En carne viva

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La nueva película de Jane Campion (La lección de piano, Retrato de una dama) tomará caminos mil veces recorridos. Puro exhibicionismo del que promete mucho y cumple con poco y nada. Por Juan José Dimilta

El comienzo de En carne viva promete. Frannie (Meg Ryan), una maestra de letras, culta, sumisa, recatada, termina, arrastrada por la curiosidad, fisgoneando a través de una puerta entreabierta en un bar de mala muerte y descubre una mujer teniendo sexo oral con un extraño al que, entre sombras, no se le ve la cara. Y lo realmente sorprendente es un primer plano del pene del extraño entre sombras. Parece una minucia, pero en un mercado tan pacato como el norteamericano animarse a eso ya es señal de cierta inclinación a romper con los moldes. Sin embargo todo se queda en el flirteo inicial y la nueva película de Jane Campion (La lección de piano, Retrato de una dama) tomará caminos mil veces recorridos. Puro exhibicionismo del que promete mucho y cumple con poco y nada.

Decíamos que Frannie era sumisa, recatada. Bueno, se cruza en su vida el detective Maloy (Mark Ruffalo de Puedes contar conmigo) que anda por el barrio de Frannie detrás de un asesino serial que descuartiza mujeres. Son el agua y el aceite. �l es poco cortés, parco, pero ella siente al instante una atracción sexual desmedida que la descoloca. Y aunque todo el tiempo sospechará de él como el posible asesino no podrá cortar la relación que apunta a volverse enfermiza. Stop: ¿Cuántas veces se contó está historia?. Sólo para nombrar algunas: Nunca hables con extraños, Prohibida obsesión, Bajos instintos (sólo se invierten los roles pero es lo mismo). La muchacha inocente que busca sacudir su vida con experiencias fuertes y se mete en terrenos escabrosos, la atracción animal. Por favor basta.

Campion falla incluso en la construcción de lo que podría llegar a ser un digno policial negro. Los sospechosos parecen tener carteles luminosos en la frente indicando sus destinos en el reparto de roles: Pauline (Jannefer Jason Leigh de Fiesta de aniversario) es una media hermana de Frannie, prostituta, conflictuada, rodeada de malas compañías y algo obsesiva con sus romances (pónganle algunos fichines); Cornelius Webb ( Sharrief Pogh) un negro con la espalda como una pared, alumno modelo de Frannie que está escribiendo una tesis sobre la inocencia de un famoso asesino serial (pero ni así asusta porque es como un primo campesino de Michael Clarke Duncan, el de Milagros inesperados); John Graham (Kevin Bacon) un ex novio de Frannie que la acosa y que de tan limado que está pasea por el vecindario todo el tiempo con su bata de doctor y un perro tipo Jazmín. (No le pongan ni una ficha, demasiado obvio, es de los que está para distraer y tanto que desaparece tan mágicamente como entró en escena. ¿Se lo llevó el río?. ¿Místico o Salvaje?. Por último el detective Rodríguez (Nick Damici) que a juzgar por el apellido es latino, además canta como tal, es homo fóbico y machista. De no ser el asesino, en la tierra de Bush igual sería condenado por portación de cara.

En carne viva hace, eso sí, el mejor esfuerzo para ser artística y profunda: Campion resuelve su metáfora de una mujer indefensa y expuesta (de ahí el título) abusando de la cámara al hombro y fuera de foco. Incluso a Frannie le llueven los mensajes cada vez que viaja en subte en carteles con poesías. Bendita ella porque de haber viajado en la línea Miserere- Plaza de Mayo sólo hubiera sabido de medicinas prepagas y empresas de envíos de efectivo.

En plan poco exigente, un amigo me preguntó “¿por lo menos se le ve una teta a Meg Ryan?”. Sí y mucho más es la respuesta. Después de Tienes un e-mail, Sintonía de amor, Ciudad de ángeles y Beso francés entre tantas otras, tal experiencia está al nivel de ver desnuda a Teté Coustarót, Andrea del Boca o Canela. Si con eso les alcanza, allí está la sala más cercana esperándolos.