I love you… Torito

0
6

Uno. La idea, a primera vista, resulta pretenciosa. Intentar analogar la historia político-social argentina de las primeras décadas del siglo XX, con el ascenso y frustrada consagración mundial del Torito de Mataderos -primer gran ídolo del boxeo y el deporte argentino-, fusionado por un particular tratamiento de imagen ligado a las artes plásticas, y un relato encaminado por sainetes porteños, no deja de ser un proyecto aventuradamente ambicioso
Un sainete histórico

Uno. La idea, a primera vista, resulta pretenciosa. Intentar analogar la historia político-social argentina de las primeras décadas del siglo XX, con el ascenso y frustrada consagración mundial del Torito de Mataderos -primer gran ídolo del boxeo y el deporte argentino-, fusionado por un particular tratamiento de imagen ligado a las artes plásticas, y un relato encaminado por sainetes porteños, no deja de ser un proyecto aventuradamente ambicioso.

Dos. Edmund Valladares toma el guante. Y rápidamente la pretenciosidad se vuelve evidente.

Tres. El atractivo del comienzo de película, con el relato de la pintoresca historia de Justo Suárez -el Torito de Mataderos-, se desdibuja y pierde interés a medida que los minutos transcurren. Idealizado -como todo ídolo en plan de mito- desde su condición de humilde matarife, generoso y trabajador, el Torito es retratado desde documentos fotográficos y recreaciones no muy logradas, y ensalzado por la voz en off de un Víctor Laplace siempre exagerado (hasta cuando no se observan sus gesticulaciones).

Cuatro. Simultáneamente, como flashes, el intento de un relato histórico de la Argentina que, a principios de siglo, se vislumbraba potencia mundial. Utilizando, como punto de intersección con la vida pugilística de Suárez, el matadero, símbolo de un país que tenía en la explotación agro-ganadera su única fuente de riquezas (de toritos, vaquitas y trigo no íbamos a vivir por siempre, no?) Pero la mirada es estereotipada. Una vez más la “novela” del granero del mundo, de las incipientes masas populares yrigoyenistas coartadas por el golpe militar del 30, y la intervención extranjera como causa de todos nuestros males. Se podrá coincidir ideológicamente con este intento de análisis, pero es la forma simplista -por acumulación de hechos interconectados causalmente- con la que se relata, lo que vuelve a la mirada propuesta, estereotipada, y así, acrítica. Son como retazos de La república perdida, coloreados -literalmente- y empalmados por sainetes, que en forma de sátira, hacen de la misma historia un cocoliche vodevilesco.

Cinco. Y es desde este género popular de aquellos años -el sainete- desde donde la película se narra. Desde su estética farsesca, exagerada, expresionista. Y es en este punto donde I love you… Torito evidencia una empalagosa, saturada pretenciosidad. Una “Nueva Figuración” que no encuentra motivaciones, razones, justificaciones en la historia que se intenta narrar.

Seis. El espejismo de una Argentina floreciente y con ansias de glamour y distinción, acompañando los deseos de gloria del ídolo de las nacientes masas populares, que ven, en el Torito, al redentor de sus penurias y el referente de un (todavía posible) ascenso social. Golpe militar de 1930, comienzo de década infame y debacle del argentinian dream, ligado a la impensable derrota de Suárez en Nueva York. Dos sueños destrozados. Dos caminos analogables. Dos historias que desarrollar. Demasiada pretenciosidad estética. Demasiada marca de autor.

Sebastián Russo

Estrena 27-06-02