Nadar solo

0
13

Ua estética y una estructura narrativa minimalistas en un cine de características posmodernas, con el respectivo e ineludible culto a la nada.
Abulia cool

Por Sebastián Russo

Uno. Nadar solo está centrada en la vida de un chico de diecisiete años de clase media-alta argentina, regida por la soledad, la incomunicación, y el desaliento. En su nadar contra la corriente en un mar de inseguridades, y de falta de afectos.

Su novel director, Ezequiel Acuña, apela para ello, a una estética, y a una estructura narrativa, minimalistas, delineando un cine de características posmodernas, con el respectivo e ineludible culto a la nada. Filmada con exceso de una significación, que busca ser develada, pero para inmediatamente volverse vacía, sin sentido. Dicho exceso se evidencia en las constantes repeticiones de hechos (y cosas) aparentemente reveladores (como silencios, charlas desapasionadas, las frambuesas, el agua), pero que no fluyen, y parecen impostados. Una representación (no muy lograda) del sentido del sin sentido. La banda de sonido, a cargo del grupo Jaime sin tierra, da cuenta también de esta estética, con letras abúlicas y música despojada (pos Nirvana).

De todas formas Acuña logra escapar a la historia esperable en este tipo de películas: el viaje sin regreso a las profundidades de la nada. Por ejemplo, el protagonista se muestra menos rebelde de lo esperado, fiel a las características conservadoras del grupo social al que pertenece. Volviendo siempre a su casa, y no discutiendo con sus padres. Apenas algunos de sus actos logran apartarlo del estricto mandato familiar. Pero no hay un conflicto evidente, explícito. El retraimiento a actuar, la dificultad de tomar decisiones, es lo que caracteriza al protagonista, percibiéndose el intento del director de ampliar tal caracterización a la juventud de clase media-alta actual.

La película cae en ciertos estereotipos, como el del joven cool, moderno, desinteresado por todo, que le rinde culto al desalineo al vestirse, y al conversar seriamente de nimiedades. Representando jóvenes de escasas sonrisas, y mucha afectación (hay que destacar lo exageradamente afectada que aparece Antonella Costa, que lleva casi al autismo a su apático personaje). También resuena arquetípica la mirada sobre la clase social en la que se centra: mostrándola excesivamente reaccionaria, autoritaria y reglamentarista.

Dos. Película que se detiene en el individualismo, en la vida en presente absoluto, en la soledad, en la falta de diáogo, a través de la vida de un adolescente, pero diseminando tales carencias a la sociedad actual toda, Nadar solo no logra ser mucho más que una interesante ópera prima, con atisbos de sugestiva creatividad. La apuesta a esta estética (y moral) posmoderna, supera la historia que se quiere contar, dejando muy en evidencia la impronta del director, de su idea, disturbando el hilo de la historia, su coherencia interna y el interés que pueda generar.

Sebastián Russo
© Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción.