La Reina de los Condenados

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Obviamente, las adaptaciones cuyas fuentes literarias son tomadas como transposiciones para la pantalla grande siempre han desencadenado una feroz pelea de fondo convirtiendo al siempre citado ¿que te gustó más? ¿el libro o la película? en una apuesta segura a favor del primero, un indiscutido vencedor por nocaut. Un hecho irrefutable que se aplica tanto a obras maestras de este arte como a los best sellers más efímeros.

personajes de culto en la literatura contemporánea, devenidos en criaturas superficiales para el celuloide.

Obviamente, las adaptaciones cuyas fuentes literarias son tomadas como transposiciones para la pantalla grande siempre han desencadenado una feroz pelea de fondo convirtiendo al siempre citado ¿que te gustó más? ¿el libro o la película? en una apuesta segura a favor del primero, un indiscutido vencedor por nocaut. Un hecho irrefutable que se aplica tanto a obras maestras de este arte como a los best sellers más efímeros. Respetar oración tras oración de una novela implica para un realizador la aprobación del fanático de esas líneas a un costo equivalente a la negación de su visión y relectura como director. Un claro ejemplo de esto es Chris Columbus y su correcto Harry Potter & La Piedra Filosofal (2001). Si no se corre un riesgo -como el que tomó Peter Jackson en la superlativa El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (2001)- el film no es más que una sucesión monótona de hechos que además de ser conocidos por el lector devenido en espectador, en definitiva ha sido innecesaria. O en el mejor de los casos, un gancho, una introducción, a un universo que espera por ser descubierto para engrosar entre sus filas a otro fiel seguidor, o en su defecto, generar un nuevo detractor.

Después de Entrevista con el Vampiro (Neil Jordan, 1994), la primera adaptación del primer volumen de las Crónicas de Vampiros firmadas por Anne Rice, llega este paupérrimo film en el que se resumen a grueso modo los otros dos libros restantes de la trilogía compuesta por Lestat el Vampiro y La Reina de los Condenados. Y si bien aquella superproducción, que catapultara como star a un excelente Brad Pitt como contrafigura de un poco creíble Tom Cruise, no estaba a la altura de las expectativas generadas ante una obra declarada de culto, el largometraje que nos ocupa en estos párrafos no le llega ni a los talones a esa cinta donde la otrora niña Kirsten Dunst sacaba chapa de actriz en su rol como la inolvidable Claudia. Ya no hay estrellas famosas en el reparto -aquella, además de los citados, en personajes secundarios contaba con Antonio Banderas y Christian Slater- ni un artesano como el responsable de El Juego de las Lágrimas detrás de cámaras. La película de Michael Rymer -con breves intervenciones de actores europeos con carreras decadentes en la mal llamada meca del cine como Vincent Perez y Lena Olin- ni siquiera esta a la altura de ese recurso siempre efectivo que es convertir un film basado en un libro en una experiencia que podría ser traducida en el celuloide a la manera de esos populares ensayos de tapas amarillas cuyos subtítulos abrevan: …para principiantes.

En La Reina de los Condenados, se omite la marcada homosexualidad de los protagonistas de las páginas escritas por Rice en lo que sería un evidente ejemplo de la mojigata y pronunciada moral del Hollywood actual que lo hace parecer más de cromagnon que de costumbre: una industria que no desea tener entre la audiencia a un público que huya despavorido como paso con ciertos sectores francamente arcaicos que se escandalizaron con las miradas e insinuaciones de los vampiros que interpretaban Pitt, Cruise y Banderas en la película del director de En Compañía de Lobos. Toda una ironía teniendo en cuenta los tiempos que corren, muchos más propicios para una nueva aparición de Lestat, ese conde devenido en irónica e hipnótica criatura de la noche, de una pronunciada ambigüedad sexual que no supo transmitir el astro de Misión: Imposible y que mucho menos logra plasmar este reemplazante que es Stuart Townsend, virtual desconocido para estas latitudes. Lestat emerge después de un ostracismo voluntario de un siglo -esquivando a otro personaje tan rico como el melancólico y angustiado Lois, vampiro del que en este trabajo no se tienen noticias- para encontrarse con una banda de garage que le servirá de vehículo para lo que siempre ha añorado: el reconocimiento mundial de un planeta y una especie inferior -la de los humanos- que desea poner a sus pies. Y a través de la música, y gracias a un establecimiento de agenda en la que la mismísima MTV tiene mucho que ver debido a su constante rotación y exposición de nuevos artistas, Lestat se convierte en un ícono que despierta una fiebre como la beatlemanía -obviamente, no tan naif- eclipsando a zares del género como los mismísimos Ozzy Osbourne y Marilyn Manson.

Esta breve como superlativa introducción donde una estética dark y andrógina imperante junto a omnipresentes medios masivos de comunicación que lo observan todo, unen fuerzas para corporizar un anzuelo tentador para los más inexpertos en convenios con la oscuridad cómplice de una sala cinematográfica; dura lo que un agónico suspiro para los espectadores más avanzados que sabrán sufrir lo que se viene cuando Lestat devele su identidad como vampiro convocando a un aquelarre de estos seres a un recital que va a dar en un lugar denominado El Valle de la Muerte. Poco original, ¿no? El ahora rock-star ha quebrando la principal ley de los de su especie al informarle a los incrédulos mortales de su existencia y de acuerdo a su dogma el precio que debe pagar por semejante atrevimiento es el del final de su eternidad. Condena que solo podrá evitar Akasha (la cantante Aaliyah, en el que sería su trabajo postrero), la madre de todos los de colmillos largos, que despierta de su cripta sepultada bajo el hielo Ártico seducida por los delirios de grandeza de uno de sus legendarios hijos, delirios a los que se piensa sumar. Todo lo enunciado en las oraciones anteriores cuidadosamente retratado en una oscuridad casi protagonista por el director de fotografía Ian Baker en un trabajo idóneo, cuyos puntos más altos los comparte con Rymer en esa visión tan pronunciada como clipera para marcar la comunión de dos especies diferentes en lo cotidiano. Esto último, además del soundtrack supervisado por Jonathan Davis, voz líder de Korn, y algunos fx destacables como los siempre oportunistas golpes de efecto solo sirven para escapar de la más baja calificación, aunque es justo destacar que a La Reina de Los Condenados -una película con personajes de una profundidad notable en la literatura contemporánea que solo han sido criaturas superficiales para este pedazo de celuloide- mucho le ha faltado como para acceder a los tres logos del Leedor.

Leo A. Oyola
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Estreno del: 20 de Junio de 2002.