El verano de Kikujiro

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Las vacaciones de verano no parecen ser un buen momento para Masao. Todos sus amigos se van, su abuela trabaja todo el día y él se queda solo. Así que decide ir en busca de su madre de quien sólo tiene una foto junto a su abuela, en la que él mismo es un bebé. Su abuela le ha contado que su madre trabaja mucho para que él pueda ir a la escuela.
Road movie con sabor oriental

Las vacaciones de verano no parecen ser un buen momento para Masao. Todos sus amigos se van, su abuela trabaja todo el día y él se queda solo. Así que decide ir en busca de su madre de quien sólo tiene una foto junto a su abuela, en la que él mismo es un bebé. Su abuela le ha contado que su madre trabaja mucho para que él pueda ir a la escuela. Un día, mientras estaba solo en su casa, recibe un paquete que ella le ha enviado. Entonces decide ir a conocerla. Una vecina le propone que su marido, Kikujiro, lo acompañe. Desde ese momento el objetivo del viaje (visitar a la madre de Masao) pasa a un segundo plano.
El film es una comedia por su forma, aunque en el fondo es una tragedia. La de varios personajes solitarios que se encuentran, relacionan e influyen mutuamente. Especialmente Kikujiroy Masao. Uno es un jugador compulsivo que vive de su esposa, el otro es un niño solitario que vive con su abuela. En realidad, la silenciosa y sumisa presencia de Masao transforma radicalmente la vida de Kikujiro. Pero cuidado: no estamos hablando de las heroicas transformaciones a las que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood. Nos referimos a esas pequeñas-grandes transformaciones como olvidarse por un rato de ser el ombligo del mundo y preocuparse por quién tenemos al lado (el prójimo, se acuerda?). Pero eso no es heroico, mucho menos taquillero. Sin embargo, cualquiera que haya tenido alguien en su infancia que lo haya alegrado con chistes ingenuos y simples podrá sentirse identificado con Masao.
Kitano ha armado el film en secuencias divididas por separadores como si fueran fotos y comentarios de un álbum de las vacaciones. Cada uno anticipa, de alguna manera, la conclusión de la próxima secuencia. Otra cuestión interesante es el manejo de la cámara. Me refiero a imágenes como la cámara tomando el champagne que cae dentro de una copa, o el reflejo de Masao y Kikujiro en la llanta cromada de una camioneta que gira y muestra el entorno a medida que se aleja. Y también están los sueños de Masao. El niño experimenta restos diurnos y tiene sueños inquietantes con aquellos individuos o situaciones que lo han atemorizado durante el día.
En el camino de esta road movie Kikujiro y Masao se encuentran con diferentes personajes tan delirantes como un par de motociclistas con aspecto rudo (ropa de cuero con tachas, cascos alemanes de la 2° Guerra, tatuajes y todo eso) y carácter de niño. La película ha sido relacionada con aquellas de Chaplin o Buster Keaton por el tipo de gags y la ingenuidad del humor. Si bien los códigos orientales pueden resultar de difícil acceso hasta cierto punto, se disfruta ampliamente y permite pasar un rato divertido y alegre.

Socorro Villa

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