La vida continua

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Es una película con problemas. No una películas de problemas, aunque también lo es.

La vida sigue, como si nada hubiera pasado

Uno. Es una película con problemas. No una películas de problemas, aunque
también lo es. Digo que es una película que tiene problemas para considerarse como tal, como película. Es una película que trata problemas (qué película no lo hace), pero que a su vez tiene problemas, internos, en su propia constitución. Me explico, trataré de hacerlo: hay una historia central, al menos eso se deja entrever. Existe un conflicto principal, que no es un conflicto menor, y es hasta interesante como conflicto. Pero hablé de problemas. Y existen problemas, en general, cuando un conflicto que se entiende principal, que se hace ver, se muestra como central, comienza a desdibujarse, empieza a entremezclarse con otros conflictos, supuestamente menores, de poca importancia en lo que se está contando, y así, aquel conflicto, el trascendente, el que aparecía como sustentador de la historia, de la película, se desvanece, y con él la historia, y con ambos, la película.

Dos. Una muerte, y su respectivo velatorio, abren el film. Muere en un accidente la futura esposa del que será el protagonista de la historia, Joe. Y al velatorio asisten, como no podía ser de otra forma, Joe, los padres de ella, y otra gente que no importa (a la trama, claro) En seguida se vislumbra una particular relación que une a Joe con sus casi suegros. No se sabe, pero pareciera que Joe no tiene familiares (al menos cerca) Los padres de su casi esposa, luego del velatorio, lo alojan en su casa. Incluso su casi suegro lo emplea en su inmobiliaria, y hasta lo hace su socio. Joe mantiene para sí secretos, cosas no dichas que lo atormentan. Cosas que tienen que ver con su fallido matrimonio. Unión que de hecho nunca se habría llevado a cabo, ya que el compromiso se había roto. Cosa que sus casi suegros no saben, y cosa que lo hunde en un mar de culpas, y miedos. Cosas que pasan, como el haber conocido una chica (guapa, guarra, rubia), a pocos días del entierro de su ex novia. Y la culpa, el no querer dañar a sus casi suegros, se vuelve, ahora, insoportable, y más viviendo con ellos, trabajando con él. El final, no es difícil de imaginar (ayudita, nadie se suicida).

Tres. La historia no es poco interesante. Lo muy poco interesante (y en definitiva lo que termina arruinando el film) es la forma que el director utiliza para contarla. La multiplicidad de variables que pone en juego, y los diversos énfasis que otorga a las distintas escenas, que cambian, y confunden el sentido
de la trama, malogrando lo de bueno que podía tener la historia a narrar. Es una película rara, y no por lo exótica, sino por el desperdicio no solo de la idea original, sino de los actores, el trabajo de imagen, y la música. Es raro que un desperdicio sea tan evidente, y halla tan pocas cosas para rescatar. Está Dustin Hoffman, regodeándose en esa media tinta tan particular como eficaz, en ese sonreír en la desgracia, en ese leve gesto que lo condensa todo, con su impronta de petiso en algún momento acomplejado pero seductor, desde la ternura de su imposibilidad, y de constante y contenido ímpetu. Está también Susan Sarandon, mostrando retazos de su gran capacidad actoral, de su solvencia, y la enorme y bella mujer que es, toda personalidad, pero encarnando un personaje que se repite y se repite. También aparece en ésta especie de seleccionado (desparovechado) de actores, Helen Hunt, luciéndose en los pocos minutos que actúa. El protagonista, que no es ninguno de los anteriores, o sea, Joe (Jake Gyllenhaal) hace de un tipo joven, con cara de nene, y de estúpido, lerdo, que de repente se vuelve locuaz, inteligente, y rebelde; curiosas transformaciones esporádicas que Jake -ni nadie- puede manejar con algo de verosimilitud. Un apartado destacable, y quizás lo más interesante de ésta (digámoslo) fallida película de Silberling, es la música elegida. Situada la historia en los setenta, se suceden temas de música country, blues y rockys al estilo Creedence. Siendo el momento musical cumbre, el que desde una fonola (no menos `setenta´) suena Moonlight mile de los Rolling Stones, tema que da nombre al film.

Cuatro. En constante confusión sobre hacia dónde se encamina la historia, y sobre qué se quiere contar. Con momentos insoportablemente romanticones y sensibleros. No quedando en claro siquiera si se está en un pueblo chico o en una ciudad (que podría tomarse como símbolo de la desubicación, no solo espacial, del director) Aunque con una deleitable banda de sonido, y buenas imágenes. La vida continúa, ya desde su titulo -deformado al castellano- estaría denotando su escaso valor e intrascendencia. Pasó Moonlight mile y la vida sigue. Nada (pero nada) cambió.

Sebastián Russo
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Estrenada el 24 de octubre del 2002