Operación Algeciras

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Fallida. De poco interés. Desatinada. Operación Algeciras (co producción argentino española) no merecería mucha más trascendencia de la que posee cualquier documental de televisión por cable (fuera de horario central, claro).

Operación ja ja -me río por no llorar-

por Sebastián Russo

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La operación Algeciras fue el nombre que se le dio a una misión secreta pergeñada por el gobierno militar argentino, en plena guerra de Malvinas, consistente en hundir barcos británicos anclados en el peñón de Gibraltar. Lo curioso del asunto es que tal operación iba a ser llevada a cabo (ya que su realización fue abortada) por un contingente argentino compuesto por militares argentinos y montoneros -pos ESMA- �arrepentidos�. El ideólogo de la misión fue el mismísimo Jorge Isaac Anaya (máxima autoridad de la Marina de la junta dictatorial en 1982), que es entrevistado en este documental explayándose orgulloso (uno de los pocos logros del film) sobre la incidencia militar que hubiera tenido la operación -por él concebida- de haberse llevado a cabo �satisfactoriamente� (el encomillado es mío)

Sin embargo, el logro que señalo, parece haberse conseguido sin demasiada intencionalidad; de hecho dudo que Jesús Mora, el director, haya considerado un logro, mostrar relajado, exultante (siniestro, desvariado, ridículo) al ex almirante Anaya. Me explico: Operación Algeciras , intenta ser un documento histórico, testimonial sobre un hecho, ocurrido durante la guerra de 1982 entre británicos y argentinos, que pudo haber �cambiado� (según Anaya) el rumbo de aquella confrontación, pero que en definitiva (y es el mismo transcurrir narrativo quien lo demuestra) no fue más que un aventura insignificante, anecdótica, insustancial históricamente.

Y ya en esta simple comprobación se halla el primer déficit del film: ocuparse a la manera de un documentalismo periodístico (o sea, develando ante la opinión pública un hecho relevante, aun desconocido) de un suceso que en sí mismo nada tiene de significativo. Otro hubiese sido el resultado, en cambio, si se hubiera enmarcado tal operación en su contexto original (una inmoderada conflagración entre el cinismo y la idiotez del gobierno militar argentino, y la bribonada e ignominia de una Inglaterra al mando de Margaret Tatcher) Pero Jesús Mora, cae en la reprochable (sospechosa) senda de ocultar el contexto, dedicándose (quizás creyendo que el relato así ganaría en interés) a relatar la frustrada operación con aires de film de espionaje. Sólo logrando una confusa relación del espectador con el film, moviéndose ineficazmente entre el documental histórico clásico y la ficción aventurera, generando situaciones intrigantes, momentos de relativa tensión, sobre un fondo vacuo, una historia insustentable.

Otro déficit del film (que desde un comienzo fue pensado televisivamente, y que innecesariamente �en mi opinión- modificó aquel destino original) fue no ocuparse de la �paradójica� relación entre montoneros y militares (el encomillado vuelve a ser mío). El relato de los pormenores de la operación a cargo de Máximo Nicoletti (ex montonero, detenido por la Armada Argentina por el hundimiento de una fragata en el puerto de Bs As, y al mando de la misión Algeciras en el peñón de Gibraltar, junto a otro �arrepentido� y un militar argentino) solo se mantiene en un tono anecdótico, acontecimentista, nunca indagado (es el propio director el que hace las preguntas) sobre su �arrepentimiento�, su pasar al bando �contrario� (sigo encomillando), siendo estos �detalles�, de una relevancia magnífica para entender la intricada y turbia relación entre una dictadura militar genocida y una agrupación, sin mayor poder de acción pero necesaria para justificar la imposición del terror dictatorial, como fue Montoneros. La puntillosa deconstrucción de las conexiones entre ambas organizaciones (una en el poder, otra en aparente confrontación) ayudaría copiosamente al análisis de uno de los momentos más oscuros de los últimos decenios argentinos. Nada de esto hace Jesús Mora, teniéndolo a Nicoletti predispuesto (también deseoso, copetudo, como Anaya) frente a frente, charlando en bares, barquitos, y plazas (a Anaya, sin embargo no pudo sacarlo de su escritorio, prisión domiciliaria tal vez, ah, tampoco de esto se ocupó Jesús Mora)

Fallida. De poco interés. Desatinada. Operación Algeciras (co producción argentino española) no merecería mucha más trascendencia de la que posee cualquier documental de televisión por cable (fuera de horario central, claro).

Nota publicada en Leedor el 19-2-2004