Bar el Chino

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Burak en Bar el Chino fue capaz de reconstruir desde un guión genial la perplejidad que deben asimilar sus personajes frente a las medidas impiadosas del gobierno de turno. Una época reciente entre la ficción y la realidad

Por Armando D ´Angelo

Transito el relato del film y me encuentro con sensaciones que me ubican frente a lo documental y la ficción.
Debo reconocer que ambos mundos se asociaron muy bien y que su director fue capaz de reconstruir desde un guión genial la perplejidad que deben asimilar sus personajes frente a las medidas impiadosas del gobierno de turno. Nos habla desde su generación y desde su ubicación de clase. Una clase media que hace esfuerzos con uñas y dientes por no desaparecer. Muchos de sus integrantes ya están experimentando hoy las condiciones de vida propias de la marginalidad.
Y una vez más se comprueba como desde las políticas de Estado se frustran proyectos de vida.
Y duele más cuando se supone que nuestros representantes políticos elegidos democráticamente deben defender nuestros derechos y calidad de vida pero desde sus decisiones sólo se observan claudicaciones que quién sabe a quién benefician. Al bienestar general seguro que no.

En medio de un caos económico y de deslealtades, Burak nos presenta un espacio público en dónde la solidaridad y la autenticidad sobreviven. Se trata de un bar de Buenos Aires, �El Chino�.
Y desde la realidad lo incorpora como un personaje más de la ficción del film. Y le da pie a la música que se escucha allí y a los sentimientos puestos en juego como desde dónde es posible recrear la utopía e imaginar el nacimiento del dolor de una historia de amor desencontrado y la perspectiva del desarraigo. Temas más que sugestivos para inspirar una letra de tango.
Buscar nuevos territorios un poco más confiables para pensar un futuro feliz tienen su costo afectivo y la sensibilidad de cada uno de los involucrados expresarán el riesgo que están dispuestos a asumir frente a ellos.

Publicado en Leedor el 16-10-2003