Intuición Femenina

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Digámoslo de entrada: la comedia angloalemana Intuición Femenina es tan truculenta como cualquier producto mediocre hollywoodense que apuesta a conmover al público al que está destinado -obvio, las ladies- sacudiéndolo espiritual como emocionalmente no escatimando en golpes bajos para lograr el impacto inmediato.

señora de las cuatro décadas… con un amor despedazado en mil partes

Digámoslo de entrada: la comedia angloalemana Intuición Femenina es tan truculenta como cualquier producto mediocre hollywoodense que apuesta a conmover al público al que está destinado -obvio, las ladies- sacudiéndolo espiritual como emocionalmente no escatimando en golpes bajos para lograr el impacto inmediato. Más que un film, todo un catálogo de clisés resulta de esta historia en la que tres amigas que ya han pasado las cuatro décadas de vida se reúnen religiosamente jueves tras jueves para fumar, beber y disputarse una codiciada caja de chocolates que irá a parar a las manos de la que narre la peripecia más patética que haya sufrido con un representante del sexo opuesto durante la semana en cuestión. Claro que todo este equilibrio y rutina aparentemente inalterables se quebrarán cuando alguna encuentre al hombre de su vida, el cual deberá de luchar además de con los pruritos propios con la aprobación sine qua non de las restantes integrantes de un terceto que otrora supo ser de chicas superpoderosas. Si a eso le agregamos que el man en cuestión es un joven de 25 años y que la comarca de Gloucester -el lugar donde transcurre la acción- reúne todos los tópicos del trillado pueblo chico, infierno grande; ya se pueden ir haciendo apuestas. Y si bien Kenny Doughty roba mientras que Andie MacDowell está muy bien en lo suyo, ídem para Imelda Stauton y Anna Chancellor, y las canciones de Nick Drake -sobre todo la hermosísima Cello Song- están muy bien utilizadas, todo esto solo alcanzó para un logo en nuestra calificación.

El film del debutante John McKay en un inicio amaga con transitar por un terreno bien conocido por el espectador avanzado como lo es el siempre efectivo como reconocible ácido humor inglés; que termina imponiéndose solo lo que duran los créditos del opening; por lo que la película jamás termina de definir dentro del género al que aborda cual es la variable que mejor le cuadra; ya que tomando a la comedia como sistema, dentro de esta encontramos subsistemas como la romántica, la dramática y la propiamente dicha, por los que Crush oscila sin lograr destacarse en ninguno. Lo forzado y torpe de esos virajes en la trama jamás resultan convincentes, reservando para lo verosímil una exactitud propia de las soap operas. Y en la brusquedad por la que se encamina hacia el culebrón este largometraje no resiste ningún tipo de análisis, ningún atisbo de simpatía y ningún elemento franco en su mensaje que busca un feedback cual boomerang a una presa. Siendo más mojigata y puritana de lo que pretende denunciar en pantalla, Intuición Femenina se vuelve tan ridícula como bochornosa a medida que los hechos van guiando hacia un desenlace puntillosamente irrisorio, donde el hombre es sinónimo de amor descartable, relegándolo a un mero objeto que solo sirve para satisfacer sexualmente, y nada más. Si las chicas siempre tienen a sus amigas a su lado, todo va a estar bien. Crush es para la platea femenina lo que vergonzosas películas como Triple X (Rob Cohen, 2002) o El Transportador (Corey Yuen, 2002) equivalen para la masculina. El envase (léase género) es diferente; el contenido, la misma porquería. Por no decir/escribir mierda.

Sras & Sres. Damas & caballeros, nobleza e idoneidad obligan a jamás coartar el derecho que uno tiene como espectador a elegir, virgen, que película uno desea ver. Pero a título informativo, y como profesional formado en el medio, se debe recomendar que no pierdan un minuto de algo tan valioso como es el tiempo despilfarrándolo en este producto. Y si por alguna razón han tenido la obligación o necesidad de ver Intuición Femenina, es el deseo de quien escribe estas líneas sepan no dejarse embaucar por una propuesta que de sincera no posee nada. Y antes de que algún lector/a envíe al correo un adjetivo de misógino o similar para quien abajo firma, o justifique la cinta de McKay apelando a que uno por su sexo no logró el rapport necesario con esta historia y sus respectivos personajes; si se permite, se les deja una recomendación: pasen por el videoclub y alquilen Con Solo Mirarte (EE.UU. 2000) de Rodrigo García, un film que emana una magia propia de las obras más celebradas
del padre de este realizador, Don Gabriel García Marquez, y si bien como película se decanta a priori que su público se encuentra entre las mujeres, nadie se queda afuera de esa experiencia suigeneris que muy de vez en cuando se encuentra en la compañía cómplice de la oscuridad cinematográfica. Cintas como Crush, que definitivamente y para nuestro pesar suman la mayoría de la cartelera cinematográfica, hacen que ir al cine sea todo lo contrario a lo que en un principio se buscó. Porque ver Intuición Femenina produce lisa y llanamente displacer.

Leo A. Oyola
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Estreno del 12 de diciembre de 2002