40 días y 40 noches

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Una película livianita que no oculta su intención de serlo, 40 días y 40 noches además está bien filmada, con planos precisos, bonitas escenas, humor no del todo banal y golpes de música efectivos. Cuarenta condones y una sola flor

Por Sebastián Russo

Uno. Se podría considerar oficio, el hacer de una idea boba e insustentable, una película divertida y sólida. Algo de esto pasa en la ultima película de Michael Lehmann (La verdad sobre perros y gatos) Un argumento, un elenco, una estética, visitados y revisitados por cuanto director y productor deseosos de rápidos billetes, de la mano de Lehmann y de Working Title (productora que en su haber tiene a Fargo, Nothing Hill y El diario de Bridget Jones, entre otras) se vuelve una obra cuanto menos atractiva. No poco logro, si uno se deja guiar por el póster presentación, y lo ve a un tal Josh Hartnett, que dicen hizo suspirar a más de una en ( la super-absurda-producción) Pearl Harbor, sentado de forma relajada, tocándose el pelito y rodeado de delineadas piernas femeninas. Se pensará en Hugh Grant, y en sus desventuras descremadas (si se pusiera a filmar su vida sería algo más divertido), o en el ahora obsesivo y militarizado de Mel Gibson, que podía escuchar lo que las mujeres pensaban, pero se ve que mucho no lo afectó, o sí (patriota!). Pero la película que protagoniza Hartnett (que leí por ahí, ya pide un descanso. Este muchacho no sabe lo que es laburar, que se venga unos días a la Dársena Sur de estibador, y solito dejará el surmenage para más adelante), que tampoco es una obra espléndida, magnífica y divertidísima, logra con las bondades de un sólido relato y un aceitado elenco, pasos de comedia y encanto, que permiten dejar fluir el adolescente medio boludo que todos llevamos dentro.

Dos. La historia es algo así: a Matt (Hartnett) lo deja su novia, Erica. Evidentemente el muchacho estaba muy enamorado (requete, diría yo) y la separación lo afecta, y más de lo que su amigote querría (todas las noches su co-equiper tiene una modelo distinta con la cual acostarse, y siempre son dos, las modelos, por lo que necesito la mano, y algo más, del despechado de Matt) Pero este, Matt, a pesar de hacer el esfuerzo, y acostarse noche tras noche con toda la casa de veraneo de Dotto en Punta del Este, se siente triste, la extraña (a Erica), y para colmo, en lo mejor de las revolcadas, ve abrirse una grieta en su techo, sí, una grieta, que claro, le dificulta dejar conforme a las Dotto models. Traumado por la situación, recurre a su hermano, un seminarista algo dubitativo en cuanto a mantener los votos de castidad, el cual no le ofrece directamente ninguna ayuda, pero posibilita que Matt tome la decisión de hacer cuarentena sexual. Sí, cuarenta días sin sexo, para limpiar su cabeza, es decir, su mente, sin revolcadas agrietadas. Pero claro, están sus amigotes, que no le harán sencillo el cumplir tal absurda promesa. Y hasta se arma, a sus espaldas, un negocio de apuestas vía Internet en el que se juegan billetes al día en el que Matt claudicará. Así, se le ofrecen las muchachitas más hot que se pueden imaginar, incitando a Matt, que intentará cumplir su promesa, pero que día a día se encuentra más desesperado, hasta el punto de caminar en sus últimos momentos de cuarentena, con su pene erecto hasta en el almacén (y particularmente en el almacén).

Tres. Pero aparece el amor en escena y todos decimos ahhhhh. Y es que conoce a una chica (bellísima y con aires a Dolores Fonzi, sí, bellísima) con la que tiene una relación casi inmaculada, que lo inquieta y seduce más que las conejitas calientes en ligas (sí, hasta ellas se le ofrecen y Matt, recto y obstinado como poste de luz, dice: no) La conoce en una lavandería, y empiezan a verse, pero sin nada de roce carnal. Viajan en colectivo, caminan con puestas de sol detrás, toman heladitos, y todas esas cosillas romanticonas y empalagosonas. Pero sexo no. Ni besitos, nada. Solo una flor los une, la cual, llega a lograr, sí la flor, provocarle a ella un orgasmo (no me pregunten cómo, ni dónde, ni por qué, así fue)

Cuatro. Es interesante el papel del hermano de Matt. Un seminarista que, como ya dije, tiene inconvenientes en mantener su abstinencia sexual, y que hasta parece estar obsesionado con el tema, ese, de lo sexual. No es menor el guiño, en momentos en que la iglesia norteamericana
está siendo bombardeada por denuncias hacia sacerdotes por abusos sexuales. Una sutil referencia, pero no por sutil menos provocativa.

Cinco. Chicos y chicas cool, despreocupados, o lo que es lo mismo, obsesionados por el sexo, empleados de empresas punto com, y con vento. Una combinación perfecta para conformar películas livianitas, y no es que 40 días y 40 noches no lo sea, digo, livianita, lo es, pero no oculta su intención de serlo, y porque además está bien filmada, con planos precisos, bonitas escenas, humor no del todo banal y golpes de música efectivos. Lo que la hace un entretenimiento que cumple su objetivo, sin mayores pretensiones, y coherente es su intencionalidad.

Publicado en Leedor el 14-06-02