Las aventuras de Dios

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Eliseo Subiela insiste en Las aventuras de Dios con la alegorías y la metáfora poética surrealista. NO TE PREOCUPES . . . NUNCA NOS ALCANZARÁN

Ante todo quisiera advertirles que la mirada cinematográfica de Eliseo Subiela puede presentarse ciertamente incómoda para el espíritu de aquellos espectadores con los pies y la mente demasiado aferrados a la realidad.
Tengan en cuenta que la base del discurso de Subiela se apoya en las alegorías y la metáfora poética surrealista.

Soy consciente que para el que no está acostumbrado a esta libertad expresiva y por ende a estar dispuesto a ejercitar sus percepciones por regiones inquietantes y desconocidas de la mente, ” Las aventuras de Dios” le puede resultar un trago amargo.
Personalmente no me siento incómodo cuando una obra por su hermetismo se presenta esquiva o estimula a mil y una interpretaciones sin la garantía de que sea la correcta más allá de la íntima convicción.

Al menos en mi caso creo haber descubierto un objetivo del director: intentar y lo valoro mucho por ello, despertar el infinito universo de ideas adormecidas y bombardeadas en la cotidianeidad por discursos y perspectivas del mundo muy pobres y estupidizantes que frenan el avance de la historia y la claridad del pensamiento.

Luego de esta advertencia que la hice para que no se sientan frustrados ante mis próximos halagos del film les digo:
Subiela tiene un enorme talento para elegir actores y actrices; sus rostros son poderosos y por ello contribuyen para el resultado final del film y más si están contenidos en sus actuaciones por un director que sabe lo que quiere y este es el caso.
Además demuestra un inmenso buen gusto en la iluminación y en la elección de las locaciones de filmación. Sino fuera así resultaría imposible la construcción de atmósferas tan sugerentes , exquisitas y atemporales.
Y en este trabajo mucho tuvo que ver la inspiración que recibió desde las visiones del pintor andaluz Cristobal Toral; un artista obsesionado por el desgarramiento que produce en el alma el exilio.

Y no me refiero con ello necesariamente a los que deben atravesar las fronteras de estados nacionales sino más bien al proceso interno que viven aquellos seres que se desprenden de parte de su historia para iniciar una nueva vida.
En “Las aventuras de Dios” está muy intimamente descripto este viaje personal; esta necesidad de liberarse de una realidad gris y opresiva hacia una naturaleza más expansiva impregnada por una paleta de mil colores.
Nos habla de un hombre cansado y harto de su cotidianidad que se pregunta en su angustiante desesperación existencial y sentimiento de
culpa cristiano sobre el sentido de su vida y su frustrante realidad. Llegando a cuestionar o preguntarse si lo que vive cada día quizás no corresponda a la visión del mito Borgiano que arriesga la hipótesis de que : NUESTRA EXISTENCIA SÓLO DEPENDE DE UN SER QUE NOS SUEÑA.
Y quizás el que nos sueña sea un Dios agotado luego de su esfuerzo de creación del mundo y que inmerso en un descanso reparador y aún no despertado; nos dejó a los humanos, sus hijos predilectos en medio de su pesadilla más angustiante que nos habla de la íntima sensación de una obra inconclusa o los errores y horrores que pueden presentarse ante un mínimo descuido o imperfección en su plan general.
Pero hay un personaje atormentado que se revela en ese sueño, que se resiste a aceptar un destino planificado por otros .
Por estas sendas creo que transita el discurso de Subiela.

Armando D´Angelo
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