Matrix recargado

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Al no contar esta con el factor sorpresa, para Matrix Recargado, la apuesta inicial de superar lo generado por la primer entrega estaba perdida de entrada.
Por Leo Oyola

La Matrix original, la del ’99, es un film extraordinario donde sus realizadores no sólo hipnotizaron al público con audaces innovaciones visuales -siendo la más popular la técnica para captar el estado conceptual denominada como tiempo bala- que desde entonces han sido imitadas por innumerables comerciales, clips y películas, sino que también crearon un film de acción estimulante que cuestiona la esencia de la realidad y la identidad, iluminando las decisiones que debemos tomar y las fortalezas y debilidades que nos obligan a tomarlas.

Desempolvando apuntes de filosofía elemental de los grandes pensadores griegos; los hermanos Wachowski eligieron como punto de partida el paradigma de la línea de Platón. De la idea de la existencia de dos tipos de mundo -el sensible y el inteligible- la ficción de la película propone dos realidades: una en la que vivimos diariamente, virtual -un sueño- denominada matrix, y otra -que está en el transfondo- que es la verdadera. Y así como existía un único esclavo que se liberaba de sus cadenas y llegaba hasta la luz del sol en la alegoría de la caverna, el Neo de Keanu Reeves buscando la verdad sobre la matrix, se levanta como el hombre iluminado, como el elegido para acabar con todo este sistema opresor.

Thriller futurista de acción que regodea la mirada del espectador con imágenes que -mediante fx y trucajes digitales computarizados- logran un animé protagonizado por actores de carne y hueso; a la altura de clásicos del género cyberpunk siendo Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) una notable influencia; con secuencias de acción de elegancia y poesía propias de cualquier film hongkonés de género -mérito que comparte la slow motion con el maestro de coreógrafos Yuen Wo Ping- sus efectos especiales extraordinarios, peleas de kung fu, armas de fuego en cantidades geométricas, el nü metal y el tecno, las acrobacias de propios actores y stunt masters, además de las piruetas que la cámara de Andy & Larry Wachowski realiza para registrar todo esto, conformaron las grandes sensaciones de una realización con la que los directores confirmaron su condición de ser cineastas a seguir (ver Bound -Sin Límite, su opera prima). Conociendo al dedillo los códigos del tokutatsu -animé de aventuras y ciencia ficción- lograron una transposición en el género. Un intercambio justo -de doxa y episteme- con el hemisferio oriental, teniendo en cuenta que Katsuiro Otomo dejó con los ojos redondos a más de un compatriota suyo cuando sostuvo que en Akira se veía reflejada su pasión por los westerns de Sam Peckinpah.

Tal vez el elemento que la hace tan fascinante es su densidad que inspira innumerables interpretaciones ahí donde la mayoría de las películas intenta proveer una respuesta al público, esta es un enorme interrogante sin respuesta aparente ya que alusiones informales sirven como vías hacia bosques enteros de pensamientos; temas entrelazados de mitología, filosofía, tecnología emergente, psicología evolutiva, obras de literatura desde Carrol y su Alicia en el País de las Maravillas hasta Baudrillard además de las referencias teológicas que más que liberan obligan a la mente para que esta pueda considerar una multiplicidad de verdades. Tantos resultados positivos -a los que debe sumarse la obvia explosión en la taquilla a nivel global- motivaron una secuela hartamente esperada por los fanáticos ganados como consecuencia de aquella experiencia pretérita y hasta se diría -si se permite la metáfora- casi virginal. La irrupción de Matrix finalizando el siglo XX sólo unos meses antes del emblemático año 2000 se convierte para toda una generación perteneciente al nuevo milenio en una religión propia a la iniciada por la saga de Star Wars un cuarto de siglo atrás.

Para Matrix Recargado, la apuesta inicial de superar todo lo generado por la primer entrega estaba perdida de entrada al no contar esta con el factor sorpresa que significó el gran ancho de espadas para triunfar en el mercado occidental; por lo que se optó como carta fuerte en Reloaded el exceso en lo que es mucho más fácil de digerir: el entretenimiento; deviniendo el resultado final en una experiencia agotadora tras el viaje por la montaña rusa a las que nuestras sensaciones son sometidas, cediendo la impronta de los Wachowski Brothers en el producto donde ganan protagonismo el citado Wo Ping y el supervisor de fx John Gaeta, linkeando además a la serie hacia otros productos de su factoría como el corto El Vuelo Final de Osiris -el primero de nueve proyectos conocidos como The Animatrix que se editarán directamente en video- cuya misión desencadena la trama de esta película; y Enter The Matrix, el game donde se desarrolla la misión de la capitana Niobe (Jada Pinkett Smith) y Ghost (Anthony Wong) de la que aquí no se ve ni un solo fotograma por más que se la nombre.

En Reloaded se repiten los aciertos de realización impecables en detalles como el vestuario y la partidura de Don Davis a las que se suman los dj de rigor y el sonido industrial del momento que tan bien le calza al sci fi como lo es el nü metal. Se remite con esto a simetrías con el producto original, de la que se destacan en su estructura la iconografía de personajes excelentemente logrados como el carismático Morfeo (Laurence Fishburne), la cybersix de flesh & bone que es la Trinity de Carrie-Anne Moss y el mesiánico Neo (un estoico Keanu Reeves), santísima trinidad de esta religión a los que se suman aliados y antagonistas ya conocidos con grandes hallazgos como lo son la aparición de programas sui generis como el hilarante Merovingio de Lambert Wilson, su traicionera esposa y su séquito; el entrañable cerrajero de Randall Duk Kim más el enigmático Arquitecto que después de exactas dos horas de película cuando irrumpe en pantalla coloquialmente hablando le come el coco al público que venía de una secuencia de acción tras otra sin descanso alguno. Para la antología del fanático quedará el combate de Burly Brawl (Neo contra los cien clones del agente Smith), la persecución en la carretera, los mellizos albinos guardaespaldas del Merovingio y la patada de escorpión de la sex symbol y femme fatale de la serie, la adorada Trinity; pero para el análisis más cauto de esta primera parte de un film que concluirá cuando se vea Revoluciones -la tercera y conclusiva entrega de la serie ya que Recargado finaliza con un cliffhanger más vergonzoso que el de la segunda de Volver al Futuro (Robert Zemeckis, 1990)- sólo queda marcar una de las máximas del cine nipón que en esta oportunidad ha sido obviada: siempre menos es más. En esta oportunidad Matrix pierde porque al ponerle todo el énfasis a los chiches se descuida uno de los aspectos mrimordiales en cualquier realización sea de cualquier género o geografía: el guión. Lo que no quita que sea un pecado no verla en cine.

Leo A. Oyola

Publicada el 22-5-2003