Macedonio II

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En el número inaugural de la revista Papeles de Buenos Aires en enero de, Lázaro Riet (seudónimo de Enrique Amorim), publica una crítica a la obra de Macedonio Fernández. La respuesta del escritor no tardó en aparecer, se llamó Solicitada (de Agradecimiento). Carlos Barbarito nos envía este recuerdo siempre bienvenido de la obra del gran Macedonio Fernández.Por Carlos Barbarito

Entre enero y mayo de 1945 circuló en Buenos Aires la revista Latitud. Dirigida por Jorge Thénon, Enrique Amorim, Leopoldo Hurtado, María Rosa Oliver, Antonio Berni, Norberto Frontini, Horacio Cóppola y Luis Falcini, fue una publicación mensual que, como muchas en la historia de la literatura argentina, tuvo una duración fugaz.

En el número inaugural, Lázaro Riet (seudónimo de Enrique Amorim), da a conocer una crítica a la obra de Macedonio Fernández. Lamentablemente no pude leer ese texto, sí logré tener acceso a la respuesta del escritor, publicada en Papeles de Buenos Aires, cuyos directores eran los propios hijos del autor de Museo de la novela de La Eterna, Jorge y Adolfo de Obieta, en el número 5.

Papeles de Buenos Aires se difundió desde la capital argentina entre setiembre de 1943 y mayo de 1945. Se publicaron cinco números. Entre sus colaboradores merecen citarse a Enrique Molina, Olga Orozco, Oliverio Girondo, Juan Carlos Paz, Luisa Sofovich y Witold Gombrowicz.

Solicitada (de Agradecimiento)

Macedonio Fernández
(En Papeles de Buenos Aires, Nro. 5, mayo de 1945)

A Lázaro Riet: Si mi carrera literaria fuera un éxito, la actitud de Ud. podría ser, o no, envidia. Como fracasos no se envidian, seguro estoy de la sinceridad de su juicio. Pero, tan, tan justo no es. Tan, tan mal no escribo.

Quizá no le guste saber que Ud. me ayuda; siempre he creído que la simple “mención de autor” beneficia a éste, igual con adjetivaciones adversas que con aprobaciones. Los dos estamos en lo mismo: en cobrar existencia. Yo paso todo el invierno en quitarme el frío. Y todo el año en quitarme la inexistencia. A ello Ud. me ayudó; no tanto como para hacerme resucitar, como hicieron conmigo tantas veces Scalabrini Ortiz, Borges, Hidalgo, González Lanuza, Soto, Bernárdez, González Carbalho, Marcos Finguerit, G. Laferrere, Denis-Krause (de Gómez de la Serna no digo que me resucitó pues hasta puedo decir que me nació). Particularmente H. Rega Molina inventó un Obituario de Reucitados e inauguró la Sección conmigo, el más muerto y resucitado por año.

Todo viviente es inmortal, sólo que el hombre lo es con miedo de muerte; y sólo se lo quita consiguiendo que le tuesten la “existencia”, y este tostado, esta consistencia se la da a su existencia la mirada (mención, publicación) a su existir y su nombre. Las ciudades, en partes las patrias y la unidad universal de la humanidad, no han sido hechas porque el hombre sea sociable; no lo es, sino conventillero: toda la publicidad, cátedras, libros, oratoria, arte, es para que nos vean la existencia; sin color, olor ni sabor, el agua no tuesta el pan. La vida que nos miran se calienta. Quedemos agradecidos. (Sería largo enumerar todo lo que, de puro conventillero, ha hecho el hombre: casi toda la Historia. Mandar, entrometerse, enjaular a las tribus felices y hacerlas trabajar a horario, cambiar íconos, misionar, imponer opiniones, cambiar modos de vivir y gobiernos).

Me quedé pues sin lo único que hubiera podido darme creencia en un éxito: me sigue faltando el primer envidioso. Creo muy certera su crítica en cierta parte; creía saber yo sólo dónde estaba mi falla principal. También se puede acertar descubriendo algo bueno en un autor. No hay que especializarse tanto. Vreo en su éxito, y se lo deseo, en los talentos de crítico, que son dos.

También opina que el libro es innecesario. Pero, ¿qué hago yo ahora? O Ud. no es un crítico necesario o si lo es debe darme el remedio. ¿Cómo hago para que no exista, si ya está publicado? Ayúdeme Ud. a financiar su inexistencia de presente. O si no, Ud. es mal conveniente pues es antisocial señalar defecto no remediable; la crítica necesaria vale por lo que ilumina y auxilia y hasta reconduce a uno a la autocrítica, en la que somos tan remolones.

Ya dije, a propósito de la Historia, lo que no debemos ser; hay que elegir entre no entrometerse o ayudar.

Es fuerte cosa verse clasificado “autor innecesario”; en mi inocencia me fié; los críticos por usual cortesía no ponen tanta Cantidad en sus vocablos de censura. Nos han preparado mal para la Verdad, que es la única preocupación de usted.

Agradezco la mención y lo saludo.

Publicado en Leedor el 7-4-2004

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