Spencer Tunick

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Spencer Tunick lleva más de una década fotografiando desnudos, pero saltó a la fama por su serie en la que centenares de voluntarios posan juntos para él en una sesión pública y multitudinaria. En abril del 2002 estuvo en Buenos Aires. Este es el registro fotográfico que hizo Pablo Garber para Leedor.
Spencer Tunick

Texto y fotos: Pablo Garber

Spencer Tunick lleva más de una década fotografiando desnudos, pero saltó a la fama por su serie en la que centenares de voluntarios posan juntos para él en una sesión pública y multitudinaria.

Su colección alcanza ya una treintena de imágenes realizadas en más de diez ciudades diferentes, y un día de abril del 2002 sumó una nueva, ambientada en torno al obelisco porteño. “No ha sido una elección que se relacione directamente con su significación fálica – que es evidente – sino porque los obeliscos me recuerdan ciertos viajes de mi infancia en los que acompañaba a mi padre, en especial a Egipto” señaló a los periodistas que lo acosaron antes y después de la sesión de tomas.

Es evidente que a Spencer le gusta viajar: su llegada a Buenos Aires no se trató de una decisión meditada sino a partir del ofrecimiento que le hizo un colega, el artista y curador húngaro-argentino, Sigismond de Vajay. “No elijo los lugares; voy adonde me invitan”, confesó antes de enumerar sus próximos destinos, entre ellos San Pablo y Barcelona.

“Pose desnudo en Buenos Aires, para una fotografía de Spencer Tunick. Sábado 6 de abril de 2002, 6:30 a.m. en punto (no más tarde), con sol o lluvia. El lugar del evento es Av. 9 de Julio e Hipólito Yrigoyen. A cambio, Ud. Recibirá una fotografía original del evento. Usted solamente estará desnudo durante unos pocos minutos. Use ropa liviana y no lleve accesorios. PARA PARTICIPAR ENVIE UN E-MAIL A SOLOSOMOSSUPERHEROES@YAHOO.COM”

Así rezaba la invitación, distribuida en bares y centros culturales a la manera de las postales gratis, en cuyo frente podían verse un par de imágenes de Tunick que ilustraban muy bien cual era el propósito de la convocatoria.

La estrategia fue exitosa: el sábado a la madrugada, aún se veían las estrellas y más de cuatrocientos voluntarios de ambos sexos estaban prestos a desnudarse en pleno centro de la ciudad.
(N del R: para quienes quieren detalles de los números, la cifra oficial hablaba de doscientas mujeres y doscientos cincuenta hombres, entre veinte y sesenta años. De acuerdo a lo que observó este cronista, la proporción era de cuatro varones por cada fémina, y el grueso de la población estaba entre los 28 y los 42 años.)
Los organizadores, un grupo de jóvenes que se agruparon bajo el humilde rótulo de “solo somos superhéroes”, estaban super-satisfechos ante tamaña asistencia, e hiper-nerviosos ante la responsabilidad de evitar los desmanes que semejante multitud en bolas podía desencadenar.

Afortunadamente todo siguió los carriles previstos: los participantes fueron invitados a quitarse las ropas dentro del : perímetro de una de la plazoletas de la 9 de Julio. Sus ropas fueron encerradas en un corralito vigilado por asistentes y policías. Los modelos recibieron las instrucciones que un traductor vociferaba . por medio de un megáfono. Se acomodaron como se les indicaba, y . obedientemente ocultaron sus rostros a la cámara. “No quiero que la . gente mire de frente. Por lo general, en su entusiasmo, tienden a ofrecer poses personales, y sonrisas; eso va en contra del espíritu de . mi obra”, explicaba más tarde el fotógrafo. Por la misma razón, en . un momento dado debió exigir con cordialidad pero con firmeza . que retiraran del campo visual a un enorme pene anaranjado, que ya había ganado popularidad semanas atrás.durante los escraches contra los bancos en los cacerolazos del microcentro.

Entre las 6:30 y las 7:30, se armaron dos escenas, una con el obelisco de fondo y la segunda en la esquina de Av. De Mayo y Bernardo de Yrigoyen. Aquí, Tunick pudo testimoniar el deterioro que sufren las fachadas de los edificios a causa de la proliferación de cartelería en la vía pública. En su fotografía, un río de cuerpos desnudos corría en medio de ese paisaje perturbador.
Tras una hora de paciente colaboración, los cuatrocientos nudistas fueron liberados y en un grito mancomunado que revelaba éxtasis y una verdadera sensación de libertad, iniciaron una corrida que probablemente nunca repetirán, sintiendo el asfalto todavía fresco en sus pies y compartiendo sonrisas cómplices con sus vecinos en la ocasión.

Rápidamente se dirigieron al corralito donde las ropas custodiadas aguardaban a sus dueños. En menos de lo que canta un gallo, los cuatrocientos ya estaban vestidos otra vez…. o, para ser exactos, trescientos noventa y nueve, porque hubo uno que no. “Le vamos a tener que reponer lo que perdió, se lamentaba una de las organizadoras. Puede ser cierto que le hayan robado… pero, tenía una cara de trucho!!”…
Los demás, en cambio, tenían una cara de felicidad envidiable. Intercambiaban comentarios. “Esto fue alucinante! Tendríamos que andar en bolas más seguido por la ciudad. Aunque sea en Carnaval, como en Brasil…”, decía uno. “Yo estoy contento porque ahora, cuando le cuente a mi hijo que entre los bancos y el Congreso nos dejaron en bolas, voy a tener pruebas!”, bromeaba otro. Un fanfarrón le advertía a todo el que pasaba a su lado que “la colección de fotos de este tipo se vendía a dos lucas, ¡Pero ahora que estoy yo se va a mutiplicar por diez!”. Más afuera, uno de los curiosos que presenció toda la sesión, se asombraba: “Mirá esa morocha: recién la tenía enfrente completamente desnuda y ni fu ni fa. Pero así vestida raja la tierra!!”

Mientras tanto, y luego de atender un vez más a los periodistas, y de cansarse de repetir que le encantaba ser parte de esta experiencia única, Spencer Tunick se subía a su escalerita y megáfono mediante agradecía cordialmente a todos por su colaboración; y los invitaba a compartir un desayuno. Minutos más tarde los “superhéroes” debieron usar sus mejores poderes para hacerles entender a todos que cada uno debía hacerse cargo de su consumisión. A poco estuvo Spencer de provocar otra experiencia única: el saqueo del Café Tortoni.

Nota publicada: 11-04-2002

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