Detrás del sol

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Imprescindible película de Walter Salles transposición de la novela “Abril Despedacado” de Ismail KandareHay una mancha negra en el sol hoy / es la misma de ayer que se vuelve a repetir

Una camisa de un muerto flamea como bandera tendida en una soga al aire libre. La sangre que la mancha del furioso rojo que marca la pérdida de una vida ha mutado a un color amarillo que denota -de acuerdo a una creencia popular- que el alma de la persona fallecida no descansa en paz. Transcurrido un mes desde que la prenda juega con el antojadizo albedrío del viento, si durante el día 30 su marca permaneciera colorada, el occiso habría perdido su existencia terrenal justificadamente. Como esta ha adquirido una tonalidad ocre, corresponde a un miembro específico de la familia del muerto cumplir con el deber de vengarlo propinándole la misma suerte a su asesino. Por eso Tonho, pese a sus escasas casi dos décadas, ahora acaba de clavar sus rodillas contra el árido suelo en el que a pocos metros suyo ha caído el cuerpo de quién lo privara de la presencia física de su hermano mayor. Después de una impresionante persecución a través de arbustos espinosos, Tonho cumplió con su responsabilidad, acribillando a un hombre desarmado.

Transposición de la novela Abril Despedacado de Ismail Kandare, la acción que en la prosa transcurriera en las montañas de la desaparecida Yugoslavia pasa a ocurrir en una zona desértica y pobre del Brasil de principios del siglo XX donde una enfermiza tradición ancestral marcada por la venganza deriva -para quién abajo firma- en una sensación de deja vú con respecto a su recuerdo de la lectura de obras de Juan Rulfo como Pedro Páramo y -sobre todo- El Llano en Llamas. Dentro de este marco, una máxima como aquella que dicta que por cada gota de la sangre de la familia de uno se derramaran dos pertenecientes a las de la familia enemiga, ante un problema de tierras entre vecinos de escasos recursos económicos, lo último que importa es el motivo que originó el enfrentamiento. Una vez caído el primer representante de un bando, el efecto dominó de la venganza se vuelve tan cotidiano como inevitable; algo así como las fases de la luna que sirven como inquebrantable cuenta regresiva para devolver el luto al rival en una práctica extrema de lo que se conoce como la ley del talión.

Detrás del Sol es relatada desde la óptica de un niño, Pacú, el menor de los Breves, ajeno (por edad e inocencia aún no contaminada por la hiel que destila el corazón de los mayores de la historia) a la participación activa de esta locura usual. Infante aún, sin embargo, el chico abandonará la postura pasiva. El director brasileño Walter Salles nuevamente logra una superlativa performance como narrador cinematográfico. Su película -de la que debe destacarse también el excelente trabajo de su tocayo Carvalho en fotografía- establece de inmediato rapport con el espectador que se rinde ante ella inevitablemente como lo supo hacer cuando se acercó a su filmografía a través de esa magnífica carta de presentación que fue Estación Central. Si bien con una trama muy diferente, como en aquella, Salles logra una perfecta armonía y química entre profesionales y no actores logrando puestas en escenas y composiciones inmejorables.

Los hermanos Breves trabajan del amanecer al crepúsculo a la par de unos padres cuya rigidez y principios los han marcado a fuego. En una diversión espontánea, como el simple hecho de reírse ante la caída de uno de los chicos de la hamaca en la que se estaba balanceando, el realizador logra aliviar el constante clima de opresión signado por un almanaque que vuela achicando cada vez más el tiempo de vida de Tonho, a la espera de lo que dictamine la mancha de sangre del hombre que el mató. Esta espiral de violencia se cuestiona gracias a la llegada de un destartalado circo itinerante que le imprime al film
una admirable belleza metafórica donde una joven traga llama -no lanza, atentos al detalle- despierta a Tonho de la modorra a la que habían sido sumergidos él, los suyos y hasta sus antagonistas por las férreas reglas paternas que exigen la muerte antes que la deshonra. En este aspecto, Detrás del Sol esta plagada de imágenes cuya melancolía jamás empalaga y donde el paisaje nunca es aprovechado como recurso postal; lo que sumado al notable elenco y la exquisita música de Antonio Pinto brindan en su conjunto una película inolvidable, que hace esperar con ansias lo que este Sr. demostrará en Los Diarios de la Motocicleta, el film sobre el viaje iniciático de un joven Ernesto Guevara, bastante pretérito al popular e iconizado Che, película que Salles se encuentra actualmente rodando en nuestro país.

Mientras tanto, casi cien años después de lo que cuenta Abril Despedacado, aunque no sean tan evidentes, todavía se siguen colgando camisas de nuestros fallecidos. Y hasta si uno se anima a mirar fijo al sol, descubrirá que este presenta una mancha negra. Evidentemente es una señal. Se creerá que apareció hoy; pero a no engañarse, es la misma que el astro poseía ayer. Y un siglo atrás también. El veneno que anida en un corazón envenenado puede hacernos un tremendo gol en contra; y por eso hay que tener cuidado de que los muertos gobiernen por sobre los vivos. Toda una lección para los tiempos que corren resulta de rebote la experiencia de ver este film en el que un personaje no vidente padece por su invalidez del engaño de los suyos, verdaderos ciegos de un relato donde la furia de la venganza y la falta de consideración al actuar en caliente hacen perder la verdadera mirada objetiva, lo que convierte a la película de Salles en una obra de visión imprescindible.

Leo A. Oyola
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