Irma Vep

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Estreno del: 31 de julio de 2003.

A siete años de haberse realizado y a dos y medio de haber sido exhibida por primera vez en las pantallas porteñas durante el marco del 3er. Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, en la sección panorama, donde quién escribe estas líneas tuvo el placer de descubrirla; se conoce comercialmente en las salas de nuestro país Irma Vep, película de culto de Olivier Assayas quien más tarde alcanzaría el reconocimiento mundial gracias a la exquisita Fines de Agosto, Principios de Septiembre y sobre todo por la excelente Los Destinos Sentimentales (2000), nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Ahora calificar de genio a este artista resulta francamente de una obviedad perezosa. El asunto pasaba por jugarle unas fichas en el ’96 cuando a más de uno dejó boquiabierto con esta obra que exige activa participación del público a quien se le da en el final de la proyección la magna responsabilidad de adjudicarle un cierre a lo que ha presenciado. Se sacude con tremendo impacto el rol pasivo de la persona que solo va para acomodarse en la butaca. Pobre de aquel que esta -mal- acostumbrado a la media de productos que renuevan las carteleras cinematográficas jueves tras jueves, todos digeribles y olvidables, de fácil y veloz asimilación. La bienvenida -re- activación de neuronas para lograr complementar la película con las vivencias y conocimientos propios de uno mismo multiplican infinitas posibilidades, convirtiendo la experiencia en un deleite fascinante que raya en el masoquismo, porque aquí sin dolor y esfuerzo, no hay felicidad.

Por algo se iconiza a la actriz hongkonesa Maggie Cheung como estampa de la modernidad retro en la amalgama entre oriente y occidente, como un poema salido de las mejores canciones de Robert Smith o Siouxsie, vestida con un traje de cuero negro propio de la fantasía virada hacia el sadomaso, en la que ella como mujer dominante, se impondrá haciendo desvariar tanto a hombres como a mujeres por las más impensadas tribulaciones. Haciendo de ella misma -quién por entonces solo era reconocida irónicamente como la damsel in distress de las películas de Jackie Chan y que ahora ha sido inmortalizada por esta cinta y la de Wong Kar-Wai, Con ánimo de amar (2000)- desde su humildad y paciencia infinita como reconocidamente orientales, gradualmente se irá compenetrando para interpretar al personaje que da título al film, anagrama de la palabra inglesa para designar a los vampiros, convirtiéndose en una femme fatale que no se detiene cuando ya el director gritó corte; fagocitando y extrayéndole hasta la última gota de su sangre en una de las metáforas más complejas e hipnotizantes que nos haya sido regalada en la pantalla grande.

Prueba irrefutable de este encanto narcótico a través de una dudosa y borrosa línea entre la ficción y la realidad es el casamiento del realizador con su musa en el ’98, que se quedó prendado de ella cuando la lente de la cámara le contagió los sentimientos. Aunque la broma macabra y perfección que el tiempo le a dado a este vino añejo está en otro dato real. Cheung abandonó el año pasado al realizador francés. Caso serio de promesas sobre el bidet.

Inspirado a partir de su participación en Francois Truffaut: Portraits Volés (1993), y tomando como punto de partida del realizador de Los 400 Golpes (1959) su inolvidable Noche Americana (1973), Assayas propone como opción para el espectador avezado un tour of force por la producción y la realización cinematográfica de un film a cargo del apócrifo RenénVidal -interpretado por el ícono de la nouvelle vague Jean Pierre Léaud- un director conflictuado y decadente que ha perdido los laureles que con su obra pretérita supo ganar. El hecho de aceptar hacer una remake de un clásico insoslayable del período del cine mudo francés como lo es el serial de Louis Feuillade, Les Vampires (1915) denota en el personaje un entusiasmo que no va hermanado para nada con el talento que supo ostentar otrora. Y sin embargo ese amor por el cine es lo que contagia cada fotograma de este film en el que el equipo técnico podrá ser idóneo pero a la hora de laburar si no suma corazón a su profesionalismo solo se obtendrá como resultado un producto… y no cine. Una ecuación que no es exclusiva del mainstream, donde la industria esta manejada por abogados y contadores.

Irma Vep entonces se convierte en axioma para nuevamente exponer la idea de ponerle punto final al jurásico debate del cine comercial contra el cine independiente, del mainstream versus el cine de autor. Tanto en uno como en otro hay películas excelentes, buenas, mediocres y malas. Y para cada uno, existe un público determinado, más allá de la masividad, medida farisea si las hay. Todo se resume en la combinación de intenciones, talento, responsabilidad y entrega. Construyéndose la ficción del work in progress al recurrir al cine dentro del cine, la película de Assayas no se queda solo con la catarata de cruces de relaciones interpersonales, las referencias y los apuntes cinéfilos o las actitudes dieldras y obsesivas. Su film oscila entre la incertidumbre del desencanto y la fascinación por una victoria breve que provocan al espectador constantemente, generando aceptación o rechazo, estableciendo rapport o desconcertando de forma arbitraria.

Leo A. Oyola
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