La Llamada

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Gore Verbinski más que un realizador desconcertante pareciera ser un director dispuesto a demostrar que dentro de los grandes estudios es capaz de llevar a buen puerto lo que los ejecutivos pretenden, logrando colar un cierto toque de habilidad que lo convierte en una apuesta a tener en cuenta por parte del cinéfilo a ultranza, desconfiado e incrédulo de este tipo de hallazgos.
ojos de videotape

Gore Verbinski más que un realizador desconcertante pareciera ser un director dispuesto a demostrar que dentro de los grandes estudios es capaz de llevar a buen puerto lo que los ejecutivos pretenden, logrando colar un cierto toque de habilidad que lo convierte en una apuesta a tener en cuenta por parte del cinéfilo a ultranza, desconfiado e incrédulo de este tipo de hallazgos. Nuestro muchacho desembarcó directamente de la publicidad a la pantalla grande -casi una condición sine qua non para aprobar desde un vamos todo lo referido a los rubros técnicos de un producto made in hollywood- con Un ratoncito duro de cazar (1997), una completa delicia para grandes y chicos, donde Nathan Lane y Lee Evans mostraban lo mejor de sus dotes como comediantes en un film donde el humor con marcado compás en slapstick -pese a coquetear con esquemas propios de la saga de Mi Pobre Angelito- presentaba al roedor de turno como una mezcla del Bruce Willis de Die Hard y el gran Robert De Niro de Cabo de Miedo (Martin Scorsese, 1991) en un largometraje divertidamente desbordante y de una acidez que por tramos solo era disfrutable por adultos; con una Cuba surrealista y un Christopher Walken hilarante y de antología. En su segunda incursión detrás de cámaras, casi obligatoria cuando David Fincher (Pecados Capitales) abandonó su cargo, los resultados en la taquilla de La Mexicana (2000) no fueron los que sus altos jefes hubieran pretendido, desconcertando a más de un desprevenido espectador o más bien a la audiencia pasiva yankee que pretendía ver a Julia Roberts y Brad Pitt en la remanida trama de cualquiera de las que se clonan en cada comedia romántica que se genera en los EE.UU. donde esta pareja perfecta de stars desempeñó roles que jamás se le hubieran adjuntado a priori, brillando en el elenco el James Gandolfini que llegara a la masividad por su protagónico en Los Sopranos. Lejos, este fue el papel más bizarro de la Mujer Bonita ya afincada en la fama; y don Verbinski aquí se vio notablemente influenciado por el Oliver Stone de U’ Turn (1997). Para su tercera película, su relación con la Warner Bros. desembocó en una pesadilla que quedó casi inconclusa al perder el poder que tenía sobre su recreación innecesaria del clásico de ciencia ficción La Máquina del Tiempo, abandonando esta vez él la silla del director donde se sentó un impersonal Simon Wells -de quién se dice es descendiente directo del gran H. G.- para concluir una fantochada con Morloks y Elois que derivaban hacia El Planeta de los Simios, también revisada con resultados poco felices por Tim Burton. Pero esa, es otra historia.

La Llamada es la remake norteamericana -cuando no- de una obra de culto de terror japonés como Ringu (1998), que en su país de origen ocasionó toda una fiebre mediática que incluye además de su anticipada secuela una serie de televisión y hasta un manga. Esta versión occidental, en la que Verbinski se basa en los personajes aparecidos por primera vez en el libro de Koji Suzuki -el Stephen King nipón- aporta al mainstream buenas intenciones para un género siempre en terapia intensiva como lo es el terror; y sobre todo, el manufacturado en el país del norte. Eso sí, falla, en dos aspectos: el primero, al tornar la trama hacia un coqueteo innecesario con lo que es la consolidación de esa sagrada institución indivisible e inmaculada que es la familia (americana, of course) -pecado en el que también incurrió M. Night Shymalan en la muy buena Señales (2002)- en una bochornosa escena hacia el final de la cinta; y el segundo y peor, al tratar de hacer todo más digerible para las masas insistiendo en explicar psicológicamente ciertas cuestiones que en la original de Hideo Nakata quedaban libradas simplemente a cuestiones metafísicas y al aporte que quien la viera le pudiera brindar más allá de cualquier duda razonable. Un error, grosero, y de subestimación hacia espectadores de cualquier latitud, no solo la designada por la de sus paralelos y meridianos, en el que obligatoriamente caen todos ante las presiones del estudio imperante que pretende hacer todo más light buscando lograr captar el interés del gran público. Eso le pasó a Cameron Crowe y su Vanilla Sky (2001), adaptación de la superlativa Abre los Ojos (Alejandro Amenábar, 1998) que pese al imán que supone Tom Cruise no recaudó lo esperado. Cosa que The Ring si logró, superando la friolera de la barrera de los cien millones de la divisa de color verde.

