Hulk

0
7

Hulk: Un videogame prácticamente, que no impacta. Rage against the machine

por Leo Oyola

A los fanáticos del noveno arte una virtud que se le reconoce es la de la paciencia para que se vea el arribo de uno de sus títulos al que vendría a ser el séptimo. Íconos de ya cuarenta años debieron de esperar a la tecnología actual para lograr ver sus hazañas realizadas en el celuloide después de tantas décadas de familiarizarnos en viñetas. Y si Spiderman (Sam Raimi, 2002) logra plasmarse después de los superlativos resultados de los fx de Matrix (Larry & Andy Wachowsky, 1999) al Hulk se le nota falta de laburo e implementación de una tecnología que lo haga más creíble.

Como ya se ha señalado desde este portal, esa picadora de carne que no para de facturar que es Hollywood hace rato que no logró evitar pecar adaptando historietas, lo que serían storyboards irresistibles para cualquier realizador idóneo. Y de coquetear -siempre hablando del Universo Marvel- con personajes chicos que les dieron sus buenos frutos -caso Blade y Daredevil– se pasó a los niños mimados –X-Men– con un cuidado que va desde la magnífica presentación con el nombre de la empresa conteniendo las páginas y páginas del título que se adaptó en lo que es un detalle de sumo buen gusto. Algún día sería interesante saber la verdad, aunque se la intuya. Porque a doce años del T-1000 de Terminator 2 (James Cameron, 1991), a diez del inicio de la trilogía de Jurasic Park (Steven Spielberg, 1993) e inclusive en la mismo temporada del… Canguro Jack, no se explica un producto terminado como la criatura de Hulk (Ang Lee, 2003), tan paupérrima para los cánones de la CGI actual, que sería rebotada de una en los estudios Pixar –Toy Story, Bichos, Monster Inc. y la inminente y deliciosa Buscando a Nemo– por ejemplo.

Definitivamente la Industrial Light & Magic no hace gala de sus pergaminos con este trabajo; y eso se debe sin lugar a dudas a una cuestión exclusivamente de tiempo, nunca tan tirano como lo puede ser en el cine. Mejor dicho, para los ejecutivos del cine. La leyenda contará que todo comenzó con la publicidad del Superbowl donde atónitos millones de espectadores cuya mayoría eran ansiosos fanáticos del personaje de cómic no podían creer lo que vieron y más tarde confirmaron en la oscuridad de una sala cinematográfica a finales de Junio de 2003. Nada parecido a los resultados alcanzados de un Robert Patrick que se fundía a líquido a voluntad o de dinosaurios que producían un terror escalofriante. Ni siquiera un canguro rapero de pelaje palpable. El queridísimo como célebre Dr. Banner al convertirse en su otro yo, infunde risa; y para nosotros, los extremos, llanto. Y al no lograrse ese salto en una transformación que es vital para la trama ya sea desde su impacto y obviamente desde lo verosímil, la transposición a la pantalla grande de la creación de Stan Lee -de cameo obligatorio compartiendo una escena junto a Lou Ferrigno, el fisiculturista devenido actor para la popular serie en sus cinco temporadas y las tres películas para televisión- no funciona para nada.

El film del taiwanés Ang Lee -director cuya firma inconfundible de sus obras pasa por rubricarla con una buena dosis de melodrama, sea este en el marco de la Guerra Civil Estadounidense como en Cabalgando con el Diablo (1999) o en el lejano oriente feudal de El Tigre & El Dragón (2000)- despliega en el opening y buena parte del inicio de un excesivo metraje en su duración, un buen gancho y esperanzas que jamás llegan a buen puerto. He aquí los puntos más altos del film. Donde la partitura de Danny Elfman, la fotografía de Frederick Elmes y el uso y abuso del split-screen lookean al sobrecargar la pantalla como una reconocible página de cualquier tebeo, plasmando el sentido de lectura occidental de una escena que comparte, gracias al picture in picture, una acción que se inicia y concluye simultáneamente y con todos los pasos intermedios en el mismo cuadro.

