Mercano, el marciano

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Una característica que hace de Mercano el marciano una obra interesante, compleja, es el entremezcle de lenguajes, formas de hablar, jergas porteñas, argentinas, que generalmente (se solapan en vanos intentos universalistas. Buena Animación argentina.El primer marciano Stone

Sebastián Russo

Uno. “Es una lástima”. Esa fue la primera idea que surcó mi mente, una vez que Mercano se despedía de la pantalla. Y no por que la película fuera una lástima (o una lágrima), sino porque sentí que se desperdiciaba, se desaprovechaba una genial idea. Lejos, muy lejos de Manuelita, de Dibu, de Condor Crux, Mercano el marciano aparece dentro del singular espectro de las animaciones argentinas como un diamante presto a ser pulido. Ligado al fenómeno de dibujos de saludable incorrección política (Los Simpsons, South Park, y Ren and Stimpy, entre otros) que promueven el absurdo, el grotesco y lo morboso, la pena que me produjo el fin de la película tiene que ver con una disociación entre propuesta, intención, y resultado, logro. Un pretencioso argumento, que no tiene mucho que ver con la esencia del humor absurdo y satírico (del destaque de nimiedades, del solemnizar situaciones banales, del poner en relevancia insignificantes ideas) que surgen como lo fundante de interés, en este tipo de animaciones post Meteoro.

Dos. Un marciano sale a pasear con su perro (marciano), por los aparentemente tranquilos parajes marcianos. De repente cae un satélite y mata a su perro. El objeto provenía de la tierra, y él, Mercano, envuelto en odio emprende un viaje para saciar sus deseos de venganza. Pero aterriza en la Argentina actual, y sus objetivos se reconfiguran, hacia el mero afán de sobrevivir, entre policías de la federal, cartoneros, globalifóbicos, viejitas stones y políticos corruptos y mercantilistas. Una particular relación lo une a un nerd internetiano, con el que logrará desarticular el intento de gobernar el mundo por medio de un sistema “llame ya” vía ciberespacio, de una corporación de militares, políticos, marketineros y empresarios. La historia se resuelve con una inesperada y sanguinolienta comedia musical a lo Broadway (o a lo Pepito Cibrián), con mutilaciones, degollamientos y desintegraciones varias.

Tres. Con Graciela Borges haciendo la voz de una paqueta y estirada primera dama (personaje hecho casi a medida para su ronca y bienuda voz); con Fabio Alberti haciendo varios personajes, todos con un humor muy “Todo por dos pesos”, que funciona básicamente por referencia (uno se lo imagina a
Capusotto, retrucando); y un genial Damián Dreizik (voz de la ya icónica “llama que llama”) haciendo a un neo anarco hippie, arbitrario y estúpido; convierten, a la elección de los actores para dar voz a los personajes, en uno de los puntos fuertes de la película, junto con la música, y la excelente imagen lograda. No pasa así, con la idea de estereotipar ciertos personajes de la vida social. Policías gordos e ineficientes comiendo pizza, pibes de la calle pidiendo limosnas y golpeados por adultos, políticos corruptos y empresarios inescrupulosos, conforman un muestrario de sujetos típicos que escapan a la crítica (por ser típicos), y que no interesan, en su obviedad.

Una característica que hace de Mercano el marciano una obra interesante, compleja, es el entremezcle de lenguajes, formas de hablar, jergas, porteñas, argentinas, que generalmente (ya no tanto, las últimas películas de Trapero y Caetano como ejemplo) se solapan en vanos intentos universalistas. Y que al estar en el marco de un dibujo animado, potencian aún más el efecto de
representación, de caricaturización. Interesante también es el tratamiento de la personalidad del marciano: violento, sensible, egoísta, solitario, melancólico; en las antípodas de un Meteoro (héroe de mi infancia, de ahí las reiteradas alusiones, pero a la vez fiel representante de animaciones de la vieja guardia) familiero, equilibrado, heroico.

Cuatro. Atractiva y movilizante propuesta, Mercano el marciano, parece destinado a un formato de menor duración, donde pueda explotar con mayor efectividad su enorme potencial. O al menos enmarcado en una relato de mayor dinámica, y menor complejidad. Chispita se metía con su mono (¿o Chispita era el mono?) en la cajuela, y a perseguir al Corredor Enmascarado…

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Mercano en París
Animación argentina

Publicado en Leedor el 3-10-2002