Abre tus alas

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En Abre tus alas, la cotidianeidad atravesada por vidas trágicas, a las que sólo una contingencia modifica, y transforma, y no para volverlas de ensueño, sino distintas, renovadas.Los hijos de la lágrima

Por Sebastián Russo

Película israelí, que roza asuntos propios de un hoy universal (y ya me salió el etnocentrismo de adentro: donde se lee universal, debería leerse occidental) A saber, una familia clase media en decadencia. Una madre, cuatro hijos, un padre fallecido. Ella, la madre, único sostén de la casa, trabaja arduamente para poder criar a sus hijos. Ellos, los hijos, algunos ya casi abandonando la adolescencia, otros aun niños, lidian con sus propios conflictos, aparentemente muchos de ellos ligados a la ausencia prematura del padre, y a un entorno competitivo, excluyente, de sórdidas relaciones.

No quiero ser obvio, encasillador, pero es curioso como este film (repito, israelí) se centra en el tema de la ?culpa?. Todos los personajes la padecen. Y el que no, pareciera ser tomado como alguien con problemas (el hijo mayor, aparentemente sin culpa, tiene inconvenientes para ser aceptado en la vida académica, le exigen exámenes psicológicos).

La hija mayor, sufre por la culpa de sentirse responsable tanto de la muerte de su padre, como del accidente de su hermano menor, y por no poder responderle satisfactoriamente al grupo de música en el que canta y compone. La madre, por su parte, siente culpa por creer ser una ?mala madre? y no darle a sus hijos todo lo que necesitan, y por desear emprender una nueva relación amorosa. La culpa, como articuladora, como punto de partida y encuentro de las historias que se narran.

Abre tus alas (traducción matizada, edulcorada, del original Broken wings) está compuesta por una sucesión de hechos dramáticos. Encadenamiento de situaciones que resulta exagerado, agobiante, efectista, innecesario para dar cuenta de una vida dura, difícil de sobrellevar. Además, este devenir trágico recorre una bien definida senda, en donde las cosas (en la
conflictuada y desmembrada familia) empiezan a ir mal (pero mal, muy mal), hasta que llegan a un estado de tensión dramática en el que los orgullos comienzan a emblandecerse, ceden, y se encuentra un punto de encuentro, desde donde poder construir algo de relación humana medianamente llevadera, desde donde la felicidad no alcanza a ser plena, aunque sí un moderado y necesario remanso. Y esta construcción dramática, si bien forzada (es poco creíble que todo, pero todo, salga mal, hasta que de repente, las cosas mejoren), está bien construida desde una cotidianeidad, desde las dificultades de la vida diaria, donde puede arribarse a un estado de apremio tal en el que el mínimo inconveniente venidero se transforma en potencial tragedia. Y a su vez, un simple gesto de reconocimiento, de afecto, cobra un extraordinario valor. Cotidianeidad atravesada por vidas trágicas, a las que sólo una contingencia modifica, y transforma, y no para volverlas de ensueño, sino distintas, renovadas.

Película emotiva, inescapablemente emotiva, y quizás este sea su mayor déficit. Ya que no deja mucho espacio a una elaboración equívoca, heterogénea del espectador. Un falso sentido (idea) de la emotividad, que roza un banal sentimentalismo. ?Si no te emocionas, eres de caucho?, podría rezar un improbable y grosero epígrafe.

Publicada en Leedor el 23-10-2004