Balzac y la pequeña costurera

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El film se centra en los tiempos de la Revolución Cultural China. Más exactamente en la situación de “reeducación revolucionaria” a la que eran sometidos los hijos de familias acomodadas, los cuales eran confinados a pasar temporadas enteras en remotas zonas rurales, llevando a cabo las mismas tareas que los curtidos campesinos (idealizados intérpretes, estos, del dogmatismo maoísta). Balzac, Mao y un chino afrancesado

El film se centra en los tiempos de la Revolución Cultural China. Más exactamente en la situación de “reeducación revolucionaria” a la que eran sometidos los hijos de familias acomodadas, los cuales eran confinados a pasar temporadas enteras en remotas zonas rurales, llevando a cabo las mismas tareas que los curtidos campesinos (idealizados intérpretes, estos, del dogmatismo maoísta). Pero la pretendida crítica a lo totalitario del régimen se queda empastada, en una mirada simplista, estereotipada, que no aporta demasiado a dilucidar, a entender los conflictos en las subjetividades individuales, subyugadas por el colectivismo impuesto. Solo enfoca, la pretendida crítica (porque de eso se trata, también hay un triangulo amoroso, pero la historia se centra, se orienta en una crítica pretendida), los aspectos más mediatizados, más evidentemente reprochables, más explícitamente visibles de un régimen (pretendidamente) comunista. Se estanca en el analfabetismo del campesinado, en su brutalidad, en su irreflexividad, en lo deseosos que aparentan estar de novedades, de elegir entre varios objetos, vestidos, aparatitos electrónicos, en suma, por lo que cree el autor que es la libertad. La moda, la tecnología, y claro Balzac, la literatura prohibida, como elementos que desde su escasez denotan la falla, el error, lo humanamente ilógico, del totalitarismo. Además, claro, del cuasi campo de concentración en donde los cuasi humanos (sobre)viven.

Y no se crea que mi intención es defender un régimen totalitario (hoy no), pero existe una latente exacerbación de lo brutal, y casi infernal que puede resultar la vida comunitaria, que desarticula la crítica, que la desactiva. Tal mirada no hubiera tenido semejante tono desventajoso para el devenir del relato, si se hubiera al menos sugerido las condiciones de
posibilidad de tal situación, las características no restrictivas, interiorizadas, comunales, que de aquel régimen también se derivan. Existe (no doy más vueltas) una mirada liberal, occidental, del mundo comunitario, oriental, de la China de Mao. Y es precisamente un chino el autor del relato, y el director del film. Incluso la historia tiene ribetes autobiográficos, es decir, el que escribió la historia (que las ventas en Francia la llevaron a ser una de las más vendedoras, best sellers que le dicen), y que después la filmó (con capitales franceses), pasó, (sobre)vivió, dicha reeducación revolucionaria campestre relatada. Y no se trata de la pedantería de creer saber más que quien vivió los hechos que narra, sino de comentar la percepción ante dicho relato de la presencia de capas obnubilantes que impiden un profundo acercamiento al hecho vivido. Se respira un tono entrecortado, desfasado, discontinuo. Y a pesar de ser estas últimas características aparentemente positivas en el narrar sobre situaciones humanos, en Balzac y la pequeña costurera china aparecen en forma de sospecha, de desconfianza, de suspicacia.

Pero también, había dicho, hay un triangulo amoroso. Y quizás en esta parcelada mirada del film pueda encontrarse lo más interesante. Los dos muchachos que arriban a la aldea para ser reeducados revolucionariamente, terminan de alguna forma reeducándose sentimentalmente. Y es la sugerente pequeña costurera china del titulo la que los lleva por el sendero de este (re) aprendizaje.

Una sutilmente engendrada historia de amor comienza a fluir entre los tres, atravesada por el lirismo de la rebeldía (propiamente adolescente, e intensificada por el manto de prohibiciones que los atora), y del arte (en la música exhalada por un violín pseudo leninista, en el cine comunal visto y vuelto a relatar en historias que se reconfiguran para un público -aparentemente (y vuelven las apariencias)- ávido de fantasía, y en Balzac, claro, y los demás autores vedados -muchos occidentales, algún que otro chino-) Y el marco de un paisaje bellísimo -concepto de belleza burguesa, diría el implacablemente estúpido reeducador revolucionario, pintado por Dai Sijie-, que luego sufrirá los avatares capitalistas de la China actual (lo inundan para la construcción de una represa), hace de marco bucólico y subyugante para que el relato se asiente, y encuentre su forma.
El filme de Dai Sijie termina viéndose acorralado entre el juego de tensiones que él mismo genera. A una mirada obturada, cosificada, prehecha del régimen maoísta, se le opone el virtuosismo del narrar un triangulo amoroso plagado de incertidumbres, de insatisfacciones, o lo que es lo mismo, de humanidades.

Sebastián Russo
Estrenada el 4 de septiembre del 2003