Harry Potter II

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Sin la frescura de la primera, pero con logrados pasajes de un terror gótico que perturbarán -y bastante- a los más chicos; los más de 160 minutos que dura Harry Potter & La Cámara Secreta poseen un timming envidiable en cualquier producción de metraje excesivo. Y de todos modos no alcanza. Film de magos, espadas y serpientes… dirigido por un muggle

Por Leo A. Oyola

En Dogma (1999) de Kevin Smith, abundan las escenas divertidas. De esa irreverente película del realizador de Chasing Amy (1997) se destaca un dialogo que para comenzar esta crítica viene como anillo al dedo. Durante la aparición del personaje jugado por Salma Hayek, la citada morocha que camina robando belleza se presenta como una musa responsable -entre tantos raptos de inspiración- de 19 de los 20 films más taquilleros de la historia.

-Yo no tuve nada que ver en la del rubiecito- señala, excusándose, después de llevarse las manos a la mejilla poniendo en su rostro el gesto y la expresión que popularizara Macaulay Culkin hace ya más de una década -para que eso hiciera dinero, el director le vendió el alma al diablo- puntualiza a la vez que remata certera -aunque no era necesario, los norteamericanos revientan la taquilla con cualquier porquería.

La alusión a Mi pobre Angelito (1990) en estas líneas sirve para presentar a Chris Columbus, un director que la pegó con una película simpática aunque mediocre; de la que obviamente realizó una exitosa secuela –Home Alone 2 (1992)- para volver a dar en el blanco -del box office se sobreentiende- con un Robin Williams travestido en Papá por Siempre (1993); tener su primer paso en falso -siempre en lo referido a la recaudación- con la remake norteamericana de la comedia francesa Nueve Meses (1995)-mucho más popular por los break del rodaje con un Hugh Grant teniendo sexo con una prostituta atrapado por la policía y la prensa sensasionalista – para desbarrancarse en las boleterías con la que es en verdad su única realización destacable: Quédate a mi Lado (1998) film con un contrapunto entre Susan Sarandon y Julia Roberts descomunal. Tampoco le fue bien al Colón de Hollywood ni en los resultados cinematográficos ni en los números sumados de entradas adaptando al clásico de Isaac Asimov en El Hombre Bicentenario (1999). Agotadas las fórmulas para las comedias, resignándose a la poca aceptación por parte del público ante su incursión en el drama y ni hablar de su aproximación a la ciencia ficción; Columbus nuevamente ascendió hasta la cima al adjudicarse la silla del director en la transposición de Harry Potter de la literatura a la pantalla grande. Algo irónico, si se tiene en cuenta que para abordar un género como el fantástico se pone como capitán del barco a un realizador ordinario e impersonal. Que para los popes de la industria es lo de menos, ya que desde un vamos saben que tienen público cautivo ante este evento que no es ni más ni menos que un negocio enorme; donde los resultados de su trabajo poco importan ante la negociación de la gaseosa que será la que oficie como sponsor oficial.

Así es como los personajes y el universo imaginado por J. K. Rowling tuvieron en su primer entrega, Harry Potter & La Piedra Filosofal (2001), una aprobación unánime tanto de audiencia como de crítica en una introducción en la que se respetaba a rajatabla la fuente de la que provenía. Para esta aventura en La Cámara Secreta, los fanáticos más acérrimos se verán
desilusionados ante las ausencias de gnomos volando sobre el jardín de los Weasley o ese Club de Cazadores Sin Cabeza que tanto martiriza al fantasma de Nick Casi Decapitado en el advenimiento de sus festejos por el aniversario de su muerte. Los que no hayan leído la obra cuya autora redactó -según cuenta ella misma- en los cafés de Edimburgo tampoco se enterarán que el irascible celador Argus Filch es un squib… y obviamente menos que menos develarán a que se denomina con ese término. Pasajes descartados hábilmente por el guionista Steve Kloves -que supo deleitar en la misma función con Wonder Boys (2000) y detrás de cámara en Los Fabulosos Baker Boys (1990)- para focalizar la trama básicamente en el enigma a develar expreso en el título del film.

