Mensajero de la Oscuridad

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Una peícula que logra generar una intriga y malestar tan endiabladamente perturbante en el espectador como muy pocas cintas en el género han logrado.
La próxima semana de septiembre debería de agendarse por parte del cinéfilo vernáculo como los jueves de los dos Mark. Un acontecimiento que si bien puede pasar desapercibido por la mayoría; bien sabrá ser tenido en cuenta a fin de año a la hora del riguroso balance. Ambos realizadores provienen del campo correspondiente al clip musical donde han cosechado sendos laureles. Y en sus manos el mainstream puede digerirse principalmente por dos motivos que lo vuelven pasable y hasta aceptable: la idoneidad que ambos presentan detrás de cámara para productos comerciales saludablemente honestos. Uno, el debutante, realizando un impresionante film contemporáneo bajo el mismo tono que se hicieran aquellas películas sobre hombres solitarios y perturbados de la década del ’70 como el Travis Brickle de Robert De Niro en Taxi Driver (Martin Scorcese, 1976). Otro, encaminado por el sendero iniciado por el maestro Alfred Hitchcock, actualmente transitado exitosamente por M. Night Shymalan, al que aporta un tratamiento visual estilizado y distintivo donde su firma más que garantizar la obra de arte, asegura el entretenimiento; que según la óptica del espectador, será pecado o virtud. Este último, Mark Pellington, es un realizador a tener en cuenta durante el desarrollo de su filmografía de la que por ahora se han estrenado por estas latitudes solamente dos de sus cuatro films. Tres años atrás dejó a más de un incauto con la boca abierta con el muy buen logrado thriller Intriga en la Calle Arlington, donde Joan Cusack y Tim Robbins de buenos vecinos no tenían nada. Su tocayo Romanek, de quien se conocerá el 19 de este mes Retrato de una Obsesión, sabrá ser analizado más puntillosamente dentro de siete días por nuestro camarada Sebastián Montagna. Un consejo: a no perderse esa película con un sorprendente Robin Williams… y esas líneas a escribir por nuestro compañero de redacción.

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Pero esa, es otra historia. La que a nosotros nos ocupa en estos párrafos, está basada en supuestos acontecimientos sucedidos a finales de los sesenta en un pueblo norteamericano, donde un escritor y periodista fue testigo de una apabullante cadena de sucesos paranormales que incluían sueños proféticos y encuentros cercanos del tercer tipo. La veracidad de estos hechos, material altamente discutible, se pone a prueba en este film que traspone esos hechos a la actualidad, convirtiendo a Richard Gere en el alter ego del autor del best seller. A raíz de una desgracia que aún no cicatriza, el protagonista -un profesional decididamente escéptico- comienza a experimentar sucesos inexplicables relacionados a su reciente pérdida. Dichas señales lo llevan hasta un perdido poblado al que no sabe como ha arribado, donde el contacto con los lugareños servirá de puntapié inicial para desarrollar la investigación de lo que lo acongoja, atravesando situaciones y circunstancias repletas de una inquietante sensación de deja vu en lo que supone una escala progresiva de horrores por venir. Mensajero de la Oscuridad logra elaborar una intriga y malestar tan endiabladamente perturbante en el espectador como muy pocas cintas en el género han logrado. Jamás se ven masacres u otro tipo de laceraciones que coqueteen con el gore o algo similar a un monstruo atacando, sea este un disfraz o una recreación de la siempre a mano CGI. Y aunque su espíritu sea heredero de lo fomentado en Blair Witch, carece del efecto lúdico de aquel mentado proyecto y de la austeridad adrede del retrato del encuentro con la bruja más famosa de los últimos tiempos. The Mothman Prophecies, título original que bien supo disimular la distribuidora en una decisión que se podría catalogar como acertada, sin embargo posee un estirado tramo final y una resolución que no está a la altura de todo lo generado durante la mayor parte del metraje. Falla impuesta desde el guión que flaquea en el epílogo, en una ironía que -para creer o reventar, como con lo que allí se está contando- no reciente la mirada sobre esta sugestiva película.