En el arranque la sensación de deja vu con cualquier prólogo de la trilogía de Scream de Wes Craven o símiles de la misma factoría como la sobrevalorada Se lo que Hicieron el Verano Pasado o la paupérrima Leyenda Urbana -y sus respectivas secuelas pueden llegar a incomodar haciendo aventurar que estamos ante una nueva muestra fútil de teen horror movie. Nada más alejado de lo que vendrá. El trillado como efectivo sendero de historias sobre asesinatos y mutilaciones que les ocurren a personas comunes y corrientes que son conocidas directas de un pariente o amigo de quien las relata ya sea en un fogón, pijama party o donde la ocasión la amerite; deviene en anzuelo perfecto. Un VHS lleno de imágenes espeluznantes seguido

de una llamada telefónica prediciendo la muerte en exactamente una semana a la persona que lo vio, parece una broma. A lo sumo un rumor. Algo, que para que tuviera la vigencia del boca a boca evidentemente posee un asidero de verdad; y vaya si este no es contundente cuando se trata del deceso inexplicable de un ser querido. La sobrina de la protagonista halla el final de sus días de por medio, e instigada por su hermana -ella que es mujer y periodista, dos condiciones que potencian la curiosidad- se pone a investigar hasta que encuentra la tan mentada cinta de video, la observa e inmediatamente sabe que posee los días contados. No es joda. La situación la sobrepasa, y en esa cuenta regresiva el asunto pendiente antes de morir pasa por responderse así misma -y a nosotros- las cinco preguntas básicas o 5W, y si se puede lograr conservar la vida ante un hecho que escapa a toda lógica y razonamiento.

Poniéndose la película al hombro, la australiana Naomi Watts -descubierta en el Festival de Mar del Plata de 1999 en Strange Planet y ahora potenciada por su soberbia actuación junto a Laura Harring en El Camino de los Sueños de David Lynch- es la cabeza de un elenco impecable en el que cada uno se destaca en su rol, tanto los veteranos Jane Alexander y Brian Cox en breves como decisivas intervenciones, como el infante David Dorfman obligado a emular al sufrido Haley Joel Osment de Sexto Sentido, más las adolescentes Amber Tamblyn y Rachel Bella en la citada y tan mentada primer escena como la escalofriante Daveigh Chase con el cabello cubriéndole el rostro o no. Ud. ya lo verá. The Ring genera una inquietud cuya resolución nunca está a la altura de las expectativas creadas, algo que se le perdona como a los resultados finales de Mensajeros de la Oscuridad de Mark Pellington. Todo lo apuntado más los trabajos en la musicalización de Hans Zimmer y sobre todo la fotografía de Bojan Bazelli más el golpe de efecto de un pestañeo único donde uno puede ver el macabro final de quien es marcado para morir y la escalofriante escena de un caballo enloquecido en un ferry hacen aprobar en la calificación a La Llamada, no sin antes recomendar buscar en video obviamente la original, y ya que estamos, de paso recomendar Memento Mori de los coreanos Tae-Yong Kim & Kyu-Dong Min y Audition del nipón Takashi Miike; muestras de cómo el cine oriental fascina mediante el espanto aunque valga la pena aclarar que no todos los estómagos y espíritus estén preparados para ver estos tapes tan inquietantes como si se trataran del ficcional VHS macabro del film que aquí se reseñó.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 30 de Enero de 2003