Año Mariano

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Bien narrada e Hiperquinética farsa española, entretenida y burlona. Sean buenos dijo la virgen

Uno. “La mujer africana, es una mujer de otro continente”, dice Mariano, con tono de prédica, y los que lo rodean asienten e intentan asimilar la frase, como si se tratara de una cita bíblica. Mariano es el elegido. Ha visto llorar a la Virgen, y ésta le ha hablado. Lo que lo convierte en un guía espiritual. Al menos esto es lo que intentan hacer creer la monja del pueblo, un buscavidas que pasaba por ahí, y el mismo Mariano, que hasta la ‘aparcición’ creía que su vida no valía más que un litro de vino, a un poblado que necesitaba, como todo poblado, creer en algo, más no sea en un grupete de delirantes megalómanos.

Dos. “Sean buenos”, es el único mensaje que la Virgen dio a través de su elegido. En todo caso, es lo único que a Mariano se le ocurre decir cuando le consultan sobre los dichos viginales. Pero nadie deja de conmoverse ante tales esclarecedoras palabras. “Sean buenos”, dice que dijo, y el poblado se arrodilla, y deja caer sus billetes. Y se monta el santuario, y a su lado un puesto de comidas, y otro de souvenires, y otro de artesanías. Y alguien se encarga de la publcidad, y otro de los sermones de Mariano. La operación de marketing queda desplegada, solo resta arreglar con la policía, los medios de comunicación, y con la Iglesia local. Hasta el Vaticano ayudará, siempre preocupado por lo que a la gente le importa, procurando investigar la veracidad del ‘milagro’ lacrimoso.

Tres. Pélicula ecléctica, de estética kitsch, algo bizarra, Año Mariano es una especie de road movie a la gallega, repleta de personajes autóctonos y pintorescos costumbrismos. Empieza y termina en la ruta al son de un ‘Born to be wild’, que potencia el cocoliche engendrado. Efectiva, y coherente, a pesar de un derrotero díficil de contener en sus cabales, es una pelicula divertida, que hasta se permite satirizar y criticar, desde las estructuras de poder eclesiásticas y policiales, hasta la problemática inmigratoria y su aprovechamiento económico por parte de cristianos empresarios. Sostenida con buenas actuaciones, hasta Karlos Arguiñano luce bien, como un idealista propietario de una plantación de marihuana – que será central a la hora de las alucinaciones, de esas, de ver estatuas llorar-.

Cuatro. Mariano, era un vendedor de baratijas que iba de pueblo en pueblo, como de bar en bar. Una tardecita tomó más de la cuenta (que cuenta esa, díficil de calcular), y manejando rápido y ebrio, no le podía pasar otra cosa que irse de la ruta y terminar en medio de aquella plantación de Arguiñano (¿acaso nunca les pasó?) Para colmo, en ese momento, en otro lado de esa plantación, un grupete de obedientes policías iniciaban la quema de tan pervertidor cultivo. Mariano, que había quedado desmayado por el accidente, terminó inhalando (y gratuitamente) todo el humo del cannabis incinerado, elevándose hasta la estratósfera menemista, lo que no es poco decir. En ese estado (de superma exaltación) lo encuentra una pequeña procesión Virgen en hombros. Cagada de paloma en los ojos mediante, la Virgen
parece llorar, con Mariano apenas sosteniéndose en pie debajo. Así empieza su camino a la canonización. Elevación alucinógena, parangonada a la elevación espiritual cristiana, interesante analogía.

Cinco. Hiperquinética farsa española, entretenida y burlona. Bien narrada, a pesar de caer en su interés hacia el final. Tiene un notable parecido con la argentina El Descanso, en su estructura narrativa, en su humor franco pero no menos sutil, y en la solidez lograda. Claro que padre de Palomino, con esa verba rídiculamente excelsa, hay uno solo.

Sebastian Russo