Las horas

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“La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores”. Con esta frase comienza la obra que en 1925 le otorgó a Virginia Woolf su primer gran reconocimiento literario, “Mrs. Dalloway”. Densos latidos de humanidad

Uno. “La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores”. Con esta frase comienza la obra que en 1925 le otorgó a Virginia Woolf su primer gran reconocimiento literario, “Mrs. Dalloway”. Algo similar dice Clarissa Vaughan (el personaje
interpretado por Meryl Streep) a su compañera al levantarse de la cama. Ella misma compraría las flores para la fiesta que le haría a su amigo poeta, a raíz de un premio que este recibió por su último libro. Ella misma las compraría, y ella misma organizaría la fiesta para el hombre del cual estaba secretamente enamorada. Esa decisión de ocuparse en persona de tales cuestiones marcaba un cambio en su habitual proceder, un cambio que traería aparejado otros, y sus respectivas consecuencias. Ese leve movimiento, esa aparentemente minúscula modificación de un hábito, de una rutina, que provocaría un novedoso estado, una nueva percepción de lo que parecía estanco, estable. Ella misma compraría las flores, y una nueva subjetividad, una renovada apreciación de sí misma, y de quienes la rodean, y de la vida, la cambiaría, quizás, definitivamente.

Dos. “Mrs Dalloway” relata un día en la vida de una mujer relativamente común, que vive durante los años veinte en Londres. Woolf iba a titularla en un principio “Las horas”, en relación al constante avanzar del reloj, que como angustiantes latidos obsesionaban la espera de la protagonista por la fiesta que había organizado. “Las horas” se tituló finalmente, el libro de Michael Cunningham publicado en 1998, el cual ganó premios de gran reconocimiento (el Pulitzer entre otros), y del cuál se basó Stephen Daldry (Billy Elliot, 2000) para realizar su segunda película.

Tres. Hay tres mujeres. Hay tres épocas. Hay un libro que enlaza. Virginia Woolf (interpretada por Nicole Kidman) está comenzando a escribir “Mrs. Dalloway”, corre el año 1924, y está en una finca apartada de Londres junto a su esposo, ya que los médicos le recomendaron tranquilidad, debido a la inestabilidad de su estado psíquico. Laura Brown (Julianne Moore) vive en Los Angeles en la época de la pos segunda guerra mundial, su marido (John Reilly) es un ex combatiente, estructurado, rígido, que ama con devoción a su esposa e hijo. Laura es un ama de casa saturada de su vida, pero con suficientes represiones para no poder cambiarla. Esto es así hasta que comienza a leer “Mrs Dalloway”, libro que la perturba y transformará, quizás, definitivamente. Clarissa Vaughan (Meryl Streep) vive en el Nueva York pos Bin Laden, junto a Sally, su pareja, y está empeñada en organizar un festejo para su amigo poeta (Ed Harris) recientemente galardonado, quien la llama Mrs Dolloway, por tener el mismo nombre que la protagonista del libro de Virginia Woolf, Clarissa. Esa mañana decide que sería ella misma quien compre las flores para el agasajo, decisión que modificaría el estado de las cosas, quizás, definitivamente.

Cuatro. De una estética pudorosa, detallista, plagada de tonos pasteles y texturas gravosas, y de sonidos pulcros, armónicos, aunque repetitivos, agobiantes, la obra que conforma Stephen Daldry, es de una belleza angustiante, perturbadora. Entrelazando sutilmente la vida de estas tres mujeres, se inmiscuye en una particular mirada genérica (de género, femenina) en primer término, para adentrarse finalmente en la esencia conflictiva, ambigua del ser humano. Existe un clima, se percibe un ambiente, que no deja espacio a la calma, sino que sostiene una tensión que tampoco se resuelve, que nunca se explicita. Un denso compendio de miedos, frustraciones, pasiones, que no precipitan, sino que conviven con las decisiones cotidianas, con las rutinas más

vulgares, diarias. Una obra compleja, viscosa, pero trabajada con la maestría tal de transformarla en asequible, cercana.

Cinco. Virginia Woolf camina por un bosque. Mientras lo hace va colocando piedras en sus bolsillos. Su vestido largo, lánguido, se tensa por el peso de las piedras. Se acerca al río, comienza a introducirse en él, impávida, sin reacción. Sigue avanzando. El agua la cubre por completo. Muere. Con esta escena comienza Las horas, y cimienta el ansioso latir existencial que perdurará durante toda la película, y que quizás persista, definitivamente, en el espectador.

Sebastián Russo
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Estrenada el 20 de febrero del 2003