Este segundo episodio dentro de la saga sobre el niño mago más popular contemporáneo carece de las virtudes que supo ostentar su predecesor, por cierto, tampoco nada de otro mundo. Vuelve a repetir un elenco que es todo un seleccionado en el rol de los adultos de la historia, que si bien no son el motor de la misma, en esta oportunidad no poseen ninguna relevancia significativa. Carismático y entrador es el chanta jugado por Kenneth Branagh, eso y nada más. El resto de los profesores pone el rostro porque los actores pusieron previamente el gancho en el contrato de la pretérita. Y así deambulan su existencia sin poder exhibir sus talentos artistas como Maggie Smith, Robbie Coltrane, Alan Rickman, John Cleese y Richard Harris, este último recientemente fallecido, todos desaprovechados. Dentro del terceto principal de niños, esa pequeña damita que es Emma Watson como Hermione Granger una vez más roba cada escena en la que aparece gracias a aptitudes que le deparan un futuro auspicioso en este medio. El colorado Rupert Grint como Ron juega con sus múltiples morisquetas y torpezas a lograr la complicidad del público ante sus temores y penares mientras que Daniel Radcliffe todavía es un misterio ya que, si bien idóneo para el papel, su personaje -por aura, leyenda y protagonismo- eclipsa lo que este pueda brindar como actor. Si a eso le sumamos un apellido coincidente con uno de los productores ejecutivos, la sombra del parentesco le jugaría netamente en contra al chiquito que debutará en El Sastre de Panamá (John Boorman, 2000).

Sin la frescura de la primera, pero con logrados pasajes de un terror gótico que perturbarán -y bastante- a los más chicos; los más de 160 minutos que dura Harry Potter & La Cámara Secreta poseen un timming envidiable en cualquier producción de metraje excesivo. Y de todos modos no alcanza.
Hay que tener a un chico -y a un sufrido acompañante- atornillado a la butaca casi tres horas. Columbus no lo logra. Y eso que cuenta con un auto volador que termina castigado bajo los golpes de un sauce boxeador enardecido; con miles de arañas gigantes hambrientas en lo más oscuro del bosque prohibido y un nuevo encuentro de quidditch donde una bludger loca le pone sal al asunto. Los locos bajitos adorarán a un elfo doméstico que los adultos encontrarán tan insoportable como el Ja Jar Binks de La Amenaza Fantasma (George Lucas, 1999); todos disfrutarán del viejo truco de transformarse en un rival gracias a una poción de la que algo saldrá mal; y en verdad el duelo entre Harry y su antagonista Draco Malfoy -que introduce una cuestión antisemita en la trama- más que una escena esmerada y efectiva digna de todas las palmas denota el clima de la obra literaria que el realizador de Home Alone jamás puede sostener durante la totalidad de la proyección.

The Chamber of Secrets es un film sobre magos, espadas y serpientes… dirigido por un muggle. Es decir, dentro de este universo, por alguien que no posee magia. Pero a no desesperar amantes del séptimo arte, que la tercera es la vencida. Y esta afirmación no tiene nada que ver con los trascendidos sobre la finalización de esta saga cinematográfica en su próxima entrega, cuando en el paralelo literario está a punto de aparecer el quinto libro. El dicho viene a colación de la confirmación como director del mexicano Alfonso Cuarón para el rodaje de El Prisionero de Azkaban -la aventura descriptiva más acorde desde sus párrafos a posibilidades de transposición en la pantalla grande- un cuate que sabe de hechizos y encantos como lo demostrara en La Princesita (1993); película que sin la maquinaria publicitaria que posee detrás como verdaderos poderes el niño de la cicatriz en forma de rayo, destila en cada fotograma esa especie de magia propia de las páginas correspondientes a las cursadas en Hogwarts, la convivencia con los Dursley y las afinidades de un gigante con animales de gran tamaño apelando a una lección que su símil en el celuloide no es capaz de asimilar: muchas veces menos es más, y esa simpleza es la que vuelve extraordinario a estos personajes.

Publicado en Leedor el 20-11-2002

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