Retrato de una obsesión

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Con una excelente actuación de Robin Williams, Retrato de una obsesión se mete en el mundo de las fotografías familiares.La procesión va por dentro

Por Sebastián Montagna

El comportamiento de las personas tiene tantas aristas como individuos hay. Algunas formas de actuar son difíciles o hasta incluso imposibles de comprender, pero de algo podemos estar seguros: siempre tienen un origen, un motor propulsor, ese pequeño detalle oculto que transforma a una corriente cerebral en un acto y lo hace visible al resto de la sociedad.

A simple vista, Sy Parrish – abreviatura de Seymour, personaje interpretado por Robin Williams – posee lo que todo ser humano pudiera desear: un empleo consolidado, un auto compacto de última generación, su propio hogar y un presente sin sobresaltos, aunque un pequeño detalle le produce cierto comezón es las entrañas. Sy, ha vivido detrás del mostrador de la casa de revelado durante poco más de dos décadas y literalmente podría decirse que ha aprendido a ver el mundo real, través de las perfecciones (“Nunca nadie toma una fotografía de algo que quiera olvidar”) que su máquina reveladora – vaya paradoja divina – trae al mundo.

Así es como Seymour experimenta el mundo; así es como Sy se vincula con la familia Nina Yorkin y su hijo Jake; así es como la normalidad puede tornarse en algo no esperado. Pero hoy es un día como cualquier otro, y parafraseando a Nano Serrat: “hoy puede ser un gran día”; tal vez no tanto…

De la misma manera que la introducción, la cinta desarrolla un tema común aunque visto desde una óptica diferente. En forma completa, el filme cuenta, en palabras y según la visión del protagonista, los motivos y razones para que una persona, aparentemente común, llegue a cometer un acto del cual puede arrepentirse durante toda su vida. En forma inesperada nos demuestra que, siguiendo la huella de otros realizadores, deberemos tener un ojo bien puesto en lo que las manos de Mark Romanek nos traiga en el futuro.

¿Pero, por que destacar una película aparentemente tan pequeña?.Bueno, elementos destacables sobran, para no develar todos los secretos contaremos solamente algunos relevantes.

Utilizando, lo que en términos de pasarela sería una espléndida cintura, el novato Romanek nos brinda una obra sumamente conceptual e introspectiva, con un serio tono social y una gran carga de adrenalina cercana al thriller. Lo interesante es que a medida que el film avanza, la carga de tensión se acumula en cantidades inconmensurables, produciendo sensaciones que – personalmente – hace tiempo no se experimentan a partir de una pantalla de cine. Esas sensaciones, sóo pueden justificarse gracias al excelente – y puedo afirmarlo sin pudor – trabajo fotográfico que la producción despliega cuadro por cuadro y esto es sóo porque la mano de Jeff Cronenweth, supo repetir el excelente trabajo exhibido en El club de la pelea – David Fincher, EEUU 1999 – haciendo gala de todas sus virtudes. Pero no sóo por eso…

El director, le da la oportunidad a Williams de interpretar un personaje totalmente fuera de su registro – algo que se viene repitiendo con varios actores- y en pocas palabras, supo cosechar buenos frutos dejando, tal vez, una de las interpretaciones más memorables de su carrera. Robin para componer su papel, se distancia de Mork aunque toma algo de su particular locura, adquiere comportamientos casi autómatas cual Hombre Bicentenario pese a quitarle algo de su humanidad y pide prestado a Tom Hanks, unas pocas características del hombre naufrago. De esta manera, conjuga una representación de alta factura y que seguramente dará que hablar por mucho tiempo.

Para alguna otra producción, se ha repetido hasta el hartazgo el slogan “aprende a mirar el mundo a través de los ojos de…” En esta ocasión, el slogan también podría ser perfectamente aplicable. En forma paralela, cada personaje logra ver el mundo que quiere, no el que puede o debe y esto permite a la historia tomar giros inesperados, dejando reconocer, al espectador avanzado, notables guiños críticos hacia la sociedad industrial de masas y sin volcarse en un sentido socialista, mostrar como la notable perfección que aparentemente reina, no lo es tal.

En resumen, una excelente obra psicodramática, con alto vuelo y voltaje que fácilmente puede ubicarse dentro de las mejores cinco producciones del año. Un lujo para la cine platea.

Publicada en Leedor el 21-9-2002