Las Confesiones delSr. Schmidt

0
13

Con solo tres películas como realizador -aunque en lo referido a su carrera como guionista merezcan destacarse un par más- y con apenas cuatro décadas de vida; se puede afirmar que el Sr. Alexander Payne es muy inteligente.

Categoría Leedor:DYCDPSSESAP&EGJN (damas y caballeros, dos potencias se
saludan: el Sr. Alexander Payne & el gran Jack Nicholson)

Con solo tres películas como realizador -aunque en lo referido a su carrera como guionista merezcan destacarse un par más- y con apenas cuatro décadas de vida; se puede afirmar que el Sr. Alexander Payne es muy inteligente. Y por eso no es su intención a la hora de ponerse detrás de cámaras repetirse mecánicamente sobre fórmulas que a su filmografía le han dado resultados altamente satisfactorios tanto desde el punto de vista artístico como del poco valorado pero siempre bienvenido entretenimiento. Los riesgos a los que accede al no pisar sobre seguro entregan en la pantalla grande un trabajo final francamente superlativo; donde el director que debutara con la corrosiva Citizen Ruth (1996) no vuelve a apelar a la estética clipera y la fragmentación de secuencias de la que abusara adrede en su opus dos, la tan celebrada como ácida Election (1999), ni incurre nuevamente en situaciones jocosas disparadas a través de la comedia física o el slapstick propiamente dicho que tan buenos dividendos le diera a Jay Roach con su script para La Familia de mi Novia (2000). En Las Confesiones del Sr. Schmidt (2002) Payne para su óptica elige impregnar en las imágenes captadas en cada uno de sus fotogramas esa melancolía otoñal tan propia de otro compatriota suyo imprescindible para el análisis del (buen) cine norteamericano contemporáneo: Wes Anderson, aquel que con Bottle Rocket (1995), Rushmore (1998) y Los Excéntricos Tenenbaums (2001) a través de un género como la comedia analizara al hombre -bah, al estadounidense- y a sus miserias sin jamás apelar al golpe bajo y con una altura insoslayable. Como Anderson, Payne bien sabe construir personajes y se demuestra ducho en la dirección de actores -la blonda Reese Whisterpoon le debe su salario actual después de su protagónico en La Elección- lo que deriva en un gancho irresistible para el cinéfilo a ultranza la dupla formada y el esfuerzo en conjunto que este realiza con una leyenda como Jack Nicholson.

En About Schmidt, Alexander despoja al gran Jack de toda una marca registrada del actor: su histrionismo; por lo que en la primera mitad del film este apela a un extenso catálogo de gestos -esto señalado como un piropo de lo más dulce para el intérprete de Barrio Chino (Roman Polanski, 1974)- que refuerzan la línea narrativa llevada adelante por la voz en off de nuestro personaje principal. Payne no tiene ninguna piedad como el propio Warren Schmidt al descubrirse como un perfecto desconocido una vez jubilado. En lo referido al aspecto físico, la imagen que el espejo le devuelve a un Warren que se niega a ser ese viejo que aparece ante sus ojos se ve resaltada por planos detalles contundentes. La desolación con la que se retrata su ciudad y ese último día de trabajo presidido por un reloj de pared a punto de concluir una rutina aparentemente inalterable son vehículos para el lucimiento de un Nicholson en un registro completamente opuesto al de su Melvin Udall de Mejor… Imposible (1997). Lejos de exhibir una máscara, la composición que realiza del personaje el idolatrado Jack es medida por una precisión suiza por parte de Payne, que hace transitar a Schmidt por todo un mundo de sensaciones que amenazan con ahogarlo ahora que el tiempo esta de su lado y aparecen esas preguntas que nunca antes estuvieron o no quiso responder cuando la duda se generó. Por eso resulta soberbia, entre tantas, la escena de la despedida por parte de sus compañeros de laburo y la incomodidad de Schmidt ante los agasajos. Como sus archivos -metáfora del trabajo de toda una vida- Warren es prescindible y antes que ser historia, su existencia es más propia del olvido. Pensando que el tipo ya posee todas las comodidades estipuladas por el american way of life de una clase media ascendente, la intención de este es pasar sus días de por medio sin hacerse ningún malestar hasta que llegue el inevitable encuentro con la parca. Esa idílica beatitud para Warren se ve troncada cuando aquella a la que Skay Beilinson le dedicó la Oda a la Sin Nombre se lleva primero a su compañera, la carta que tenía para ganar esta partida que planeaba jugar. Barajar y dar de nuevo, contemplando las diferentes opciones -antes que el remanido hollywoodense de volver a empezar y ser una persona nueva- es la consigna de Las Confesiones del Sr. Schmidt, la de un hombre que a esta altura del partido no esta para cambiar, aunque si pueda tolerar cosas que otrora lo hubieran sacado.

La segunda mitad de About Schmidt coquetea con la road movie logrando hilarantes aciertos como la cena con esos vecinos tan aparatosamente yankees o el rezo y pedido de perdón a su mujer en el techo de la casa rodante con una estrella fugaz y una señal de la cruz inolvidables. La cosa después transita por un deja vu no muy bienvenido con Meet The Parents -la película con Robert De Niro y Ben Stiller anteriormente citada que Payne guionizara- logrando ser digerido gracias a un elenco en los papeles secundarios de impecable performance en su mayoría -tales los casos de Hope Davis y un irreconocible Dermot Mulroney- y de lo mejor -como la de Kathy Bates con una naturalidad para hacer un topless pese a sus carnes y años en una secuencia para sacarse la mandíbula a carcajadas con una cámara

submarina que no se puede creer- siempre sin eclipsar a Nicholson de una entrega única, como su interacción con el omnipresente Ndugu -personaje que vale la pena que Ud. lo descubra en la pantalla grande y no en estas líneas- con el que se roban la película y más de una lágrima en un final desconsolante. Payne con Las Confesiones del Sr. Schmidt y como en sus restantes obras nuevamente resulta victorioso al bucear en implicancias sociales siempre tan pacatas de la boca para afuera en el país del Norte logrando una honestidad que inexplicablemente no posee a pesar de tantos reconocimientos un producto como Belleza Americana (Sam Mendes, 1999) que pudo ser la reina de la entrega de los premios Oscar de ese año pero solo se queda en un planteo de hipótesis que no se molesta en corroborar o refutar. About Schmidt nos muestra un modelo que no fue diseñado para aquellos que ya no son aptos para este universo. Toda una vida de trabajo es solo un engranaje más dentro de un sistema que devuelve como recompensa a tamaño sacrificio un universo de soledad infinita.

Leo A. Oyola
©Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción.

Estreno del 6 de febrero de 2003