La Cumparsita

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La cumparsita no es una película sobre “El Tango” la propuesta de Rosario Infantozzi se sitúa más allá de cualquier género musical. La directora fue capaz de reproducir en imágenes poéticas y sugestivas un instante de inspiración, aquel instante de ensoñación desde donde se construyó el tango más famoso. Entrevista Armando D´Angelo.Informe y entrevista por Armando D´Angelo

Desde un íntimo deseo por expresar gratitud hacia la genialidad artística de un antepasado y el bienestar económico que le otorgó, Rosario Infantozzi ideó este bellísimo documental: La Cumparsita.

Se situarán frente a una paradoja.

Uno de los temas musicales más difundidos mundialmente y el nombre de su autor quizás en igual magnitud desconocido: Gerardo Matos Rodríguez.

Pero tengan presente algo. No será una película sobre “El Tango” la que verán; la propuesta de Rosario se sitúa más allá de cualquier género musical. Fue capaz de reproducir en imágenes poéticas y sugestivas un instante de inspiración, aquel instante de ensoñación desde donde se construyó “La Cumparsita”.
Y no dudo que transformará a los espectadores a partir de las anécdotas que le relataron de niña sus familiares, en cuasi testigos presenciales de un momento histórico trascendente para la música popular.

Para los que estén dispuestos a aventurarse en una atmósfera que desborda en sensaciones visuales y literarias, una brecha en el tiempo queda abierta para disfrutar.
Es una noche de verano en Montevideo, allá por el 1917 y la mente del impensado poeta y músico volaba quién sabe qué regiones. Y entre la vida y la muerte el destino quiso que se quedara del lado de la vida para seguir componiendo.

A continuación, la charla que mantuve con Rosario Infantozzi , una mujer que posee el don de la fascinación:

AD: Rosario, tu película es sorprendente. Si no recuerdo mal, cuando la presentaste al público dijiste: “Esta no es una película de tango…” Y es cierto, es una película que nos habla sobre todo de un instante de inspiración que el mundo de la música popular agradece.
¡Qué instante! ¿no?. Una noche de mucha fiebre y delirio y el amoroso cuidado femenino fueron al fin la cuna que dio a luz “La Cumparsita”. ¿Cómo obtuviste estos datos?

RI: Lo que pasa es que yo soy sobrina nieta de Matos Rodríguez, y estos dos personajes que viste en la película son hermanos entre sí y la chica era mi abuela. Mi intención al encarar el proyecto no fue hacer un film de tango; en realidad es un relato de familia que habla de hermandad y la única intención que yo tuve al filmarlo fue documentar las historias que mi abuela me contó.
Soy la única persona que sabe de primera mano cómo nació “La Cumparsita”. Y el día que yo me muera nadie lo va a poder contar, por eso hice esta película. Deseaba dejar un testimonio.
Como ese enfado reflejado desde el final gracioso de la película cuando ella se enoja a muerte con su hermano cuando descubre que la partitura musical que le pide de escribir es un tango.
Hay que entender que para una chica de familia de esa época el tango era una cosa prohibida.
Era una música de prostíbulo, de arrabal, de puerto, de gente que emigraba del campo; de gente muy fronteriza. Y ella era una chica de familia.
Y como desde la picardía de mi tío abuelo que se las ingenió para que ella no tuviera consciencia de lo que estaba escribiendo.
Y lo gracioso es que ella murió a los ochenta y pico de años, tocaba el piano muy bien; en casa teníamos un piano pero ella jamás tocó “La Cumparsita”. Mi tío abuelo compuso setenta y dos obras más y ella las tocaba pero jamás “La Cumparsita”; seguía ofendida.

AD: Te adelanto que me parece maravillosa la atmósfera de la película y su fotografía excepcional. Muy buena edición que por cierto contribuye a que la historia resulte como muy bien narrada y es bella la composición de imágenes. ¿Posees alguna formación previa referida a la pintura o al dibujo?.

RI: No, no poseo una formación plástica pero tengo una gran ventaja y es que soy vieja y he vivido mucho y he hecho muchas cosas distintas. Y soy escritora y he sido docente y he hecho algunos cursos de cine de manera no muy orgánica.
Cada vez que algún director aterrizaba en Montevideo yo trataba de tomar algún curso, así fue con Goldenberg, Lautaro Murúa . . .
Tengo una formación muy poco académica; cursito de allá, cursito de acá. . . . Más que nada me causa risa cuando me presentan como directora de cine o escritora. Yo en realidad soy una contadora de cuentos. Desesperada por contar cuentos, me gusta contar cuentos y los puedo contar escribiendo o hablando y ahora descubrí que también los puedo contar desde las imágenes del cine.
Pero te aclaro, el único mérito que yo siento me pertenece de esta linda película es saber haber elegido un muy buen equipo. . . Porque el talento de la gente que trabajó; la entrega . . . mirá que esta película fue casi gratis. . . Salíamos con el auto a buscar comida con el auto a la casa de mis tías y vecinas; no teníamos dinero para seguir esto . . .
Todos los equipos que fueron muchísimos y la casa en la que rodamos nos la prestaron, los actores no cobraron; esto fue hecho con un amor y una entrega que no se puede creer.
El director de fotografía y la directora de arte de la película son los número uno de Uruguay.
Yo todavía me lo pregunto: ¿Cómo creyeron en el proyecto de una mujer que nunca había hecho cine?.
Yo reconozco mi talento por haberlos sabido convocar y en haber sido muy clara en lo que quería sobre todo en la luz. Todavía recuerdo una frase del texto que decía: Â?La luz anaranjada y polvorienta de la hora de la siesta se cuela por la celosía” y para lograr la imagen de esta luz que se filtra como un polvito, estuvieron trabajando más de 48 horas en un ambiente casi irrespirable, por una cantidad monumental de incienso quemándose en una cacerola.
Para darme el gusto de que yo obtuviera esa particular luz, ellos estuvieron dispuestos a todo y yo les estoy eternamente agradecida .

AD: ¿Cómo surgió el proyecto?

RI: Todo esto comenzó cuando en el año 1992 publiqué un libro que se llama: “Yo Matos Rodriguez el de La Cumparsita”. Era como una deuda de gratitud que tenía con este hombre; todas las cosas buenas que tuvieron que ver con algo económico en mi vida venían siempre de allí porque nosotros somos herederos de Matos Rodriguez.
Quería agradecer a este hombre todo lo que había hecho por mí sin saberlo y yo no sabía quién era. Siempre en casa hubo un gran misterio en torno a su figura, una vergüenza, una cosa oculta… Después me enteré por qué, era mujeriego, burrero… y a mi abuela la daba mucha vergüenza hablar de su hermano.
Quise hacer un libro para la familia pero al fin me sorprendí por cómo se vendió. Luego lo transformé en guión para un largometraje, que por costos aún me resultó imposible filmar.
Y el año pasado al cumplirse 85 años de “La Cumparsita”, pensé que tenía que hacer algo; extraje una secuencia del largo y comencé la producción del corto.

Ese fue el camino que recorrí .

Nota publicada el 18-11-2003.