La mirada de los otros II

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Un director se queda ciego en medio de un rodaje mainstream, y trata de continuar su película sin que lo noten los demás… la idea genial de La mirada de los otros busca un final felizBuscando el final feliz.
La mirada de los otros, de Woody Allen.

Por Raúl Manrupe

Lo primero que podemos decir de La mirada de los otros (Hollywood Ending), es que uno sale contento del cine.
Todavía hacen falta tontos finales felices como el de esta película.
En tanto, Woody, el envejecido Woody, aprovecha para seguir compartiendo con nosotros una obra autobiográfica cada vez menos alejada de la realidad y cada vez más literal. El director de cine que encarna en este film ?Narra como ninguno la ciudad de Nueva York?, ?Tuvo su momento de gloria hace una década? ?Qué sería de mí si no existieran los franceses? y hasta tiene afiches en su casa que recuerdan explícitamente las películas del Allen real(podemos ver uno muy muy parecido al de Manhattan). Lo mejor de la película es su idea central;un director se queda ciego en medio de un rodaje mainstream y trata de continuar su película sin que lo noten los demás. Ya habíamos tenido el tema de la ceguera presente en Crímenes y pecados, historia pesimista acerca de la fe humana en la que el rabino (Martin Landau) iba perdiendo la vista y el filósofo saltaba por la ventana. Aquí no hay nada de negritud, salvo la privación psicológica de la visión del conflictuado personaje (con algo del Saramago de Ensayo sobre la ceguera).
Todo comienza marchando mal y terminará, luego de varias vueltas, arreglándose a la manera antigua. Esto justifica como licencia, lo que es cada vez menos creíble; que el personaje de Woody, anciano, torpe y falto de talento ?en ningún momento de la película vemos muestra alguna de su talento artístico y sí constantes evidencias de su torpeza y falta de criterio- pueda provocar que mujeres hermosas, jóvenes y exitosas ?concretamente una ex esposa- se jueguen por él o que mujeres hermosas y ambiciosas vivan con él para conseguir un papel en una película. Algo que cuadraba bien en el Allen de cuarenta o cincuenta años, pero que hoy queda un poco fuera de sincro con su realidad. Pero al fin se trata de un personaje, el suyo y la película es de Woody Allen de punta a punta, centrada en su burla a Hollywood y sus códigos actuales. También es una película acerca del amor y la confianza: las relaciones con la ex, con el representante, hasta con el hijo post adolescente transmiten un mensaje de confianza, más allá del cumplimiento o no de reglas o buenos desempeños. Aquí el exitismo no tiene lugar y ahora sí la fe en el otro, sea como sea: torpe, fracasado o incapaz de ver lo que se le presenta a pocos centímetros de la nariz. No sólo en las relaciones amorosas la película es un volver a vivir y rescate de la juventud. Las situaciones de humor reflotan lo mejor de aquel espíritu burlón que hicieron de Allen un referente de los años setenta. Si a esto le sumamos algo de poesía ?la escena en el Central Park es especialmente romántica y encantadora y algo de nonsense en el último minuto,
tendremos otro film más del autor como par disfrutar con los ojos bien abiertos.

Leé la critica que hizo Armando D ángelo: de La mirada de los otros

Publicado en leedor el 9-8-2003