John Q

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Uno. Alcoyana-Alcoyana, en algo coinciden los Estados Unidos con Argentina. En ambos países, el que no tiene dinero debe dejar su salud a las buenas de algún dios que ande por ahí. Con un Estado reducido, y por ello mucho más eficiente, la atención médica queda en manos de algunos que vieron redituable el business sanitario.
working-class hero remastered

Uno. Alcoyana-Alcoyana, en algo coinciden los Estados Unidos con Argentina. En ambos países, el que no tiene dinero debe dejar su salud a las buenas de algún dios que ande por ahí. Con un Estado reducido, y por ello mucho más eficiente, la atención médica queda en manos de algunos que vieron redituable el business sanitario. Así, la solidaridad intervecinal, y el acertar con algún programa de tv necesitado de raiting, parecen ser las únicas salidas para quien debe realizarse una operación costosa. Parece difícil encontrar razones para ligarse socialmente en un Estado que no provee de asistencia para la manutención en vida de los individuos que lo componen. Pero así son las cosas. Todos tienen las mismas posibilidades, solo que hay algunos que supieron competir mejor que otros. El nuevo Estado liberal, si algo provee, es libertad. Solo que hay que saber ganársela. Just do it.

Dos. John Q (nombre de batalla de John Archibald -nombre de ficción de Denzel Washington) es un obrero norteamericano. Amante del baseball, de la cerveza, y de las camionetas, tanto como de su esposa y en especial de su hijito -fiel retrato de él, pero fanático del físico culturismo (alguien debía serlo, no?). Todo marcha bien en su típica vida de working-class yanqui, hasta que su niñito sufre un ataque cardíaco en plena corrida post bateo. Desesperado lo lleva en su camioneta al hospital más cercano (como bien se aconseja en estos casos) Luego de unos estudios, descubren que deben realizarle un trasplante de corazón de forma urgente. La operación es costosísima, pero él está tranquilo, tiene cobertura médica. Bueno, eso es lo que creía. En realidad cobertura tiene, pero como suele pasar en estos (todos) los casos, no cubre la intervención quirúrgica que se debe realizar. Allí comienza un calvario poblado de trámites interminables, vecinos que ayudan, y hasta idas a la tv, en busca de alguien que se apiade, ya que evidentemente John ha sido uno de los que no ha sabido competir mejor que otros, teniendo todas las libertades a su disposición. Rules are rules.

Tres. Hasta aquí John Q -la película- se presenta como un drama realista y crítico de cierto estado de las cosas. Pero deviene el show, los fx, la espectacularidad hollywoodense. Como si los problemas reales, cotidianos, no tuvieran el interés suficiente para atraer al espectador medio, la historia toma un rumbo imposible. John toma el hospital. Si, y solo. Me propongo obviar cualquier otro comentario sobre la ridiculez de este giro narrativo. Toma el hospital para que operen a su hijo, así de simple. Un previo llamado de su descentrada y exacerbada mujer que le exige “Haz algo”, lleva al ahora John Q a hacer algo, cerrar el hospital para él y su muchachito. A partir de este insostenible vuelco, comienzan a desfilar personajes que intenta salvar el descalabro propuesto. Así, Robert Duvall, Ray Liotta, James Woods, y Anne Heche, con su sola presencia
(no hacen más que eso, aparecer) logran darle algo de sustento interpretativo, a la revirada decisión de su amigo Denzel. Al mejor (y varias veces revisitado) estilo Duro de Matar, se acercan al hospital tomado, los medios de comunicación, la policía, y cientos de curiosos. Lo que sigue es una larga (ridícula, aburrida) negociación entre John y un Robert Duvall, que como policía a cargo de la situación, se lo ve desganado y desinteresado (y con razón) del film del que forma parte.

Cuatro. Efectista, exagerada, increíble (no creíble), John Q deja entrever, además de sus falencias narrativas, el costado más conservador y moralista de la sociedad norteamericana. Dice Denzel Washington en una entrevista, «Si lo pensamos, lo que hace John por salvar a su hijo es muy heroico, pero está mal, y John debe y tiene que pagar por lo que ha hecho. Pero él está dispuesto a sacrificarlo todo por salvar a su hijo». El working- class hero ha violado la ley, por lo que debe ir preso, pero lo ha hecho por una causa justa, lo que lo hace sentirse orgulloso de su actitud, saludando alegre desde dentro del patrullero. Respeta la reglamentación de su país, y salvo a su niñito, incluso, hasta su acción puede llegar a modificar algo en cuanto a atención médica a pobres se refiere. Algo, habrá que ver. Un abarrotamiento de correcciones políticas que cansa, ya cansa.

Cinco. Quería finalizar con algunas de las máximas que John alcanza a darle a su hijito, instantes previos a un ridículo intento de inmolación. “No fumes”. “Las mujeres son princesas, tratalas como se merecen”. “Gana dinero, no seas un estúpido idealista como tu padre”. “Cuando digas que harás algo, hazlo” (juro que cité literalmente)

Sebastián Russo

Estrena el 27 de junio