Karina Barg

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Karina Barg no se detiene a pensar qué es lo que va a fotografiar. Su cámara es como una red en la que va atrapando todo aquello que le llame la atención. Luego, en la intimidad, utiliza las imágenes como materia prima de un tejido en el que cada u na de las partes es tan importante como el resultado final.

Karina Barg. El todo y sus partes.

Por Pablo Garber

Karina: tu nombre es generalmente asociado a una vasta producción de imágenes y collages en película Polaroid.

Sí, correponde a una época en la que trabajé con esa empresa como sponsor: me cambiaban obra por materiales; fueron unos cuatro años en los que produje casi cuatrocientas obras, varias de las cuales están en su colección. En ese tiempo yo hacía fotos solamente dentro del departamento. Trabajaba sobre una mesa utilizando todo lo que había en mi casa. A priori no era nada conceptual, aunque luego podía llegar a serlo. Incluí todo tipo de cosas, hasta mi ropa. De ahí pasé al cuerpo, pero de a poco. Empecé con la cabeza… bueno, la cabeza era mucho en realidad, arranqué por el pelo.
Fue una etapa bastante autobiográfica, o autorreferencial. Aparecen también otras partes de tu cuerpo: manos, piernas…
También los fondos, en muchos casos son pinturas mías, y en otros son arreglos escenográficos, específicos para cada imagen. Pero después empecé a investigar en otros aspectos, incorporando fotos – mías o de otros autores – y el proceso mismo del revelado del polaroid, fotografiando la placa durante el proceso de aparición de la imagen. Ahí ya hay una especie nueva de simultaneidad entre el momento de la toma y el del revelado. Así, la foto que ves dentro de una imagen es la misma que está a su lado en el montaje final.

Es una especie de juego con el tiempo y el espacio. No es casual que a partir de ahí hayas comenzado a investigar el tema de los pliegues.

Puede ser, porque de ahí salió un desarrrollo muy fuerte sobre los pliegues. Pliegues, y combinaciones de pliegues con otros objetos, pliegues y flores, pliegues y pétalos. Y así continué, ensamblando y buscando formas geométricas, fotografiando mi vida con ese concepto de lo simultáneo y lo particular. Pudiendo ver cada unidad en sí misma y como parte de un todo a la vez.. Es más: en una ocasión tomé a cada grupo como una unidad e hice un gran montaje. Los expuse de tal manera que, como no estaban separados entre sí, conformaban una totalidad mayor, dentro de la cual podías empezar a ver desde lo más chiquitito. Con esa idea elaboré también un collage explicativo de cómo trabajaba Cézanne, que lo hacía por adición de colores.

Hay otra serie tuya en la que con imágenes muy abstractas se cierra un cuerpo de forma irregular pero simétrica.

Esas son paredes despintadas, como una referencia al hecho de que yo me inicié en la pintura. Allí trabajé sobre los descascaramientos de las paredes, que, al juntarse dan por resultado esa forma irregular pero entera, sólida. Y, al mismo tiempo, cada imagen interna es más fuerte que la exterior.

Actualmente, en el Salón Nacional, hay una obra tuya con un contenido más político. ¿De qué se trata?

Esto era un trabajo que yo hice en el año 93, una época en la que le pegaban a los periodistas, te acordas? En esa época yo hice una muestra de 10 obras que eran todas celeste y blanco. Esto empezó porque los días patrios yo salía a sacarle fotos a los “escarapelineros”, y con esas fotos armaba banderas hechas de muchas escarapelas. Para mí eso era la piel de la patria: si cada uno de nosotros nos veíamos como una de esas escarapelas se armaba la “gran bandera”. Me interesaba revalorizar los símblos; y los símbolos internos de la patria, porque todo lo que nos era dado, era un chamusque, entonces había que empezar por otro lado…. porque, ¿quién grita Argentina, Argentina? ¡Sólo cuando hay un partido de futbol! Así fue que un 25 de mayo, tomé una foto de un toldo, que en realidad no era celeste: era gris y blanco, pero como el día era tan diáfano y tan celeste el cielo, el polaroid salió de ese color. Encima era sobre la Av.9 de Julio, y con esa reja plateada por delante: era definitivamente una imagen para incorporar a esta serie. Después, siguiendo con esa idea llegué a las momias, que es un trabajo que en el 93 se llamó “Patrimomias”, pero después de siete años lo modifiqué: es más cuadrado y le cambié una letra. “Patrinomias”, combina patria y con “anomia”, que según el diccionario es “estado de aislamiento del individuo o de desorganización de la sociedad debido a ausencia, contradicción o incongruencia de las normas sociales”. Más justo, imposible.

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