La Liga extraordinaria

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La última película de Sean Connery reúne en sus filas, a algunas de las figuras más particulares de la literatura, proponiendo para los fanáticos una adaptación del comic que se interpretará con reservas.Héroes eran los de antes…

por Sebastián Montagna

Los cambios de centurias, suelen presentarse como un vértice en los flujos de la historia. Suicidios en masa, falsos profetas que predicen el fin de los tiempos y sobre todo muchas esperanzas de que lo que venga, sea más provechoso de lo que se deja atrás, pudieron ser elementos comunes que experimentaron cada una de las distintas épocas. Pero el fin del siglo XIX no sería uno más ya que una fuerza desconocida, pretende que ese cambio de siglo sea el último para el mundo libre…

Basada en la novela gráfica de Alan Moore y Kevin O’neil, La Liga Extraordinaria – o La Liga de Caballeros Extraordinarios, como debería haberse titulado en realidad – reúne en sus filas, a algunas de las figuras más particulares de la literatura, proponiendo para los fanáticos una adaptación del comic que se interpretará con reservas, aunque sin embargo, luego de marginar algunos baches narrativos, el filme se sostiene constantemente en una devenir de adrenalina que hará su visión en pantalla grande, una de las más recordables del año.

A nivel argumental, no puede decirse que sea una de las producciones más logradas del año. Para ser más claro, el espectador no debe pretender concurrir a la sala a ver una profunda novela psicológica, que ponga de manifiesto una crítica a las facciones liberales que pretenden dominar el mundo, utilizando la política de libre mercado como escudo protector – cuando vean la película, entenderán por qué-, porque simplemente, ese no es el objetivo primario del filme… Esta vez, los pochocleros están de parabienes, seguramente serán los que más la disfruten.

Casi desde el inicio, un presente sombrío que tiñe el cambio de siglo, permite sumergirse en una atmósfera que muy pronto estará cubierta de disparos, persecuciones, explosiones, ciudades que se derrumban, mortíferas batallas y miles de millones de efectos visuales – algunos muy burdos en mi humilde opinión -.

Nuevamente, como parece ser característica indispensable en este tipo de género, las mejores interpretaciones escapan de los grandes nombres y las amplias marquesinas. Son destacables las actuaciones de Peta Wilson, a la que sin dudas se le puede atribuir una de las mas logradas mujeres vampiro del 7° arte, la doble figura del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde encarada por Jason Flemyng y el vanidoso Dorian Gray personificado por Stuart Townsend, que asistidos por una amplísima gama de efectos especiales, sobrellevan las características de sus papeles agraciadamente. Sobre Sir Connery, no me permitiré exponer un juicio de valor, los años sostienen su presencia en cualquier filme.

Lamentablemente pocos son los guiños que logran confundirse en una trama sin muchas sorpresas y aunque en varias oportunidades se pretende sacar a la superficie un hilo conductor vinculado al pasado, presente y futuro de los personajes, todo esto se ve empañado por la principal propuesta que el film tiene: entretener.

Nota publicada en Leedor el 11-9-2003