La carta robada

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En el cuento La carta robada de Edgar Allan Poe tenemos un rey, una reina y un ladrón de secretos reales.Lo que no quiere el rey de la carta robada.

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Por Elena Bisso

En “La carta robada” de Poe tenemos un rey. La pregunta es ¿el rey se distrae? Sólo aparece nombrado, sabemos que está unido en matrimonio a la reina y es un matrimonio real, atávicamente garantizado por la divinidad. Y para un matrimonio tan permitido y habilitado, podemos suponer que debe ser un arte la emergencia del deseo.

La sospecha es que el rey de este cuento es un piadoso cónyuge, cuya posición en esta historia ha sido interpretada como la de un ciego, o una mirada que no ve nada , ¿o que no quiere ver? La policía que tampoco ve, es funcional al sistema. Quienes no ven algo protegen o preservan, por defecto. Bien pueden hacerse los tontos.

Tenemos a la reina, en su alcoba y en su tocador. Recibe una carta y al ser vista leyéndola se muestra confundida. La confusión la ve el ministro D, también funcional al sistema. El acto innoble e inescrupuloso, desfachatado como el de un niño en plan de robarle algo a un adulto, colabora con los misterios de la reina. Colabora en el sentido que los vivifica. La carta no queda entre dos, y expuesta en la alcoba del traicionado rey. Es que ya contamos con un ladrón de secretos reales.
Como la policía no está para desobedecerle al rey, y ver aquello que el rey no quiere que sea visto, porque él mismo no está muy interesado en verlo, tiene que recurrir a un investigador por fuera de la ley real.
El riesgo es que el ministro D se entorpezca y termine delatando un contenido que, aunque se desprende lógicamente en la narración que existe, podemos decir que no sería posible como texto, en tanto metáfora de lo femenino.

La carta, por clandestina e inquietante para la reina, la elevaban a la categoría de una mujer deseable. La carta robada hace a la reina una mujer, por lo tanto, deseable porque tiene un secreto real.

Y por esto, colabora con la economía matrimonial. ¿Por qué querría el rey saber si, en los ocultamientos, su reina se está volviendo interesante?

El contenido de la carta sigue siendo un enigma. Si se tratara de una metáfora del enigma de lo femenino, esa carta no tiene texto. Es una carta con un misterio sin letra. Es una carta en blanco, sin escritura. Sí la tiene el sobre, hay un destinatario cuya grafía es identificable. Pero en tanto secreto y femenino, no tiene escritura. Tal vez no debamos especular acerca del texto de la carta. En el relato no lo tiene, se estima que la reina, de ministro D y Dupin lo hayan leído, sin embargo al lector no le es revelado. Tampoco al rey, ni a la policía. Sólo lo conocen aquellos que no pertenecen a la esfera de la legalidad. Los lectores, el narrador, el rey y la policía quedamos por fuera del secreto.
¿Qué texto podría tener el poder que cobra en la historia este enigma? ¿Qué cartas podríamos imaginar en ese mensaje célebre y mudo?

El ministro D., creyéndose traidor, tal vez estuviera colaborando con un artilugio en una silenciosa trama de alcoba. Esto es, del rey poco y nada se dice, más que no ve. Pero tal vez se trate de esa ceguera mítica, la de Tiresias, una ceguera que porta un logos. ¿Un rey que soporta y desea que su reina sea una mujer?.

Publicado en Leedor 12-7-2003