FIGLI

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dictatorialmente por las fuerzas militares, engendró un sistema de matanzas, torturas y persecuciones hacia quienes se creía, podían desestabilizar el orden impuesto. Dentro de esta siniestra operación sistematizada, la apropiación de bebés nacidos en cautiverio y su entrega, en muchos casos, a militares para su crianza, aparece como un hecho que, más allá de su ilegalidad, deja entrever profundas connotaciones simbólicas.

Figli/Hijos (Italia/Argentina, 2002)

Dirigida por: Marco Bechis
Protagonizada por: Carlos Echeverría, Julia Sarano, Stefanía Sandrelli, Enrique Piñero, Antonella Costa
Escrita por: Marco Bechis e Lara Fremder
Duración: 93 minutos
Categoría leedor: AEIR (Anodino e inofensivo relato)

Uno. El estado argentino, durante los años 1976 y 1982, gobernado

dictatorialmente por las fuerzas militares, engendró un sistema de matanzas, torturas y persecuciones hacia quienes se creía, podían desestabilizar el orden impuesto. Dentro de esta siniestra operación sistematizada, la apropiación de bebés nacidos en cautiverio y su entrega, en muchos casos, a militares para su crianza, aparece como un hecho que, más allá de su ilegalidad, deja entrever profundas connotaciones simbólicas. La sustitución de los progenitores, la modificación brusca en la forma de crianza bajo nociones de vida aparentemente opuestas, parecería haber sido una manera de asegurarse hombres del mañana “sanitos”. Y en esta madeja simbólica, el estado, interfiriendo en lo más íntimo del individuo, seleccionando quienes darían las normas básicas de vida, eligiendo padres. El conflicto identitario, ya no solo de una sociedad toda buscando sus raíces, sus huellas de verdad, sino de cada uno de aquellos que atravesaron esos fatídicos años totalitarios, en los que la identidad, el ser, el imborrable y afectivo pasado individual, podía ser trastocado, avasallado, fundando en ésta vejación un futuro de heridas abiertas, de dudas persistentes, de imposibilidades de producir cimientos para construir una sociedad medianamente firme, cohesionada.

Dos. Esta sensible temática es la que aborda Figli/Hijos, y dicha sensibilidad (social, individual, histórica) hace que el tratamiento deba ser de una responsabilidad quizás más atenta que en otros temas. Y ser responsable, no significa, no ser crítico, no ser creativo, no ser arriesgado. Significa que se debe tener particular cuidado en no mancillar

un imaginario social con miradas, o exageradamente panfletarias, o reprochablemente indiferentes, inofensivas. La nueva película del director de Garage Olimpo (1999) no logra escapar a la tentación de estos extremos. Y su mayor conflicto parece justamente el tratar un tema con excesiva carga social, frecuentemente abordado, y muchas veces vilipendiado. Y el conflicto surge por no poder librarse de estos estigmas, por no poder desprenderse de los estereotipos que reverberan cuando de “desaparecidos” se habla. Reproduciendo un típico discurso que de repetido, pierde eficacia política, mistificándose, deshistorizándose. Incluso la construcción de los personajes, sus características, sus actividades, no logran abandonar los prejuicios, las prefijaciones, los lugares comunes que tan poco ayudan a la reconstrucción de aquella (ésta) época, y sus conflictos.

La historia que el mismo Marco Bechis escribió, no encuentra rumbos que la liguen a una credibilidad anhelada para narraciones de este tipo. Hasta parece ser forzada, exigida para poder incluir en ella el tema que Bechis quiere contar. No fluye, no logra consistencia. Y estas falencias quizás tengan su origen, en un notable

desbarajuste interpretativo. Con una Julia Sarano, curiosamente protagonista (y en esta elección Bechis estuvo lejos del tino de otorgar a una ignota Antonella Costa el principal papel de Garage Olimpo), con demasiados minutos en pantalla, demasiados para aturdir con su exacerbada afectación. Junto a ella un correcto, aunque apremiado por las densidades incoherentes del guión, Carlos Echeverría. La nota distintiva la otorga una Stefanía Sandrelli, que poco puede hacer para desenvolverse con su apasionamiento y sutileza habitual.

Tres. La película es una coproducción Italo argentina. Y pareciera que solo esto explica el hecho de estar filmada en Italia, y el caótico ir y venir del idioma italiano al castellano, que únicamente logran aportar más confusión. El final genera una insospechada complejidad. Una marcha de la agrupación HIJOS, con el habitual objetivo de encontrar la justicia que el estado negó, intentado “escrachar” a un ex represor libre, le da marco de cierre a Figli/Hijos. Pero su presencia es inesperada, imprevista. Como si fuera una filmación casera, aparecen los protagonistas del filme, pero fuera de sus papeles, fuera de los personajes que intentaban representar. Un curioso salto cualitativo, emotivo, pero insustentado. Incluso, con cierto reprochable sentimentalismo, que termina por generar una oscuridad inteligible, no muy recomendable para un film con aparentes pretensiones de postura política sobre un tema.

Cuatro. Lejos de Garage Olimpo, Bechis no logra escapar de los estereotipos que envuelven los discursos pos dictadura, y que no consiguen desentrañar el conflicto de la identidad, ni de los hijos de desparecidos apropiados ilegalmente, ni de una sociedad, que necesita más que redundantes relatos, para enfrentarse a su pasado, y así a su futuro.

Sebastián Russo
Estrenada el 27 de marzo del 2003