Jauretche

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La muestra Basta de zonceras, que tuvo lugar en La Rural entre 14 de noviembre al 15 de diciembre de 2002 tenía carácter de una instalación multidisciplinaria, para muchos significó el descubrimiento de un pensador argentino: Arturo Jauretche. Ahí estuvo Juan Dimilta.Descybriendo a Jauretche

Juan José Dimilta

Esperando para entrar a un curso (de los tantos que uno hace en la vida con la firme e ilusa pretensión de saberlo todo) camino por el soleado Palermo. Un hombre calvo, con su bigote blanco y ojos que destilan sabiduría o cuanto menos mucha experiencia, me atrae desde un afiche callejero. Parece amable. Fuma lo que queda de un cigarrillo, llevándoselo a la boca como si fuera un “porrito” con la ayuda de su mano inflamada. Un moño azul termina de dibujarlo como un ser extraño, demodé, antiguo, fuera de tiempo. “Basta de Zonceras. Jauretche en la Rural” dice la leyenda bajo la imagen. Camino por Sarmiento para matar el tiempo. Decido entrar a la muestra del pensador, político y periodista argentino. No conozco casi nada de él. Sólo algunos artículos sobre su vida y obra escritos a las apuradas en algún semanario. También sabía de él por la canción de Los Piojos. Nada más.

De la muestra me llevo por consejo de los vendedores Manual de zonceras argentinas. Lo hojeo, de vuelta a casa. Busco un asiento vacío en el Sarmiento (el tren). Lo encuentro. Me acomodo contra la ventanilla con el libro. Un extraño se me sienta al lado. Se que antes de hacerlo miró fugazmente la tapa de mi libro. Sonríe. A los cinco minutos no aguanta más y me pregunta “¿fuiste a la muestra de Jauretche?”. Después de mi “sí”, comienza a hablarme de lo sorprendido que lo tiene esto de que exista una muestra de Jauretche auspiciada por el Gobierno de la Ciudad. Hablamos de la izquierda, de los progresistas mentirosos, de lo que quedó del peronismo, de las oportunidades perdidas para cambiar el modelo de explotación y empobrecimiento de años. Por lo que cuenta se que es médico en hospitales públicos de La Matanza y alrededores. También que participó de unos cuantos piquetes. No sé su nombre. “Un gusto, ya nos encontraremos en el movimiento popular” me dice y sonríe mientras desaparece en la estación Ramos Mejía.

Llego a casa y sigo con la lectura de Jauretche. Parece escrito después del noticiero de las 20. En realidad fue escrito en 1968. “Yo tengo la primera edición de ese año” me había dicho el extraño del tren. Llegó sin querer a la Zoncera N 31. “Pagaré ahorrando sobre el hambre y la sed de los argentinos”, dice. Me viene a la cabeza el ministro Lavagna, el FMI, los titulares de los últimos diez meses de cualquier diario que se repiten como en un mantra “se endurecen las negociaciones”, “nos piden esto” ,”nos piden aquello”. “Hambre y sed”, releo. Uno, dos, diez, cien chicos muertos de hambre. “Argentina cumple usando sus reservas” creo leer. Decido rescribir este capítulo de Manual de Zonceras Argentinas para los lectores de Leedor.com, para compartir mi sorpresa ante un texto que cobra imprescindible vigencia en estos días que vivimos.

Zoncera N 31: “Pagaré sobre el hambre y la sed de los argentinos”

El más alto título para un Presidente de la República es ser para su pueblo un buen padre de familia, y es al padre de familia a quién nuestro Código Civil atribuye el “beneficio de la competencia”.

Este consiste en el privilegio que permite al padre de familia sustraer a las exigencias de los acreedores lo imprescindible para remediar el hambre y la sed de los suyos.

Sin embargo, fue un Presidente de la República Argentina quien dijo la zoncera que va como título. Julio B. Lafont nos lo cuenta en su Historia de la Constitución Argentina (Ed 1953 pág 361): “Llegó un momento en que todos insinuaban o aconsejaban al gobierno que suspendiese el servicio de la deuda pública, pero Avellaneda se negó explicando su actitud al Congreso: La República puede estar dividida hondamente en partidos internos pero no tiene sino un honor y un crédito, como solo tiene un nombre y una bandera ante los pueblo extraños. Hay dos millones de argentinos que economizarán sobre su hambre y sobre su sed para responder en una situación suprema a los compromisos de nuestra fe en los mercados extranjeros”.

Frase de circunstancia emplean los gobernantes de todos los países. Ahora mismo Estados Unidos modifica de hecho el valor del dólar abriendo un mercado paralelo, para evitar el pago en oro de un papel al que per se había fijado precio arbitrariamente mientras fue el árbitro de la situación monetaria mundial. Parecida cosa hicieron los ingleses después de la última guerra violando su promesa de no devaluar la libra en el mercado internacional. Y en ningún caso falta la frase correspondiente. Pero precisamente para no ahorrar sobre el hambre y la sed de sus nacionales, con lo que se ve que hasta los acreedores hacen uso del ” beneficio de competencia” cuando conviene a sus pueblos.

Podemos considerar indulgentemente la frase de Avellaneda, en razón del momento en que se pronunció, apreciándola como recurso, tal vez para conseguir más endeudamiento.Eso llevaría a un juicio sobre el personaje, sobre su gestión de gobierno, sobre lo acertado o desacertado de su política o sobre la verdadera situación del país en ese momento. Pero la frase se ha sacralizado y en su identificación con la bandera y el himno, como dijo Avellaneda, se consustancia con la existencia misma del país. Y aquí es donde es zoncera y cumple la función de zoncera.

El padre de está zoncera, Avellaneda, es autor de otra frase histórica: “Nada hay en la Nación sobre la Nación misma”, y esto es la negación expresa de la zoncera que se comenta. A no ser que lo único que no está en la Nación por encima de la Nación, sean los acreedores extranjeros, precisamente por que no son nacionales.

Aquí vendría el caso que leo en Breve historia del Uruguay de Luis Carlos Benvenuto (ED Arca, Montevideo, 1967).

“En 1890 el Dr. Julio Herrera y Obes, duodécimo presidente constitucional, respondía a un amigo que le preguntaba como se sentía luego de su acceso a la Presidencia de la República. Le contestó: ” Como el gerente de una gran estancia cuyo directorio está en Londres”.

Esto tal vez explicaría que lo de “No hay nada en la Nación por encima de la Nación misma”, termine siendo una zoncera, y una “viveza” lo de pagar al acreedor extranjero ahorrando sobre el hambre y la sed de los argentinos.

Haberlo dicho una vez puede ser un error; pero haberlo sostenido y seguir difundiendo la zoncera casi cien años después, es otra cosa.

Sitio oficial: Basta de zonceras

Nota publicada el 20-11-2002