Mark Pellington imprime al cóctel de leyendas que impregnan su film numerosas referencias e influencias de grandes realizadores del género. El caso concreto es el de John Carpenter. Mensajero… utiliza en sus contactos oníricos devenidos en terribles pesadillas o intolerable realidad la idea visual de La Hermandad del Sueño imaginada por el creador de Halloween en Príncipe de las Tinieblas (1989). Aunque, a decir verdad, en aquella película de Carpenter, donde Alice Cooper jugaba un rol secundario, bien pudo haber tomado el look de aquella logia de las pinturas rupestres y el mito ucraniano citados en este film, lo que sería un equivalente a dilucidar que nació primero: el huevo o la
gallina. Seria pregunta de examen en este lapsus frente al monitor. Volviendo al director de Vampiros, de este también se recicla la llegada del John Trent de Sam Neil a Hobb’s End en En la Boca del Miedo (1995) calcada en el arribo del John Klein de Gere a Point Pleasant Cabe aclarar que con estas apreciaciones no se denuncia un plagio, sino un abierto homenaje por parte de Pellington a un grande del horror, funcionando lo suyo como lo hecho por el citado Shymalan en la reciente Señales, donde hay mucho de George Romero y su Noche de los Muertos Vivos. No solo hablamos de una aggionarlización de ideas. Aseguramos la impronta de una marca registrada revisando algo efectivo pretéritamente. Es justo apuntar, para redondear esta idea, que nuestro Mark tuvo mucho que ver en el look de Bono para encarar iconos como La Mosca o El MacPhisto. Su Mothman, si bien tiene raíz milenaria, su desinencia le pertenece conceptualmente al Atchung Baby de los irlandeses.

Y ya que se mencionó la música, hay que destacar el superlativo soundtrack con Low with Tomandandy en incidentales teclados y King Black Acid logrando climas esenciales para el desarrollo donde el diseño del sonido, la edición de este y la mezcla directa del mismo a cargo de Claude Letessier, Kelly Cabral y Pud Cusack respectivamente para dar vida a la enigmática Ingrid Cold; logran tanto como las imágenes y las actuaciones verosímiles de Gere, de presencia casi eterna en cada fotograma, Laura Linney (blonda con quien el astro de Reto al Destino compartiera cartel en La Verdad Desnuda) y el siempre eficaz Will Patton de muy buena labor en secundarios de películas mediocres y olvidables como El Mensajero (Kevin Costner, 1997), Armageddon (Michael Bay, 1998) o La Emboscada (Jon Amiel, 1999); a los que deben sumarse en roles pequeños pero decisivos al inglés Alan Bates como un experto en lo oculto y a Debra Messing, la jovial actriz de la sitcom Will & Grace en una melancólica como desesperante intervención. Mensajero de la Oscuridad es solo una buena película. Nada más. Y a la vez mucho, considerando los productos lanzados en la actualidad. ¿Alguno recuerda que este año se estrenó la paupérrima El Misterio de la Libélula? ¿Cuantos la habremos sufrido Camarada Russo? Seguramente los detractores de Mensajero…, que serán muchos, en el mejor de los casos la compararán con un episodio inédito de Los Expedientes Secretos X. Lo cierto es que The Mothman Prophecies más que una puerta a lo desconocido es una entrada a un curriculum de un realizador al que quién escribe estas líneas le deja el crédito abierto de la casa. Algo que merecido se ha ganado el jugador, por el riesgo que corrió con su bienvenida apuesta. Pellington y Romanek, los dos Mark, tienen todo para revindicar a los directores cliperos. No han debutado con porquerías como las pergueñadas por MC G (Los Angeles de Charlie) o Tarsem Singh (The Cell); y ahora solo es cuestión de tiempo ver si sucumben como Adrian Lynne o Russell Mulcahy. La ruleta gira. Y usted en definitiva es quien coloca o no su ficha en esta vuelta.

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Estreno del: 12 de Septiembre de 2002.

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