Hernán Ríos

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Apenas un piano, algunos accesorios de percusión y la voz de Hernán Ríos, que por momentos acompañaba con algunas expresiones guturales (al estilo Keith Jarret) o dibujando apenas una melodía. Salvador Biedma estuvo en Uno y Medio y lo cuenta para Leedor.Por Salvador Biedma

Hernán Ríos estuvo tocando el jueves 12 de febrero en el auditorio de Uno y Medio, en un clima íntimo, muy íntimo e intenso.

De hecho, él mismo dijo que no recordaba haber tocado antes sin amplificación, como tocó. Apenas un piano, algunos accesorios de percusión y la propia voz de Ríos, que por momentos acompañaba con algunas expresiones guturales (al estilo Keith Jarret) o dibujando apenas una melodía.

Esto basta para notar que las ideas del pianista están en la vereda opuesta a las de la megaproducción (caso festivales de rock), donde se supone que el hecho de sumar cosas y más cosas siempre enriquece (así se suma, muchas veces, sin un sentido estético claro).

Ríos apunta a un concepto bien distinto: el de “menos es más”. De hecho, ése es el nombre del segundo disco de El Terceto, el trío devenido en dúo que Hernán Ríos conforma junto a Minichillo.

El show empezó con una versión hermosa de “Si llega a ser tucumana”. Claro que fue una versión en piano, tocada a la manera de Ríos, una mezcla personal entre el “Cuchi” Leguizamón y Keith Jarret, porque Ríos lleva los temas hacia una zona donde todo fluye. Y si uno entiende que cada género musical proporciona un universo propio, hay una zona donde los géneros se borran. Porque la versión de “Si llega a ser tucumana” o las que tocó luego (hubo algo de bossa, algo de tango, algo de chacarera), respetando los géneros musicales y su forma de interpretación, atraviesan una zona más riesgosa donde los géneros se desdibujan. Las versiones de Ríos son un fluir en el que el tema central aparece fragmentado, como parte de algo mucho mayor, como un disparador que puede emerger en cualquier momento. El tipo de improvisación, de experimentación, puede verse como el paralelo musical de lo que en literatura suele llamarse el “fluir de la conciencia”. La música de Ríos fluye así sin barreras, como el pensamiento dentro de nuestras testas. De hecho, no creo que sea casual que Ríos haya compuesto un tema llamado “Hugo cuando duerme”. Hugo es su perro y, cada vez que uno escucha el tema, puede imaginarse los misteriosos sueños de un can. Pero no sólo da para pensar en el fluir de la conciencia; también hay algo mucho más oriental en el centro de esta música, como un mantra o algo parecido: da la sensación de que uno podría quedarse sentado escuchando el piano de Hernán Ríos por años. Entonces tampoco parece casual que dentro del repertorio de la noche surja un tema con un título como “Quizá no tenga fin”, de Horacio Salgán.

Por más que uno pueda decir lo anterior, no hay nada como verlo, escucharlo, sentirlo… Es impresionante lo que puede lograr un tipo solo arriba de un escenario, tocando sin ningún tipo de amplificación. El relax que eso da, mezclado con la profunda intensidad de los temas, es un cóctel perfecto. De hecho, las quince o veinte personas del público aplaudíamos a rabiar. Y es que Hernán Ríos toca el piano con una sensibilidad asombrosa, al punto de arrancarle algo fuertísimo a una simple nota repetida o a un pequeño set de percusión que tocó -sentado en el piso- como intro a “Juan del monte” (manteniendo luego el ritmo con las palmas mientras se paraba y se ubicaba en el piano para continuar el tema).

Ésta es la música de lo emocional. Si bien los géneros musicales aportan, cada uno, una forma de conocimiento, ésta es la tierra de las puras emociones, donde no hay género, donde la chacarera, la zamba, la bossa-nova o el tango son arrastrados con absoluto respeto hacia un lugar más personal, mucho más emotivo.

Como no podía ser de otra manera, la noche cerró perfectamente con la “Milonga triste”, de Piana y Manzi, y con “Volviendo desde mí”, tema que le da título al disco de Hernán Ríos.

Publicado en Leedor el 18-2-2004

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