Jugando con el destino

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Desde la comedia agridulce, más de un prejuicio es dejado a un lado y el propio sentido común marca el rumbo del film.

DEJAME SER

Desde la comedia agridulce, más de un prejuicio es dejado a un lado y el propio sentido común marca el rumbo del film.
La raza, la religión y el sexo que históricamente conllevan discriminación en cada cultura y la actitud de las mujeres en general que intentan asomarse y construir su propio destino en una sociedad que las limita y las asfixia contiene al fin toda la historia. Y el director lo relata con gracia y la importancia de los temas que se tratan no llegan a la tragedia.
Creo deberían saber que su discurso es absolutamente esperanzador. Al menos desde este guión el afecto sobrepasa a las tradiciones ancestrales y a los prejuicios occidentales contemporáneos.
Una y otra cultura se igualan en su ceguera; malos entendidos y al fin en un abrazo dispuesto a torcer las fuerzas de las circunstancias de la vida que los exponen como personajes anacrónicos frente a la época que vivimos. Y por supuesto toman conciencia de ello aún a su pesar.

Las cicatrices que marcaron a más de una generación parecen al menos desde este discurso cinematográfico ser dejadas de lado a partir de una propuesta o actitud más luminosa frente a lo diferente o lo poco habitual: la integración.
Al diablo con los prejuicios y las mentiras parece decirnos el director. E identifica a ambos como
un freno al desarrollo de las potencialidades y al talento de los adolescentes que quieren “ser” pero que a veces resignan un futuro feliz ante el peso del respeto que le significan las tradiciones y la imagen de sus padres. Y muchas veces ocurre que ellos no saben qué es lo mejor para sus hijos.

Estreno del 27-11-2003

Armando D´Angelo
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