Murgas y murgueros

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En Buenos Aires el carnaval ha muerto y las murgas y los murgueros que nos presenta Mouján se perciben simplemente como una tergiversación del verdadero sentido y vivencias de una fiesta popular pagana.
Por Armando D´Angelo

Murgas y Murgueros” se constituye en una contribución valiosa de lo cultural y más cuando este género de representación artística debe enfrentar el desprecio de algunos otros segmentos de la comunidad que la consideran grasa o de mal gusto en cuanto a su estética.
Pero además refleja desde los testimonios de los protagonistas la historia reciente, prohibiciones que debieron sufrir también desde gobiernos dictatoriales.

A los señores del poder les preocupaba impedir la reunión del pueblo en fiestas populares tradicionales y más cuando las letras y los sones de las canciones que se entonaban en ese ámbito se referían irónica y satíricamente a sus tropelías y poseían la cualidad de ser pegadizas y gustosas de ser repetidas por el pueblo.
Podría pensarse entonces “La Murga” como el canto y el baile del y para el barrio y desde allí algo así como la posibilidad de volver a leer nuestra realidad cotidiana desde una perspectiva picaresca desde un espacio casi semi privado.
Pero no piensen que sus acciones se acercan ni en mucho al auténtico espíritu carnavalesco. A mi pesar, debo decirles que al menos en Buenos Aires el carnaval ha muerto y que las murgas y los murgueros que nos presenta Mouján los percibo simplemente como una tergiversación del verdadero sentido y vivencias de una fiesta popular pagana.
Quizás la intención del director no fue hablar del Carnaval sino simplemente dar cuenta de cómo desde distintos barrios porteños se vive como tal esta degradación de una propuesta que en sus orígenes no establecía diferencias entre actores y espectadores y en la que pensar simplemente en la constitución de la escena significaba destruir lo carnavalesco.

Muy bien lo indica Mijail Bajtin en su texto (1): ” . . . Los espectadores no asisten al carnaval, lo viven . . .”.

Creo que los testimonios que recoge Mouján al menos ponen las cosas en su lugar.
En realidad las “Murgas y los Murgueros” representan al fin los límites con que se experimenta el carnaval por estas latitudes y en estos tiempos. Es decir, sólo nos permitimos hasta la posibilidad de disfrutar de coloridas compañías de teatro callejero.
Ante estas circunstancias que me exasperan y la pasividad de un realizador que reconozco como consciente de lo que ocurre y que no sugiere desde su proyecto ninguna conducta para unirnos en la próxima fecha del calendario que marque la aparición de las murgas y en medio de su procesión íntima y desenfrenada por mostrarse, exigirles más a estos héroes de la resistencia y rechazar al mismo tiempo nuestro rol de simples espectadores y sugerirles desde el afecto y el reconocimiento del pueblo que dejen a un lado su ego . . .
Les digo, no sé. . . y me pregunto: ¿por qué me tengo que hacer cargo de las faltas de preguntas del film?.
Este es un tema complejo que excede las voluntades individuales y que pienso tiene más que ver con la dinámica de las sociedades en su conjunto y la forma de experimentar el tiempo que nos toca vivir.

Y si el film no brilló por más que el tema daba para ello es porque el director no supo como sobreponerse y diferenciarse de los testimonios.