La Entrega

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En Todas las azafatas van al cielo, un piloto de avión (Rodolfo Samso) le dice a Julián (Alfredo Casero): “¿Sabés por qué vuela un avión? Son principios, un montón de principios. Con que uno de ellos no se cumpla, el avión se va a la mierda.”
¿y dónde está el guión?

En Todas las azafatas van al cielo, un piloto de avión (Rodolfo Samso) le dice a Julián (Alfredo Casero): “¿Sabés por qué vuela un avión? Son principios, un montón de principios. Con que uno de ellos no se cumpla, el avión se va a la mierda.”
Filmar una película es más o menos lo mismo. Muchas cosas pueden salir mal, y con que salga mal una, se va todo al tacho.

Es lo que sucede con La entrega, cuyo guión no hubiera sido aprobado por el más permisivo de los profesores. Que algunas actuaciones estén bien (sobre todo la de Andrea Prodan), que la imagen sea impecable, que el sonido esté muy cuidado, poco importa a los efectos de revisar la obra final.
La película cuenta en paralelo la historia de dos parejas recién
formadas: la de la atribulada Margarita (María Socas) y el enigmático Lucho (Andrea Prodan); la del inocente Uriel (Diego Reinhold) y el extrovertido Benjamín (Eduardo Calvo). La primera, pronto vira arbitrariamente hacia el thriller pero nunca logra mantener nuestro interés; la segunda, nunca despega ni presenta un conflicto. El deus ex machina final era el único modo de terminar un guión que no va para ningún lado.

Ningún diálogo es memorable, ni tan siquiera creíble o al menos pasable. Así, se la puede escuchar a Margarita reflexionando: “¿Viste qué locos son los sueños?”, o a Benjamín diciéndole a Uriel: “Es que te quiero, tonto”. El guión es obvio, pero lo peor es que la juega de enigmático. Cuando Uriel y Benjamín cenan por primera vez, hasta el espectador más tonto
sabe que son gays y que se gustan. Sin embargo, su historia vaavanzando lentamente, paso a paso, hasta llegar a un final que estaba claro desde el principio. El caso de la pareja de Margarita y Lucho es diferente, pero la vuelta de tuerca del final es tan arbitraria que mejor no hubiera existido.
Cuesta entender qué se quiso contar, pero unos pocos aciertos estéticos no salvan a esta película del naufragio.

Diego Papic

Gentileza Cinenacional.com
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Estreno del: 26 de Septiembre de 2002.