Ben Hur

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La historia de Judah Ben Hur, príncipe judío que se rebela contra el Imperio Romano y por ello es condenado a la esclavitud, ya había sido llevada al cine por el realizador Fred Niblo, en 1926. El protagonista fue Ramón Navarro, uno de los actores más famosos de la época muda.
Para la versión de 1959, se pensó rápidamente en Charlton Heston para el protagónico, sobre todo, por el suceso que había tenido su interpretación en “Los diez mandamientos” (dirigido por Cecil B. De Mille).

En su momento, se convirtió en la película más cara de la historia del cine, con un presupuesto de 15 millones de dólares. Llevó seis años prepararla y más de seis meses filmarla, con miles de extras y locaciones en Italia.

Las cifras son elocuentes: 300 sets de filmación, en los que los azulejos y radiantes mosaicos eran de verdad. Diez mil extras, 100.000 prendas de vestir y un millón y medio de accesorios. Toda la película fue rodada en exteriores, excepto cuatro días que se filmaron en los estudios.

Recibió 12 nominaciones al Oscar… y ganó 11. Entre ellos, Mejor Film, Mejor Actor (Charlton Heston), Mejor Director (William Wyler, su tercera estatuilla en esta categoría), Mejor Actor de Reparto (Hugh Griffith), Edición y Efectos Especiales. Sólo le quedó pendiente el de Guión Adaptado. Un récord insuperable, que debió aguardar casi cuarenta años para ser igualado, por “Titanic”, en 1997.

El guión fue adaptado de una novela de Lew Wallace, por Karl Tunberg y un grupo de guionistas entre los que sobresalían Gore Vidal y Maxwell Anderson. Según cuentan, Wallace comenzó el libro con la intención de demostrar las falsedades existentes en la historia de Jesucristo, y terminó convertido en un devoto creyente del Cristianismo.

El film fue un intento de salvar de la bancarrota a la Metro Goldwyn Mayer. No pudieron haber elegido mejor tema. En las preferencias del público -de todos los tiempos- las películas inspiradas en la Antigüedad y la época del Imperio Romano sólo son superadas, en cantidad, por las que se refieren a los años de la Segunda Guerra Mundial.

La secuencia más memorable -la legendaria carrera de carrozas- fue filmada, en su mayor parte, por Yakima Canuzza, quien formaba parte del equipo de Wyler. Esa escena es también objeto de culto para los buscadores de “perlas”: en ella, Charlton Heston deja lucir en varias tomas un reloj pulsera en su muñeca.

El mismo detalle es visible en uno de los trompetistas. Otros anacronismos tendrían que ver con un automóvil Volkswagen que se dejaría ver allá a lo lejos, y la aparición de las ruedas de un jeep, encargado de filmar a los caballos durante la competencia.

Esta escena, además, tiene la particularidad de haber sido filmada con varias cámaras a la vez, una característica inusual para aquella época. Se tardaron tres meses para filmar esos nueve minutos.

Charlton Heston y Steve Boyd conducen casi todo el tiempo los carros, casi sin necesidad de dobles. Pero Heston tenía problemas para maniobrar los caballos, y comentó su temor a Yakima Canuzza. Canuzza, quien filmaría la escena, lo tranquilizó: “Quedate en el carro, y te aseguro que ganarás la carrera”.

Junto el éxito de “Ben Hur”, la MGM recibió una desagradable noticia: se había decidido que los estudios ya no podían ser dueños de las salas de exhibición, porque representaba monopolio. Un duro golpe que la Metro tardó en asimilar.

Por Carlos Pagura