So Far So Good. Después viene el primer y gran escollo, que no es ajeno a la media de cualquier producto del mainstream contemporáneo: el guión. En esta oportunidad firmado por un terceto responsable del mamotreto más flojo de la etapa del 007 con Pierce Brosnan calzándose el smoking como lo es El Mundo No Basta. Agiornar una historia nacida en el seno de la paranoia de la Guerra Fría con asidero en obras clásicas de la literatura como Dr. Jeckyl & Mr. Hyde, Frankestein y La Bella y La Bestia, donde el debate clásico era catalogar al protagonista como héroe o villano, siendo su mayor antagonista él mismo obviamente no iba a ser una tarea fácil. Y aquí los muchachos además de reprobar, la pifiaron y mal, al introducir una variante Capuleto/Montesco entre los Banner y los Ross que jamás existió en el material original y que bien puede dar resultado en la pantalla chica vernácula en Soy Gitano o la celebrada aunque malograda Malandras. Encima todo oscila entre lo extremadamente naif -lo de los perros es bochornoso- y una tragedia de proporciones griegas, y esto último ajeno a la pluma del genial Peter David y su saga del Panteón para el Gigante Esmeralda. Ni hablar de la exclusión de Rick Jones que es para rajarse las vestiduras. El segundo gran problema de esta realización, es el apuntado con respecto a la transformación y permanencia en pantalla de la criatura. Un videogame prácticamente, que no impacta. Si Ud. levanta sus manos sosteniendo un joystick imaginario mientras el Hulk revolea tanques, derriba helicópteros o le hace la toma garrapata a un avión; al grito de tarde-piaste y concluyendo que la pasaba mejor con el game cube, el playstation o inclusive el jurásico atari, sabrá que perdió el dinero de una entrada, que hoy en día, es mucho.

Curiosa es la nostalgia al rememorar la citada serie de finales de los setenta y principios de los ochenta, con un Kenneth Johnson como responsable en la realización que más tarde volvería a dar en el blanco con V-Invasión Extraterrestre, donde el inmortal Bill Bixby solo con lentes de contacto blancas y su actuación ponía la piel de gallina en millones de espectadores mientras extreme close up de Ferrigno mostraban como sus biceps destrozaban camisas. Aún hoy -más allá del abanderamiento del retro- eso es más efectivo. Y si bien los presupuestos de la serie la obligaban a eliminar toda la parafernalia militar de vital importancia y presencia en los comics, ídem para Betty Ross, el aprobado esquema iniciado por El Fugitivo y después repetido en Kung Fu, funcionaba para este producto cuya muletilla dicha por el protagonista al Sr. McGee -periodista odioso y sensacionalista si los hay, solo Mauro esta arriba en la escala de quien abajo firma- la célebre “no soy yo cuando me enojo” se recicla y rescata para este envío que solo actúa como introducción con secuela ya pautada desde un vamos. Una lástima, ya que en esta se desperdicia un elenco de nombres impresionantes para este tipo de producción donde el australiano Eric Bana no cae -y perdón por la redundancia- tan bajo como en su rol de La Caída del Halcón Negro (Ridley Scott, 2001) pero sigue a años luz de su sorprendente Chopper; Jennifer Connelly después de ganarse el Oscar por su performance en Una Mente Brillante (Ron Howard, 2001) a duras penas logra jugar a su Betty de un halo dieldro antes que fariseo, mientras que el siempre competente Sam Elliott hace de taquito a su militar como Nick Nolte a su borracho, lo que da para cortar mucha tela en su sobre actuación que puede llegar a intuirse incluso como natural, viéndolo anárquico ante todo atisbo de dirección de actores.

Ahora quien escribe estas líneas, se retira con su bolsito al hombro silbando la inolvidable melodía del piano, con la misma tristeza que emanaba esa música camino a otra privada -la de Bandana ni más ni menos y la reputísima madre que lo re parió, que si bien acá se lo torturó a otro colaborador que está pagando su derecho de piso como lo es el compañero Anello que se pensó que todo iba a ser como su inicio con el pie derecho en X-Men 2, compromiso previo y profesionalismo obligan a ver Vivir Intentando– pensando que la revancha en este género puede venir de la mano de Stephen Norrington y su Liga de la Gente Extraordinaria de la que seguramente nos hablará el camarada Montagna en septiembre y a la que se le apuesta una ficha. De bronca, nada más, cuando uno vuelva a su depto. -alquilado- en lugar de agarrárselas con su mujer -villana invitada y hueso duro de roer- mejor será releer Futuro Imperfecto escuchando algo de lo bueno de Rage Againts the Machine, nombre de una banda que irónicamente resume el sentimiento hacia la película que hizo Lee y la mayoría de lo que ha devenido el cine actual en su dependencia hacia los fx: hay rabia, y mucha, contra las máquinas.

Publicado en Leedor el 26-6-2003