Casablanca

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Basada en la ignorada obra teatral “Everybody Comes to Rick´s”, de Murray Burnett y Joan Alison y pensada como una producción clase B, destinada a la propaganda bélica durante la época de la Segunda Guerra, te contamos por qué Casablanca es un indiscutido clásico.
Casablanca

Por Carlos Pagura

El film estuvo basado en la ignorada obra teatral “Everybody Comes to Rick´s”, de Murray Burnett y Joan Alison. Precisamente, ése era el título original de la película. En su origen, fue pensada como una producción clase B, destinada a la propaganda bélica que tanto interesó a Hollywood en la época de la Segunda Guerra.

Antes que Michael Curtiz, los candidatos a dirigirla fueron William Wyler, Vincent Sherman y William Keighley. Para el rol de Rick se pensó en George Raft y Ronald Reagan antes que en Bogart. Sólo Ingrid Bergman partió como favorita para el papel de Ilsa, aunque debió competir con Hedy Lamarr y Ann Sheridan.

La idea del productor Hal B. Wallis de un reparto multinacional fue posible por la cantidad de actores exiliados. Trabajaron artistas de 34 nacionalidades, entre los más famosos Sydney Greenstreet (inglés), Conrad Veidt (alemán) y Paul Henreid (triestino).

Rodarla fue terrible. Todos los días se escribían nuevas escenas y diálogos, sobre la marcha. Bogart estaba furioso. Los hermanos Epstein estaban a cargo del guión pero renunciaron, y se contrató a Howard Koch, por aquel tiempo un novato que se pasó noches y noches escribiendo sin dormir. Hasta último momento no se sabía cuál sería el final (se dice que se rodaron dos finales distintos, para luego elegir; algunos aseguran que en realidad fueron tres).
Fue candidata a ocho Oscar en 1943, incluyendo Mejor Film, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actor de Reparto y Mejor Guión. Ganó en los rubros Film, Director y Guión. Bogart cayó frente a Paul Lukas. Ingrid Bergman no fue nominada porque ya lo estaba (para la misma entrega) por su labor en “Por quién doblan las campanas”.

La música pasó a la historia por mérito propio, pero estuvo a punto de quedar en el camino. El musicalizador Max Steiner objetó “Así pasan los años” (“You must remember this, kiss is still a kiss”) y estuvo a punto de eliminarlo.
Incluso Dooley Wilson (el pianista negro Sam) corrió riesgos, cuando casi se opta por algún jazzista consagrado para el papel. Wilson no sabía tocar el piano: Elliot Carpenter interpretó los temas.

Como saben muchos fanáticos de “Casablanca” la frase “Tócala de nuevo, Sam” nunca fue pronunciada. En lugar de “Play it again, Sam”, lo que Bogart-Rick le pide al pianista es “If she can stand it, it can, play it”. En el guión de la obra de teatro se despachaba con un “Play it, you dumb bastard”, pero la censura de la
época no lo permitió. La frase final “Presiento que éste es el comienzo de una gran amistad” fue añadida con posterioridad, tres meses después de finalizado el rodaje.

Se pensaba distribuir la película en 1943, pero la guerra brindó un golpe publicitario que el productor Hal B. Wallis no desaprovechó: en noviembre de 1942, tropas norteamericanas entraron en Casablanca. Con el nombre de la ciudad en los medios y la vida pública, se adelantó el estreno y finalmente llegó a las salas el 26 de noviembre de 1942, en Nueva York.

Hay una anécdota muy jugosa en torno al guión. En 1979 el periodista Chuck Ross, convencido del escaso criterio del mundo editorial, se consiguió el guión original y lo envió a 217 agencias literarias para que lo asesoren ante Hollywood. Sólo una de cada siete agencias logró reconocer que el guión que estaba ante sus ojos era el guión de “Casablanca”.

Otra anécdota desopilante le pertenece a Groucho Marx y su batalla con Warner Brothers. La productora se negaba a que los Hermanos Marx filmasen “Una noche en Casablanca”, con la excusa de que nadie podía usar el nombre “Casablanca” sin su permiso. Esto dio lugar a una famosa carta en la que, entre otras cosas, Groucho retruca: “Qué me dicen de Warner Brothers? Es de su propiedad también? Profesionalmente, nosotros éramos brothers mucho antes que ustedes”.