Celuloide

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En Celuloide es el cine italiano el que se mira a sí mismo. Con esa clase de mirada que huelga la nostalgia y que termina siendo excesivamente idealizada. Cinéfila y eficiente

En Celuloide es el cine italiano el que se mira a sí mismo. Con esa clase de mirada que huelga la nostalgia y que termina siendo excesivamente idealizada. Hay que comprender que su director, Carlo Lizzani, participó activamente de toda la movida cinematográfica de los años ´40 y ´50 en Italia, incluída la fase teórica, fundamentalmente desde las revistas Cinema y Bianco e Nero disparadoras de muchos de los debates iniciales del neorrealismo. Pero el trabajo activo de Lizzani detrás de cámara tuvo que ver con la producción, como el guión de la Alemania, año cero de Rossellini (1947). Y precisamente, es ese contacto directo con el mismísimo Rossellini el que valida la visión que don Carlo muestra en Celuloide sobre la filmación de esa otra película cumbre en la historia del cine italiano: Roma ciudad abierta.
Ahora bien, curiosamente, el formato con el que propone Lizzani su homenaje a Roma? no es el que aquellos textos propugnaban, ese nuevo realismo a los que debían someterse algunas secuencias de Roma o de Paisá o de la misma Alemania?. Lizzani prefiere un relato clásico que en definitiva niega las bases mismas del neorrealismo italiano basado en todo lo diferente al el cine espectáculo, a favor de la realidad bruta tomada por la cámara “al natural”. Celuloide es, en definitiva, una película cholula, que ve desde los ´90, un fenómeno que los italianos quieren mucho: el neorrealismo y, dentro de él a su main star: la gran Anna Magnani.

Dentro de ese relato-espectáculo la historia es precisa cuando se trata de pormenorizar la filmación de Roma ciudad abierta. Por ejemplo, las alternativas de búsqueda de productor para ese deseado film sobre la Roma de postguerra, que llevaron a Rossellini y su guionista Sergio Amidei a escuchar ideas de toda índole por parte de los supuestos inversores, ideas demasiado pegadas todavía al cine de Mussolini: drama y risa, espectáculo antes que realidad, fantasía antes que crónica. O las presiones para que Clara Calamai, ya consagrada en la Ossessione de Visconti, protagonice la película y cómo el carisma de Anna Magnani seduce a Rossellini para finalmente hacer de esa “mujercita con una muerte más grande que ella” el gran papel de su vida. Más bien entre paréntesis queda el romance que vivieron director y estrella, Lizzani revolotea por sobre las causas del romance, sin profundizar demasiado.

Muchas recreaciones de la película, más la inclusión de fragmentos de la Roma? original entremezclados con su símil-noventista; la búsqueda de personajes y escenario y un capítulo aparte para hablar de los problemas de distribución de una película que terminó cambiando el rumbo de la historia del cine.
Insisto, si uno es un cholulo admirador de Rossellini y del periodo, termina siendo interesante y si no se vio la Roma original, Celuloide invita a su visión. No arrastrará masas pero valdrá la pena.

Alejandra Portela