Carlos Páez Vilaró y Candomb

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El documental de Páez Vilaró se mete con el alma del candombe.Entrevista a Carlos Páez Vilaró a propósito de su film Candombe
Por Armando D´Angelo

” . . . Desde el fondo de la noche llegó el tambor . . .”

Si hay algo que debo recalcar por más que desde las imágenes del documental queda más que expuesto es la gratitud de Carlos Paéz Vilaró hacia la cultura de la negritud. Públicamente se reconoce apasionado por ella, es su fuente de inspiración en la pintura y además le permitió ahora incursionar en el discurso cinematográfico.

Nos introduce desde su sensibilidad propiamente en el alma del candombe, en su atmósfera de sueños y en la realidad cotidiana del trabajo real y esfuerzos puestos en marcha para lucirse como nunca en las festividades paganas para nosotros y cargadas de fe para ellos.

Pero ocurrió algo, el tamboril se transformó en un emblema del pueblo “quizás en una mirada esperanzada hacia un horizonte incierto”.

Tengan en cuenta que la gente que habita el barrio sur de Montevideo se caracteriza por su música y por no bajar sus brazos ante los impedimentos que les presente sea quién sea.

Quizás una vez por año a esta raza se le abren las puertas de ser feliz y en cada golpe de tambor se expresen tantas cosas por decir.
Creo que la fuerza de esta cultura está más viva que nunca, se la siente joven y hay mucha dedicación y amor de por medio puesta en juego por ellos para que sea así.

Su sensualidad supo ser captada por los realizadores y desborda con naturalidad desde la pantalla.

Reportaje a Carlos Paéz Vilaró

“Los negros también son los hermanos de mis hijos.”

AD: Con todo tu afecto hacia la raza negra que habita el Uruguay y que está expresado en el documental ¿Qué podrías decirme sobre su perspectiva de vida y progreso?, más allá de la fuerza propia que explota en sus cuerpos a través de la música pero enfrentándose con la realidad de un sistema político que los excluye.

CPV: Mira, eso va por cuenta de los políticos; si no saben ver que en los negros hay un potencial de inteligencia, de calidad y de grandeza de alma como yo lo he constatado a lo largo de mi vida… Fíjate que yo he cumplido ochenta años, ochenta años en la mochila y sesenta arrastrando el tambor; conozco bien a fondo la alegría y el dolor del conventillo.

AD: Te lo pregunto porque sé que estás muy cerca de ellos, porque nunca los abandonaste.

CPV: Lo que pasa es que los siento como de mi familia, sus hijos son como hermanos de mis hijos y en la pintura si reconozco que algún logro he tenido se lo debo a la negritud uruguaya. De tal magnitud es el afecto que me han dado.

AD: ¿Y qué pensás que podría hacer un blanco y desde todas influencias y contactos para ayudarlos?, más allá de este documental que conmueve el alma. ¿Qué más se podría hacer para que su situación cambiara?

CPV: Yo considero que el negro está muy integrado al blanco de
nuestro país, es parte de nuestra cultura, es nuestro hermano. El otro día hubo una experiencia muy interesante en Maldonado y de la que tuve la suerte de participar y que fue en las escuelas la iniciación de un curso de tambor; es decir la cultura negra se empieza a enseñar desde la música y en las escuelas. Imagínate qué maravilla cuando los profesores negros sean convocados a jugar el partido que saben jugar y que no lo puede hacer nadie mejor que ellos. Es decir que ya de por sí, si me hablas y me preguntas sobre fuentes de trabajo para ellos es tener la oportunidad y ser respetado en el rol de profesor de algo que sabe hacer tan bien, “El Candombe” que es parte de nuestro país y creo que hoy no falta un tamboril en cada casa.

AD: Te hago la última pregunta: ¿Tuviste la oportunidad de ver la última película de Mario Handler “Aparte”? ¿Y si la viste? ¿Qué sentiste?

CPV: No, no tuve la oportunidad de verla. Lo que pasa es que estoy muy encerrado en el mundo de la pintura. Ahora comencé a realizar una muestra itinerante de mi obra como artista plástico y ello me llenó de satisfacción pues comprobé que en el interior hay una reserva de afecto extraordinaria. Imagínate que a mi edad subir a un camión y llevar mis cuadros hasta cada pueblo perdido es algo maravilloso.
Y ser recibido con ese cariño como te digo desde una caballada gaucha o flautistas o un coro de niños o violinistas; es una cosa espectacular que la pintura sea recibida así en el interior.

AD: Mil gracias y corto aquí para no interrumpir más el afecto que el público te quiere trasmitir ya.

CPV: No, el agradecido soy yo.

Nota publicada en Leedor el 18-11-2003