Un poema para Roma

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“El primer encuentro con un libro puede ser profundamente misterioso. Puede estar en un larga lista de espera en nuestra vida hasta que algo nos lleva a leerlo. Me ocurrió con Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, novela que apareció en 1951 Fue cuando nació un viaje a Italia en noviembre del 2003, cuando nació mi lectura de esta novela, profundamente femenina.” Seguí el texto de Elena Bisso y el poema de Galeano que ella propone.Por Elena Bisso

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A Miguel Haluska, que ahora, la leerá en portugués

El primer encuentro con un libro puede ser profundamente misterioso. Puede estar en un larga lista de espera en nuestra vida hasta que algo nos lleva a leerlo. Me ocurrió con Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, novela que apareció en 1951.

Fue cuando nació un viaje a Italia en noviembre del 2003, cuando nació mi lectura de esta novela, profundamente femenina. Fue por ese fantástico azar de lectora que el lugar que más me conmoviera de toda Roma, fuera justamente, Castel Sant´Angelo.

No fue precisamente la estatua descomunal que domina desde la terraza del Angel una vista espléndida del Tiber y de la Roma, casi toda, ni por las Crónicas Italianas de Stendhal, otra lectura muy acertada para viajar a Italia, y que pueden pasearnos por la diversidad de la Italia medieval.

Fue un poema que le escuché a Eduardo Galeano, por primera vez, en un reportaje en canal 7, y que encontré a poco de comenzar la visita por el Castillo y que inicia la novela:

Animula vagula, blandula,
Hospes comesque corporis,
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut solis, dabis iocos…

Alma pequeña, confusa y suave
Huésped y compañera del cuerpo
Que ahora te preparas a bajar
Por lugares descoloridos, rígidos y desnudos
Ya no esperarás tus acostumbrados juegos…

El poema es de Adriano y está tallado en la piedra, en su mausoleo. Un poema antiguo puede anudar misteriosas líneas de sentido, instantes en las breves vidas de los hombres. Aunque no consiga lo imposible.