La Cámara Secreta

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Partamos de una base apelando al sentido común: para disfrutar en plenitud del segundo libro de la saga Harry Potter es necesario haber leído previamente el primero.Esa vieja magia blanca

Harry Potter y la Cámara Secreta

J. K. Rowling
Emecé, Buenos Aires, 1999
296 páginas

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Y no es porque su autora, Joanne Rowling, no se haya empeñado en refrescar en el segundo volumen de la colección, con muy buen criterio y bastante oficio, los momentos más significativos de la primera parte para que el nuevo lector se ubique en la historia. Se trata, en este caso, de que el desarrollo de los personajes es tan importante y tan rico, que sólo se aprovecha la bondad del relato siguiendo paso a paso y cronológicamente la narración.

En esta oportunidad, el aprendiz Harry, regresa al colegio Hogwarts de magia y hechicería para cursar su segundo año. Allí se encontrará con sus amigos y compañeros, Ron y Hermione, y varios personajes más que hacen de la obra de Rowling su componente más atractivo. Como en el primer relato, un misterio se cierne sobre la escuela, que Harry deberá investigar y enfrentar. En este caso, en una cámara subterránea se encuentran los secretos más oscuros de la historia del colegio y son utilizados por fuerzas siniestras. Harry tiene que confrontar entonces, el pasado de la institución y, por ende, su propio historia.

Todas las comparaciones son odiosas. Y la pobre Rowling sufre el karma de que se califique a su trabajo con el más que “pesado” adjetivo de Tolkeniano. Lo cierto es que comparar a la saga de Harry Potter con El Señor de los Anillos es más o menos lo mismo que comparar a El nombre de la rosa con El Quijote. Y no meramente por el valor literario de ambas, sino por el concepto encarado por cada una. Mientras Tolkien, jugó con la creación de un nuevo universo con sus propias reglas, lenguajes y costumbres, Rowling decidió interpelar al mundo en que vivimos como un lugar en el que las personas comunes (o muggles) hemos olvidado el valor de lo mágico. Así, las aventuras de Harry Potter intentan demostrar, para los más chicos, que las mejores historias se viven en la capacidad de imaginar de cada persona y, para los más grandes, que la realidad es demasiado compleja como para enfrentarla desde una lógica lapidaria. Mejor apelar de vez en cuando al romanticismo de la magia.

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por Pablo Manzotti