o servicios. Por otra parte, esos estudios muestran que las industrias culturales juegan un rol insoslayable en la construcción de la identidad social pues contribuyen directamente a fortalecer y afianzar el sentido de pertenencia a una comunidad determinada. La denominación industrias de contenido distingue justamente por esta razón a este sector de todos los demás sectores productivos.

Desde el Estado, la falta de políticas específicas para desarrollar las industrias culturales es histórica. En ningún momento el sector cultural, para tomar el concepto en su mayor extensión, fue tema de la agenda del gobierno. La mayor parte de las plataformas de los partidos políticos incluyen algunos párrafos sobre “la cultura”, pero sus definiciones no superan la exteriorización de buenas intenciones generales con las que resulta imposible estar en desacuerdo. Ubicándonos en un plano mucho más concreto, observar los presupuestos para la cultura aprobados por el Congreso (en general sin diferencias con lo propuesto por el Ejecutivo) y el destino que se da a esos fondos a lo largo de cada ejercicio, revela más una inercia orientada a repetir lo hecho en años anteriores que la puesta en marcha de una estrategia o plan dirigido a desarrollar nuevas posibilidades sectoriales. En cuanto al subsector de las industrias culturales, este no es reconocido como tal , ni por parte del Estado, ni por el sector privado. Con excepción de algunos estudiosos que bregan desde hace años por llamar la atención de empresas y gobiernos sobre su gran potencial de desarrollo, no hay una percepción de las industrias culturales como un sector productivo único, que posee características que lo singularizan y que necesita por ende de políticas específicas para desarrollar todo su potencial .

Desde la recuperación de la democracia en 1983 los sucesivos gobiernos han tenido, y tienen todavía, una percepción apenas tangencial sobre el aporte al desarrollo de la sociedad que puede surgir a partir de la sinergia industrias culturales-medios de comunicación-turismo, y desconocen o, en el mejor de los casos, no han sabido encontrar aún, la manera de traducir en acciones políticas las experiencias de otras regiones, que han dado lugar a los muy completos análisis que existen sobre este tema.

En cuanto a la organización de la actividad privada, en lo que a la creación artística se refiere, su resultado ha sido la constitución de un star system en el cual unos pocos creadores que “llegan”, a partir de su validación imprescindible por los medios de comunicación, son muy bien retribuídos económicamente mientras dura su situación en la cima de la pirámide, lo que en la mayoría de los casos es bastante breve, pues la propia dinámica del sistema requiere constantemente del surgimiento de una constelación de nuevas estrellas que opacan, o directamente hacen desaparecer a las anteriores. Carecemos de una “clase media” compuesta por profesionales preparados que conozcan su oficio (¿arte?) en profundidad y puedan vivir dignamente de su ejercicio. Ellos deberían constituir la masa crítica a partir de la cual crezcan y lleguen a destacarse las nuevas generaciones de talentos.

El sistema de organización actual produce la pérdida de una importante cantidad de talentos, favorece la competencia por la supervivencia y no por la calidad, con lo que se obtiene finalmente un sistema profundamente ineficiente, sin hablar de lo injusto que resulta para aquellos cuya vocación se ve frustrada luego de años de dura lucha por la subsistencia. Esta situación es de por sí lamentable, pero lo es todavía más cuando consideramos que la presencia de gran cantidad de personas talentosas y creativas es justamente una característica distintiva de nuestra sociedad nacional.

En cuanto a las empresas productoras, distribuidoras y comercializadoras, el panorama es más alentador, destacándose la actividad de algunas ramas de la industria cultural sobre otras. En el campo audiovisual, por ejemplo, una nueva generación de empresarios percibió las posibilidades inexplotadas que existían, y despues de posicionarse firmemente en el mercado interno, ha comenzado a expandir sus actividades a otros países con resultados aparentemente muy positivos . Tambien existen experiencias exitosas a nivel de pequeñas y medianas empresas en la industria editorial y de la reproducción musical.

En las condiciones (suscintamente) aquí expuestas, aparece como evidente que si se quisiera poner realmente en acto el potencial existente en el sector de las industrias culturales, sería necesario producir un encuentro fundacional entre el sector público y el sector privado, para fijar objetivos comunes a alcanzar sobre la base de una fuerte colaboración mutua.

En mi opinión, si el resultado de este encuentro es la constitución de una política consensuada entre los principales actores públicos y privados, podría obtenerse como resultado a corto plazo un crecimiento de la economía real a través de la creación de nuevos puestos de trabajo directos (técnicos, productores, artistas, etc.) e indirectos (turismo, transporte, gastronomía) y, en términos sociales, un reforzamiento del sentido de pertenencia comunitaria y de la propia identidad social.

La condición necesaria para que este encuentro pueda producirse está en manos del gobierno nacional. Este debe asumir la trascendencia de las cuestiones en juego y, consecuentemente, tomar la iniciativa y avanzar hacia su resolución. A nivel individual e institucional, la gran mayoría de los actores involucrados son conscientes que se trata de abordar problemas complejos, que requerirán evidentemente soluciones complejas para resolverlos. Ellos saben que será necesario invertir tiempo, desarrollar nuevas capacidades de gestión e incluso aportar capital. Pero, sobre todo, saben que si no fuera posible lograr este encuentro, sus posibilidades de éxito se verán considerablemente disminuídas.

*Director del Observatorio Cultural (obscult@econ.uba.ar). El objetivo del Observatorio es brindar un espacio institucional para el análisis sistemático de las políticas culturales en la Argentina.

http://www.econ.uba.ar/www/institutos/observ-cultural/

Nota publicada el 15-3-2001