Los Testigos

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La tesis vagamente desarrollada en esta película, propondría una mirada provocativa de la historia humana, corriendo el protagonismo de los próceres heroicos o perversos hacia los testigos abúlicos e inexpresivos de sus epopeyas. Divaga en intenciones de cine de género al estilo Sexto Sentido sin conseguir hacer pie.Sexto Sentido estuvo bien, pero ya!

por Sebastián Russo

La tesis sobre la que se sostiene la historia de esta película es sugestivamente interesante. Destaca la relevancia que tendrían en los acontecimientos sobresalientes de la historia humana, las personas que no fueron partícipes activos en dichos acontecimientos, ni se opusieron a que los hechos transcurrieran como finalmente transcurrieron, y que ni siquiera tuvieron sentimientos de ningún tipo ante estos hechos significativos, pero que de todas formas no dejaron de ser testigos (mudos, inconmovibles, impávidos) de los mismos. Inexcusables espectadores, sin invitación, de sucesos trascendentales, en los cuales no inciden más no sea dejándolos de presenciar por asco, intolerancia o respeto. Sujetos desapasionados que solo ven, miran, observan, sin tomar parte, prisioneros del único deseo que parece surcarlos, seguir mirando. Legitimadores involuntarios de hechos que sin ellos (los testigos) pasarían intrascendentes a la historia. Así, la tesis vagamente desarrollada en esta película, propondría una mirada provocativa de la historia humana, corriendo el protagonismo de los próceres heroicos o perversos hacia los testigos abúlicos e inexpresivos de sus epopeyas. Sin el que mira, aun sin intervenir (o quizás, justamente por no tomar parte), no habría historia a ser contada, no habría punto de referencia que destaque lo significativo de lo cotidiano. Tal sería la inquietante tesis sugerida.

Claro, estas ideas fueron las que a mí me surgieron luego de salir del cine. La película en sí cuenta otra cosa, de otra manera, aunque tomando sí la cuestión de los “testigos” mencionada. L

a historia arranca con el descubrimiento, en un pequeño pueblo inglés, de una capilla del siglo I, que poseía la particularidad de no tener en el altar al cristo crucificado, sino a un grupo de personas mirando la crucifixión. Aparentemente, daba cuenta (según pudo comprobarlo un sacerdote progresista, aliado del científico que analizó minuciosamente la capilla desenterrada) de un pasaje de la Biblia que sugiere la presencia, en toda catástrofe humana (el cristo crucificado, para algunos, como ejemplo de catástrofe), de un grupo de personas que solo se dedica a mirar, “lujuriosamente” (eso dice el pasaje citado), sin intervenir de ningún modo. Ante este descubrimiento del clérigo, se desata una lucha de intereses, en donde los ortodoxos (siempre) ganan, matando (accidente de auto mediante) al cura progre. Las cosas así planteadas, se desarrollan de forma paralela con la incursión de Christina Ricci, la protagonista.

¿Qué rol ocupa Ricci en todo esto? Veamos. Llega al pueblo, casi como zombie, sin saber para qué. Este interrogante es disimulado (incluso para ella) por la siempre efectiva (cinematográficamente hablando) “amnesia”, a raíz de otro accidente de auto, esta vez menos luctuoso. Ricci, que cara de zombie no le falta (recuerdesela en Los locos Adams), circula errantemente por el pueblo con rasgos de posesión (digamos, diabólica), hasta que comienza a descubrir algunas cosas que la inquietan y perturban tanto, que termina por convertirse en la anhelada heroína, capaz de disolver el conjuro, insinuado por el sacerdote muerto desde el descubrimiento de la sacrílega capilla descubierta (y vuelta a enterrar -típico procedimiento de esconder lo que molesta- por los ortodoxos)

Y la película no es menos errante que el merodeo pueblerino de Ricci. Con aquella interesante tesis como soporte argumentativo, divaga en intenciones de cine de género (el ya vapuleado, thriller psicológico, al estilo Sexto Sentido ), pero no consigue hacer pie, tomando como reiterativa fórmula la provocación ingenua del espectador, por medio de golpes de efecto (sonidos estridentes, escenas macabras, musiquita de suspenso) Bien filmada, con actuaciones aceptables (a Christina Ricci, altamente desaprovechada, apenas le alcanza con pequeños atisbos de su potencialidad actoral), Los testigos, dirigida por Brian Gilbert (en su haber, las intensas y “literarias” Tom & Viv y Wilde , basadas en las vidas de los escritores T.S. Elliot y Oscar Wilde), no deja de ubicarse en ese ingrato y fastidioso grupo de películas de buenas intenciones. No mucho más.

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